El aumento al salario mínimo en México necesita revisarse con mayor cuidado, porque si las remuneraciones crecen de manera continua, pero la productividad del trabajo no avanza al mismo ritmo, el resultado puede terminar por afectar a los propios trabajadores, incluso con más informalidad.

“Recomendamos cuidado con el salario mínimo hacia adelante”, afirmó David Kaplan, especialista de la División de Mercados Laborales y Seguridad Social del Banco Interamericano de Desarrollo (BID), en la presentación del libro “Hacer que los mercados laborales funcionen”, organizada por Acción Ciudadana Frente a la Pobreza.

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Kaplan explicó que México ha tenido uno de los mayores incrementos reales del salario mínimo en América Latina y el Caribe en los últimos años, algo que ha permitido recuperar poder adquisitivo. Sin embargo, consideró que ya existen señales que ameritan atención.

Para 2026, el salario mínimo se ubica ligeramente por encima de la mediana salarial del país, con una relación de 1.01. Además, la remuneración mínima en México ya está cerca del promedio de América Latina y el Caribe, situación que, según el especialista, justifica mayor cautela en los próximos incrementos.

El problema está en que los salarios y la productividad no han avanzado al mismo ritmo. Entre 2000 y 2024, el Producto Interno Bruto (PIB) por trabajador en México cayó 2.8%, mientras el ingreso laboral promedio aumentó 18.3% en términos reales.

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“Seguir aumentando el salario mínimo puede promover la informalidad”, advirtió Kaplan, quien reconoció que establecer el nivel adecuado no es sencillo, pero consideró necesario reconocer que existe un límite.

Rebasar los límites al mínimo puede terminar por generar efectos negativos sobre el empleo, en la medida que el salario mínimo encarece el precio de la fuerza de trabajo y aumenta los costos de producción de las empresas.

El salario no es la única herramienta

El especialista del BID aclaró que esto no significa frenar la política laboral. El salario mínimo puede ayudar a mejorar las condiciones de los trabajadores, pero no es el único mecanismo disponible.

Entre las alternativas, David Kaplan mencionó la negociación colectiva —a través de sindicatos y contratos colectivos de trabajo— y una mayor competencia entre empresas por atraer trabajadores.

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En opinión del experto, cuando existen empresas productivas que compiten por el talento, aumenta la participación de los trabajadores en la riqueza que genera la economía.

Kaplan destacó que América Latina enfrenta un fuerte rezago en productividad: un trabajador de la región produce, en promedio, apenas una cuarta parte de lo que genera un trabajador en Estados Unidos.

Por lo anterior, consideró que mejorar las condiciones laborales y elevar la productividad deben avanzar de la mano, en lugar de tratarse como objetivos opuestos.

GC