Organizaciones de los sectores agrícola y cárnico de Estados Unidos, a las que se han sumado representantes del gobierno y del sector privado de Canadá, así como organismos empresariales y agroalimentarios de México, pidieron que la revisión del T-MEC se enfoque en una renovación por un nuevo periodo de 16 años, evitando que se convierta en un instrumento de confrontación política o electoral, de acuerdo con un comunicado difundido por el Grupo Consultor de Mercados Agrícolas (GCMA).

En dicho comunicado, que retoma un estudio de la Universidad Purdue, se advierte que cualquier debilitamiento del acuerdo o la imposición de nuevas barreras comerciales tendría efectos inflacionarios directos sobre los alimentos y el costo de vida de las familias en Norteamérica.

De acuerdo con el análisis, la integración comercial impulsada por el TLCAN y consolidada con el T-MEC ha contribuido a reducir los precios de los alimentos para los consumidores de los tres países. De hecho, estima que un escenario sin T-MEC elevaría entre 12 y 13 puntos el índice de precios de los alimentos, en contraste con la reducción acumulada de 22 puntos que atribuye a la integración regional.

Asimismo, señala que los hogares perderían ahorros anuales estimados entre 500 y 700 dólares y enfrentarían mayores presiones inflacionarias y costos logísticos.

“La integración comercial ha permitido contener la inflación alimentaria y mejorar el bienestar de los consumidores. En consecuencia, debilitar el T-MEC terminaría trasladando mayores costos directamente a los hogares de México, Estados Unidos y Canadá”, señala el estudio citado por GCMA.

Las conclusiones coinciden con la postura de la Coalition for USMCA Trade (Coalición de Productores Agrícolas para el T-MEC), integrada por empresas como Driscoll’s, Taylor Farms, Mission Produce, NatureSweet y Nature Fresh Farms.

Dicha organización sostuvo que el acuerdo comercial “permite garantizar el suministro continuo de frutas y hortalizas frescas para los consumidores estadounidenses durante los 365 días del año, gracias a una cadena de suministro altamente integrada entre los tres países”.

En ese sentido, advierte que cualquier intento por imponer aranceles, restricciones estacionales o nuevas barreras comerciales afectaría directamente el acceso de los consumidores a productos frescos y elevaría los precios en supermercados y centros de distribución de Estados Unidos. Por ello, considera que la revisión del tratado debe fortalecer los mecanismos de libre comercio y solución de controversias para mantener una oferta estable de productos altamente perecederos durante todo el año.

En el sector de las proteínas, el Meat Institute (North American Meat Institute) destacó la relevancia del mercado mexicano para la industria cárnica estadounidense.

La organización afirmó que “México es el principal mercado de exportación para la carne de cerdo y la carne de ave de Estados Unidos, además de representar uno de los destinos más importantes para la carne de res estadounidense”.

El organismo también recordó que la industria aporta 57,300 millones de dólares en valor agregado y más de 584 mil empleos directos. Asimismo, destacó que las exportaciones estadounidenses de carne y aves de corral superaron los 23 mil millones de dólares, de los cuales aproximadamente 8 mil millones correspondieron a Canadá y México.

Asimismo, destacó que las exportaciones a México y Canadá aportaron alrededor de 28 dólares adicionales por cada cerdo comercializado, además de una contribución relevante al valor por cabeza de ganado bovino, lo que, según la organización, demuestra los beneficios del acuerdo para productores, empacadores y ganaderos estadounidenses.

En ese contexto, advirtió que una renegociación que debilite el acuerdo podría afectar la competitividad de Estados Unidos frente a Brasil, la Unión Europea y China, además de encarecer los alimentos para los consumidores norteamericanos.

El comunicado también sostiene que las economías de Norteamérica mantienen una relación complementaria. Acentúa que México abastece a Estados Unidos con frutas, hortalizas, aguacate, tomate, berries, ganado en pie y carne bovina, mientras que Estados Unidos y Canadá suministran a México maíz, trigo, soya, canola, carne de res, carne de cerdo, pollo, leche, lácteos e insumos esenciales para la producción pecuaria y agroindustrial.

Según el posicionamiento, esta integración ha permitido construir una región que concentra aproximadamente el 32% del PIB mundial y alberga a más de 512 millones de personas, además de consolidar uno de los sistemas agroalimentarios más eficientes y resilientes del planeta.

Finalmente, los representantes de los sectores productivos de los tres países señalaron que la discusión sobre el futuro del T-MEC no puede limitarse a cálculos políticos de corto plazo. Advirtieron que convertir la revisión del acuerdo en una disputa política pondría en riesgo la estabilidad de precios, la inversión y la seguridad alimentaria de los tres países.

“Con los alimentos no se juega”, afirmaron, al reiterar que la seguridad alimentaria de Norteamérica exige fortalecer el T-MEC, ampliar su vigencia por 16 años y preservar las cadenas de suministro que han permitido mantener alimentos disponibles, accesibles y competitivos para productores y consumidores de México, Estados Unidos y Canadá.