México posee diversos esfuerzos para impulsar los pagos digitales, pero muchos avanzan de forma aislada. El reto ahora es articular esas iniciativas para acelerar su adopción entre la población, reducir el uso de efectivo y construir mayor confianza en las operaciones electrónicas.

Romina Benvenuti, directora de Asuntos Públicos, Regulatorios y Jurídicos de Nu México, planteó que una estrategia coordinada entre autoridades, bancos, empresas de tecnología financiera o fintech y comercios permitirá obtener mejores resultados y ampliar el uso de medios de pago digitales.

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En su participación en el “5º Congreso de Educación Financiera “La nueva inteligencia del dinero”, organizado por la Asociación de Bancos de México (ABM), la ejecutiva destacó que la confianza debe ser uno de los pilares de esta transformación, debido a que las operaciones digitales involucran directamente el dinero y los ahorros de los mexicanos.

Benvenuti consideró necesario que las instituciones financieras garanticen a los usuarios que sus recursos estarán protegidos, al tiempo que desarrollen servicios más sencillos de utilizar. Bancos, empresas fintech y Sociedades Financieras Populares (Sofipos) tienen la responsabilidad de hacer que las herramientas financieras sean más intuitivas y fáciles de usar, dijo la experta.

El reto: tecnología que nadie quede fuera

La expansión digital también plantea una pregunta: cómo evitar que las nuevas herramientas profundicen la brecha entre quienes ya tienen conocimientos financieros y quienes apenas dominan conceptos básicos.

Benvenuti dijo que la respuesta está en la manera en que se diseñan los productos. No basta con crear una aplicación; es necesario que las soluciones sean claras, sencillas e intuitivas para cualquier usuario, sin importar su nivel de educación financiera o el lugar donde viva.

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Esto implica también traducir a un lenguaje cotidiano las disposiciones y conceptos técnicos que están detrás de los productos financieros. Una persona que vive en una comunidad alejada debe entender las condiciones de un servicio con la misma facilidad que un usuario de una ciudad.

La directiva reconoció que diseñar productos simples puede parecer fácil, pero implica un proceso complejo, sobre todo por la regulación que deben cumplir las instituciones.

De esta manera, el desafío consiste en trasladar esas reglas a experiencias que el usuario pueda comprender sin necesidad de convertirse en un experto financiero.

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La digitalización de los servicios financieros no debería partir de la idea de que todos los clientes tienen conocimientos avanzados. Al contrario, las herramientas deben diseñarse para acompañar al usuario y facilitarle decisiones financieras más informadas, consideró Benvenuti,

La coordinación entre autoridades, instituciones financieras y comercios, concluyó, será clave para que el avance de los pagos digitales no se limite a una mayor disponibilidad tecnológica, sino que se traduzca en confianza, inclusión y mejores hábitos financieros.

GC