México exporta más de 10,000 millones de dólares (mdd) anuales en equipos de aire acondicionado, calefacción y refrigeración industrial y comercial, lo que lo coloca entre los tres principales proveedores mundiales de estos productos.
Sin embargo, esta rama industrial enfrenta un obstáculo para aprovechar el crecimiento del mercado: opera al 93.6% de su capacidad instalada, un nivel que reduce el margen para responder a una mayor demanda sin invertir en nuevas líneas de producción.
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La industria tiene motivos para atraer nuevos capitales. Entre enero y julio de 2026, el valor de producción de la rama de fabricación de equipo de aire acondicionado, calefacción y refrigeración industrial y comercial aumentó 40.3%, al pasar de 5,434 millones de pesos (mdp) a 7,623 mdp, según un reporte de Mundi, empresa de tecnología financiera especializada en financiamiento para el comercio internacional.
El documento estima que la industria del aire acondicionado, refrigeración, ventilación y calefacción alcanzará un valor de 183,000 mdp en 2026, equivalente a alrededor de 0.57% del Producto Interno Bruto (PIB).
Además, se proyecta un crecimiento anual sostenido de 7%, con posibilidades de alcanzar tasas de más de 10% hacia 2030.
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El mercado estadounidense es clave para mantener esa expansión. De los más de 10,000 mdd que México exporta anualmente en estos equipos, alrededor de 7,520 mdd tienen como destino Estados Unidos.
A esto se suma que 55.5 centavos de cada peso exportado corresponden a valor agregado nacional, entre materiales, mano de obra especializada y procesos productivos.
El proceso de relocalización de empresas o “nearshoring” y la expansión de los centros de datos abren nuevas oportunidades para los fabricantes mexicanos, pues ambos fenómenos elevan la necesidad de sistemas de climatización y refrigeración.
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El problema es que ampliar la producción requiere inversiones justo cuando las empresas deben financiar materiales, energía y salarios antes de recibir el pago de sus clientes.
Esta presión es particularmente importante para las pequeñas y medianas empresas (pyme), que necesitan liquidez para aumentar sus instalaciones, incorporar maquinaria o abrir nuevas líneas sin frenar sus operaciones.
Según Mundi, la producción del sector puede ser hasta 73% superior en mayo que en diciembre, una variación que obliga a cubrir compromisos incluso en los meses de menor flujo de efectivo.
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El desafío para la industria mexicana ya no consiste únicamente en conseguir pedidos del exterior. También necesita recursos para producir a tiempo y responder a una demanda creciente.
Si el “nearshoring” mantiene su impulso, disponer de financiamiento oportuno podría marcar la diferencia entre aprovechar nuevos contratos o quedarse sin capacidad para atenderlos.
GC





