A pesar de que el ingreso de remesas familiares a México registró una contracción de 3.6% en agosto, al captar 5,452 millones de dólares (mdd) —un resultado que puso fin a una racha de seis meses consecutivos con incrementos—, los hogares beneficiados con estos flujos han logrado elevar su calidad de vida a través del equipamiento del hogar y la adquisición de bienes duraderos como electrodomésticos y vehículos de transporte.

Un análisis de BBVA Research explica que, si bien se anticipa una dinámica débil e incluso con números negativos para los meses de septiembre, octubre y noviembre, la reciente depreciación del peso frente al dólar estadounidense podría actuar como un amortiguador coyuntural para dar un impulso al valor de las remesas en moneda nacional.

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El estudio del grupo financiero destaca que, con base en los datos de la Encuesta Intercensal 2025 del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI), la cifra total de viviendas que reciben divisas del exterior alcanzó 1.88 millones de hogares.

La cifra representa el volumen más alto en los últimos 25 años, tras un incremento de casi 113,000 familias respecto a 2020. No obstante, al comparar este grupo con el universo total de viviendas en el país, su participación relativa pasó de 5.1% a 4.7% entre 2020 y 2025, debido a que los hogares no receptores crecieron a un ritmo más acelerado.

Entorno rural y brecha de infraestructura

El reporte de BBVA Research detalla que el 59.5% de los hogares receptores de dinero del extranjero se ubica en zonas rurales (42.0% en localidades con menos de 2,500 habitantes) y semi-rurales (17.5% en comunidades de 2,500 a 14,999 habitantes).

Esta concentración geográfica explica por qué la infraestructura física de sus viviendas presenta una mayor frecuencia de materiales tradicionales o de menor costo en comparación con las familias que no disponen de este soporte económico.

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Por ejemplo, el 7.9% de las viviendas que reciben remesas familiares conserva muros edificados con adobe, frente a 2.9% en el resto de los hogares. En cuanto a las techumbres, 18.8% emplea lámina metálica o de asbesto contra 14.6% registrado en las viviendas sin remesas.

Asimismo, 52.6% dispone de pisos de cemento o firme y únicamente 45.3% posee recubrimientos como madera o mosaico, mientras que en las casas sin divisas la proporción con acabados de mayor precio alcanza 53.8%.

Una particularidad relevante radica en la estructura familiar: 50.8% de los hogares receptores de remesas tiene a una mujer como jefa de familia, una proporción marcadamente superior al 34.9% que se observa en los hogares que no dependen de recursos provenientes del extranjero.

Mayor patrimonio en bienes duraderos

A pesar de que casi seis de cada 10 familias con remesas habitan en áreas rurales —donde las carencias comunitarias suelen ser más acentuadas—, los recursos enviados por los connacionales impulsan el poder de compra para adquirir bienes duraderos.

Los datos procesados por el área de investigación económica muestran ventajas concretas en el equipamiento del hogar.

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  • Refrigeradores: 93.8% de los hogares con remesas posee este electrodoméstico, frente 91.7% de las viviendas sin esos ingresos.
  • Lavadoras: la cobertura alcanza 81.0% en las familias receptoras, superando 79.0% del grupo de comparación.
  • Motocicletas o motonetas: 24.6% de estas viviendas cuenta con un vehículo de este tipo, cifra que contrasta de manera significativa con 19.6% reportado por los hogares que no perciben transferencias internacionales.

Esta diferencia confirma que las divisas enviadas desde el exterior operan como un motor para mejorar la vida cotidiana de las familias en México, facilitando la capitalización del ingreso en bienes patrimoniales esenciales para el día a día.