La reforma que reducirá de 48 a 40 horas semanales la jornada laboral en México comenzará a aplicarse el próximo año, en medio de la incertidumbre del sector privado sobre el impacto económico que tendrá la medida en sus costos de operación.
Si bien el próximo año la jornada laboral bajará a 46 horas y luego dos horas adicionales por año hasta llegar a la meta de 40 horas en 2030 —sin disminuir salarios ni prestaciones—, se prevé que los costos laborales pueden aumentar 20% por hora hacia 2030, consideró Oxford Economics, a través de un análisis.
La reforma también establece límites para las horas extra, ya que se permitirán hasta cuatro horas adicionales por jornada y máximo tres veces a la semana.
Menos horas, pero mayor costo por trabajador
El aumento de los costos de 20% por hora es un cálculo preliminar, ya que supone que se mantendrán constantes los salarios y el tipo de cambio, de manera que si cambian estos factores, la tasa de crecimiento será mayor.
Sin embargo, Oxford Economics considera que en el caso de los trabajadores manufactureros formales, el salario promedio pasará de un equivalente de 5.20 dólares por hora, con una compensación total de 10.40 dólares, a una tarifa que podría llegar a 6.20 dólares por hora por efecto de la reducción de la jornada.
El impacto será más complejo en fábricas que trabajan 24 horas, los siete días de la semana. Una operación de 168 horas requiere actualmente unas 3.5 jornadas de 48 horas; con semanas de 40 horas serían necesarias alrededor de 4.2 jornadas.
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De esta manera, las empresas tendrán que elegir entre contratar personal, reorganizar turnos, recurrir a horas extra o acelerar la automatización.
Cubrir las ocho horas semanales restantes con horas extra obligatorias pagadas al doble elevaría los costos hasta 16.7% adicionales, según el análisis. Por eso, la reforma puede reducir el incentivo para crear nuevos puestos formales, congelar plantillas o acelerar decisiones de automatización.
Servicios, ¿los más afectados?
El problema puede ser mayor para restaurantes, hoteles, comercio, transporte y servicios personales, actividades que dependen de la presencia física de trabajadores y tienen menos posibilidades de elevar la productividad mediante maquinaria o economías de escala. El aumento de costos podría trasladarse a los precios y añadir presión a la inflación de los servicios.
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Oxford Economics considera que la productividad será uno de los factores decisivos. México ha tenido jornadas laborales extensas sin conseguir con ello un crecimiento proporcional de la producción: casi 30% de los trabajadores labora más de 50 horas semanales y el país mantiene una de las jornadas promedio más largas entre los integrantes de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE).
Más automatización y más capacitación del recurso humano
La salida pasa por invertir en automatización y capacitación, mejorar la organización de la producción, profesionalizar la gestión y reducir el tiempo improductivo, que algunas estimaciones ubican hasta en 40% de las horas trabajadas.
Los fabricantes exportadores con mayor productividad podrían adaptarse mediante tecnología y reorganización, pero las pequeñas empresas y los servicios con baja productividad tendrán menos margen.
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En estos casos aparece otro riesgo: la informalidad. Más de la mitad del empleo en México todavía se encuentra fuera de la formalidad y algunas empresas podrían recurrir a esquemas informales para contener el aumento de sus costos.
Así, el éxito de la jornada de 40 horas no dependerá solo de reducir el tiempo de trabajo. Para que la reforma no termine por afectar la contratación formal, los precios o la productividad, empresas y gobierno tendrán que acompañar el cambio con inversión, capacitación, tecnología y mejores prácticas laborales.
GC





