México incrementó sus importaciones de maíz en los primeros cinco meses de 2026, al adquirir 10.24 millones de toneladas, cifra 8.5% superior a las 9.44 millones de toneladas compradas en el mismo periodo del año anterior.
Con este volumen, el país se mantiene como el mayor importador mundial de maíz, pese a que es centro de origen del cultivo y uno de sus principales productores.
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El crecimiento de las compras al exterior refleja la incapacidad de la producción nacional para cubrir una demanda que continúa en aumento, impulsada por el consumo pecuario, la industria alimentaria y diversos procesos de transformación, refirió un reporte del Grupo Consultor de Mercados Agrícolas (GCMA).
El organismo explicó que la mayor parte de las importaciones corresponde al maíz amarillo, utilizado como insumo para la alimentación animal, la fabricación de almidones, cereales y otros productos industriales. Sin embargo, también aumenta la entrada de maíz blanco, grano que constituye la base de la alimentación de millones de mexicanos.
Producción estancada y consumo al alza
El análisis advierte que la dependencia del maíz importado no responde a un fenómeno temporal. Desde 2016, la producción nacional muestra un comportamiento de estancamiento e incluso de retroceso, mientras el consumo mantiene una trayectoria ascendente.
Entre los factores que han limitado la competitividad del campo mexicano destacan las sequías recurrentes y otros fenómenos climáticos extremos, el incremento sostenido de los costos de producción, la volatilidad de los mercados internacionales y la apreciación del peso frente al dólar, situación que reduce los ingresos de los agricultores por cada tonelada comercializada.
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A esto se suman las deficiencias en infraestructura agrícola, riego y almacenamiento, así como las escasas posibilidades para adoptar tecnologías modernas, agricultura de precisión y materiales genéticos de mayor rendimiento.
El reporte también advierte que uno de los principales problemas consiste en la falta de certidumbre para los productores, quienes enfrentan dificultades para garantizar la rentabilidad de sus cosechas debido a la ausencia de mecanismos suficientes de comercialización, coberturas de precios e instrumentos que les permitan competir en condiciones similares frente al maíz importado.
Faltan políticas para recuperar la productividad
GCMA considera que revertir la creciente dependencia externa requiere una estrategia de largo plazo enfocada en elevar la productividad del campo mexicano.
Entre las medidas planteadas figuran el impulso a variedades e híbridos de alto rendimiento, la adquisición de tecnología agrícola moderna, la mecanización del campo, el fortalecimiento de la infraestructura de riego, almacenamiento y logística, así como la conservación de tierras agrícolas de alta calidad.
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El organismo también propone programas de apoyo a la producción y comercialización para productores de todos los tamaños, además de políticas que contribuyan a estabilizar los costos de fertilizantes, semillas, energía y otros insumos estratégicos.
El reporte concluye que la seguridad alimentaria de México enfrenta un desafío cada vez mayor. Si la producción nacional no recupera competitividad y no se aplican políticas públicas que impulsen el rendimiento del campo, el país mantendrá su dependencia del maíz importado para abastecer uno de los alimentos esenciales de la dieta de la población.
GC





