La digitalización de la economía es una prioridad de la política pública en materia de inclusión financiera, pero para que las estrategias de educación financiera tengan el alcance necesario se requiere la coordinación entre el gobierno, el sector bancario y las entidades regulatorias, afirmó María del Carmen Bonilla, subsecretaria de Hacienda y Crédito Público.

Durante el panel “Alianza público-privada para la educación financiera”, realizado en el 5to Congreso de Educación Financiera, organizado por la Asociación de Bancos de México (ABM), la funcionaria destacó que la política pública contempla una estrategia para digitalizar la economía lo más rápido posible, debido a que las herramientas digitales pueden facilitar el acceso a los servicios financieros.

“El tema digital favorece a que haya menos costos de fricción, las transacciones se hacen mucho más rápido, los modelos son mucho más sencillos y pueden estar al alcance de toda la población sin importar si vives en una ciudad o vives en un pequeño municipio y eso al final del día democratiza el acceso al sistema financiero”, señaló.

Bonilla destacó que uno de los aprendizajes de estos esfuerzos es la importancia de alcanzar la escala necesaria para que las estrategias lleguen a la población y, en este sentido, resaltó la importancia de las alianzas público-privadas y de la participación de los distintos sectores involucrados en la educación y la inclusión financiera.

“Muchas estrategias son muy buenas, las ideas son muy buenas, pero si no alcanzamos la escala que se requiere, pues es muy difícil que permee en la población”, afirmó.

La subsecretaria señaló que la coordinación entre las instituciones debe ser complementaria. Aunque cada entidad tenga tareas específicas, consideró necesario que los planes de trabajo estén alineados con objetivos de largo plazo, de manera que los avances puedan sostenerse con el tiempo.

A esta coordinación sumó la necesidad de medir los resultados de las estrategias de inclusión y educación financiera, como una condición para conocer dónde se encuentra el país y hacia dónde deben dirigirse los esfuerzos.

“El primero es medir, si no medimos es muy difícil saber en dónde estamos y hacia dónde nos queremos mover”, dijo.

Bonilla también destacó que las herramientas digitales deben acompañarse de nuevos métodos de aprendizaje y una comunicación sencilla, con el objetivo de que la educación financiera pueda incorporarse a las decisiones que las personas toman cotidianamente.

“Muchas veces estamos aislados de los números, de las matemáticas, porque se ve como algo muy árido, pero al final del día, todo el tiempo estamos haciendo cuentas”, comentó.

Desde comprar un café o utilizar el transporte hasta decidir si se ahorra para adquirir algún producto, señaló, las personas están tomando decisiones relacionadas con sus finanzas, por lo que el reto es construir un puente entre esos conocimientos y la vida diaria.

“Y eso es el puente que tenemos que construir ahora de la mano de toda esta oferta de métodos, nuevos métodos de aprendizaje, en donde obviamente todas las entidades educativas nos van a ayudar mucho”, expuso.

La funcionaria también planteó la necesidad de diferenciar las finanzas personales de las relacionadas con una pequeña empresa o un pequeño comercio, debido a que estos negocios requieren productos financieros que respondan a sus necesidades.

Al respecto, señaló que el desarrollo de pequeñas empresas forma parte de las condiciones que se necesitan para que el país pueda crecer de manera sostenida.

Educación financiera y bienestar

Al referirse al impacto que tendría una mayor educación financiera en las familias y en la economía, Bonilla señaló que el primer efecto estaría relacionado con el bienestar de las personas.

Entre las decisiones que consideró relevantes mencionó llevar un presupuesto, comparar productos, administrar el ahorro y el endeudamiento, contar con ahorros para emergencias y planear el retiro.

“El hecho de que una persona logre llevar su propio presupuesto, compare productos, eso es bien relevante”, sostuvo.

La funcionaria planteó que estos conocimientos deben traducirse en decisiones, de modo que las personas puedan elegir mejor los productos y servicios que necesitan.

“El conocimiento es una condición. La decisión es el cambio que estamos buscando”, afirmó.

Bonilla agregó que, una vez que las necesidades financieras personales estén cubiertas, el objetivo es que las personas puedan pasar del estrés financiero a una situación que les permita ser más productivas e innovadoras.

En este proceso vinculó la educación financiera con la inteligencia artificial y la digitalización, al considerar que los cambios tecnológicos pueden abrir espacios para nuevos modelos de negocio.

“Estamos en un momento en donde muy probablemente las carreras que se están estudiando van a cambiar, y que eso va a abrir espacios para generar nuevas industrias y nuevas formas de ganar dinero”, señaló.

Cabe mencionar que la subsecretaria considera que esto representa una oportunidad para las nuevas generaciones, que pueden contribuir a construir un país más resiliente, próspero y productivo.

Finalmente, Bonilla reiteró el compromiso del Gobierno de México con la implementación de la Política Nacional de Inclusión Financiera y la estrategia de educación financiera, además de pedir apoyo para avanzar en los programas de digitalización de la economía.

“En ustedes, que son las nuevas generaciones, está en las manos de poder cambiar algunas cosas que nos permitan generar una adopción más rápida y pues que se nos facilite la vida a todos”, concluyó.

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