El 46% de las empresas familiares en México enfrenta algún grado de riesgo de no sobrevivir a mediano plazo, mientras que 21% presenta un nivel alto de riesgo, debido a la acumulación de malas prácticas que podrían comprometer su continuidad si no se corrigen.

Lo anterior fue proyectado por el estudio Nivel de progreso de las empresas familiares para lograr su continuidad y armonía. Reporte 2025, elaborado por el Centro de Investigación para Familias de Empresarios (CIFEM) de IPADE Business School. En su séptima edición de la investigación reúne las respuestas de 276 miembros de empresas familiares.

Del total, 72% son pequeñas y medianas empresas, con una participación de 36% para cada categoría. El resto corresponde a empresas grandes, que representan 16% de la muestra, en la que predominan las organizaciones del sector servicios.

Los resultados muestran que solo 4% de las empresas participantes presenta un nivel adecuado de progreso para garantizar su continuidad, mientras que 50% mantiene asuntos pendientes por resolver. De este último grupo, 30% está cerca de entrar en una zona de riesgo y 7% podría avanzar hacia una situación favorable.

Uno de los principales desafíos identificados por el CIFEM-IPADE es la sucesión generacional. El estudio señala que 49% de las familias participantes está en riesgo de complicar la supervivencia de sus empresas debido a que no ha definido los tiempos y procesos para una transición ordenada. Otro 43% todavía tiene asuntos importantes que resolver en esta materia.

La distribución generacional de las empresas participantes refleja este reto: 68% se encuentra en la primera generación, 23% en la segunda y apenas 9% ha llegado a la tercera o posteriores (por debajo de la referencia mundial de 11%).

A este panorama se suma la concentración de responsabilidades: 32% de los líderes tiene más de 60 años, aproximadamente 98% pertenece a la familia propietaria y cerca de 70% desempeña simultáneamente funciones relacionadas con la familia, la propiedad, el gobierno y la gestión.

En este contexto, la institucionalización figura entre los principales pendientes. Solo 7% considera que se encuentra en orden en este ámbito, mientras que 64% requiere acciones inmediatas y 29% presenta áreas de oportunidad.

“Institucionalizar una empresa familiar significa darle vida propia. Esto es, que su conducción no dependa de una o pocas personas, sino de órganos de gobierno que permitan asegurar la continuidad del proyecto empresarial. Los resultados muestran que este es uno de los principales temas pendientes para las familias participantes“, explicó Ricardo Aparicio Castillo, director del CIFEM de IPADE.

La profesionalización también representa un desafío, pues 60% de las organizaciones no está en orden en este aspecto, particularmente en lo relacionado con la incorporación, permanencia y salida de familiares que trabajan en el negocio.

Los problemas también se reflejan en la dinámica familiar: solo 7% de las familias aborda oportunamente sus conflictos, mientras que 33% pospone su resolución y 60% enfrenta una situación de peligro potencial.

Pese a estos pendientes, los resultados económicos reportados muestran avances en los últimos tres años: 70% registró crecimiento en ventas y 65% reportó un incremento patrimonial. Sin embargo, 42% no reparte dividendos y únicamente 29% señaló que estos aumentaron.

En cuanto a la unidad y armonía familiar, 37% percibió mejoras, mientras que 24% reportó un deterioro.

Ante estos resultados, el CIFEM-IPADE destaca la importancia de fortalecer la armonía y la unidad familiar, así como formalizar los órganos de gobierno empresariales y familiares mediante estructuras y procedimientos que permitan dar continuidad a los negocios a través de las generaciones.

ER