El peso mexicano cerró la semana con una depreciación de 0.47%, equivalente a 7.9 centavos, por lo que el tipo de cambio interbancario concluyó en 16.9705 unidades por dólar, de acuerdo con cifras del Banco de México (Banxico).

La moneda mexicana moderó sus pérdidas durante la jornada del viernes, cuando registró una apreciación de 0.17%, equivalente a 2.9 centavos.

Banco BASE explicó que la caída semanal del peso se debió principalmente al fortalecimiento de las expectativas de que la Reserva Federal (Fed) subirá su tasa de interés tan pronto como el próximo 16 de septiembre, después de que los datos de inflación al productor y al consumidor de Estados Unidos confirmaron la persistencia de presiones inflacionarias.

La inflación al productor registró una tasa mensual de 0.40% durante agosto, mientras que el dato correspondiente a julio fue revisado al alza, de -0.03% a 0.07%.

En su comparación anual, la inflación al productor se aceleró de 4.84% en julio a 5.44% en agosto, ligeramente por encima de la expectativa del mercado de 5.40%.

El avance mensual estuvo impulsado por el componente de energía, que presentó una inflación de 4.16%, después de acumular dos meses consecutivos de caídas. A tasa anual, los energéticos alcanzaron una inflación de 24.38%, frente al 19.39% registrado en julio, su mayor nivel desde mayo.

Por su parte, la inflación al consumidor de Estados Unidos se ubicó en 0.40% mensual durante agosto, en línea con lo previsto por el mercado, mientras que a tasa anual aumentó de 3.36% en julio a 3.40%.

Tras conocerse estos datos, la probabilidad de que la Fed eleve su tasa de interés la próxima semana aumentó de 72.5% a 90%, aunque terminó la semana en 87%.

En México, los mercados también conocieron el Paquete Económico 2027 presentado por la Secretaría de Hacienda. Banco BASE señaló que su principal problemática es que no plantea un cambio en el rumbo de las finanzas públicas.

La institución consideró que el marco macroeconómico es más prudente que en años anteriores, debido a que el punto medio del rango previsto para el crecimiento coincide con el pronóstico del Banco de México y la revisión al alza de la tasa de interés reconoce un ciclo de recortes más corto. Sin embargo, identificó dos supuestos favorables dentro de las estimaciones oficiales.

El primero es que el límite superior del rango de crecimiento, situado en 2.5%, supera cualquier referencia externa y los ingresos se calculan con base en todo el intervalo. El segundo corresponde al tipo de cambio, cuyo supuesto se mantiene por encima de la cotización actual de la divisa y sostiene la proyección de ingresos petroleros.

Sobre estos cálculos, Hacienda prevé una recuperación de la recaudación que, según Banco BASE, todavía no está respaldada por la evidencia de 2026. La principal medida fiscal consiste en establecer un tope general a las deducciones del impuesto corporativo, el cual incide sobre la base gravable y no sobre la tasa.

El ejercicio de sensibilidad elaborado por la institución muestra que una combinación de desviaciones moderadas en el crecimiento, el precio del petróleo, el tipo de cambio y la tasa de interés reduciría los ingresos en 150.2 mil millones de pesos y elevaría el déficit amplio de 3.9% a 4.3% del Producto Interno Bruto (PIB), por encima del nivel estimado para 2026.

Frente a ese posible faltante, los fondos de estabilización recibirían 6.0 mil millones de pesos, cantidad equivalente a solamente 4.0% de los recursos que dejarían de ingresar.

Banco BASE agregó que tampoco se observa una corrección por el lado del gasto. Antes de que comience la discusión presupuestaria, el gasto comprometido en pensiones contributivas y no contributivas, costo financiero de la deuda y programas sociales asciende a 4 billones 441 mil 38.6 millones de pesos, equivalentes a 70.9% de la recaudación tributaria y a 41.7% del gasto neto.

La consolidación planteada en el Presupuesto de Egresos de la Federación (PEF) 2027 hacia 2032 no modifica esa rigidez, pues de la reducción de 1.2 puntos del PIB en el gasto neto, 1.1 puntos provienen de la inversión física, que disminuiría de 2.6% del PIB en 2027 a 1.5% en 2032, muy por debajo del rango de 4% a 6% recomendado por otros organismos.

Para detener el crecimiento de la razón de deuda, el superávit primario tendría que ubicarse en 0.9% del PIB, pero el paquete contempla 0.1%, lo que representa una diferencia cercana a 316 mil millones de pesos anuales.

Bajo estas estimaciones, el saldo histórico de los requerimientos financieros aumentaría de 54.0% del PIB en 2026 a 55.0% en 2027 y 56.5% en 2032, incluso si se cumplen por completo los supuestos oficiales.

La deuda bruta se mantendría en 58.6% del PIB únicamente mientras se utilizan los activos financieros, que pasarían de 3.7 a 1.3 puntos del producto durante el mismo periodo. Si esos recursos se conservaran y la economía creciera 1.0% en 2027 y 2028, la deuda bruta superaría el umbral de 60% del PIB en 2028.

“Considerando lo anterior, es alta la probabilidad de que las agencias calificadoras hagan recortes adicionales de la calificación de la deuda soberana de México y que el país pierda su grado de inversión antes de que concluya el sexenio en turno”, alertó Banco BASE.

ja