En las últimas tres semanas, el mercado mexicano ha operado con una mezcla poco cómoda para los financieros: inflación que deja de ceder con claridad, un Banco de México más cauteloso y un entorno externo que volvió a castigar el apetito por riesgo. El resultado se vio tanto en el tipo de cambio como en el mercado accionario, que se ajustaron de manera abrupta cuando la narrativa global giró hacia un “flight to quality”.
Recientemente los mercados accionarios presentan caídas generalizadas, mientras que los precios del petróleo, gas y derivados incrementaron sustancialmente. La incertidumbre respecto al tiempo que se mantenga el conflicto bélico en Medio Oriente, y la posible escalada a otros países, aunado al ataque a bases petroleras, ha generado preocupación y la necesidad de que países productores liberen reservas para contener los precios, no obstante, empieza a manejarse un posible escenario de estanflación global. Por ahora, las aerolíneas y empresas de transporte son las más afectadas pues tendrán que incrementar los precios, pero una segunda derivada, el incremento en precios de los fertilizantes podría tener un impacto mayor en los precios de los alimentos.
El principal catalizador local fue la decisión de política monetaria de Banxico, que mantuvo la tasa objetivo en 7.00%, pero más importante aún, reconoció que la inflación tardará más en converger a la meta, moviendo su horizonte hacia 2027. El mensaje para mesas de dinero y tesorerías es claro: el ciclo de relajamiento no será lineal, y el “carry” seguirá dependiendo de que el peso no se deteriore en episodios de aversión al riesgo.
Este giro de tono se sustenta en datos: la inflación anual en México se aceleró en febrero y la subyacente permaneció claramente por arriba del objetivo. En términos de portafolio, esto suele ampliar la dispersión: favorece emisoras defensivas, penaliza valuaciones exigentes y obliga a recalibrar modelos de descuento, especialmente en sectores con sensibilidad a tasas.
Algo similar estará sucediendo a nivel global, elevando la prima de riesgo, el dólar alcanzó su nivel más alto desde enero, los bonos presentan ventas importantes, las principales acciones de Asia y Europa retroceden significativamente, al tiempo que se vislumbra a Europa como la región más afectada ante el choque energético. Por ahora, el mercado descuenta alzas en las tasas de interés tanto por parte del BCE como del Banco de Inglaterra para contener la inflación.
Por otra parte, la agenda comercial de Estados Unidos inyecta mayor ruido con la entrada en vigor de un arancel global que, si bien México esquiva en gran parte por el T-MEC (aplicaría principalmente a mercancías fuera de reglas de origen), mantiene la incertidumbre en cadenas de suministro justo cuando el tratado se encamina a revisión. Para el inversionista accionario, el problema no es solo el arancel efectivo, sino la volatilidad en expectativas de inversión, exportaciones y márgenes industriales.
El entorno de mayor aversión al riesgo global derivado de los episodios geopolíticos y búsqueda de refugio fortalecieron al dólar y presionaron monedas emergentes. El peso lo resintió (alcanzando recientemente niveles de $18.0 después de alcanzar niveles cercanos a $17.0) y, con ello, también la valoración de activos locales vía flujos.
El contexto actual ha modificado la narrativa local, pasando de un “soft landing” a un “riesgo de desaceleración” con tasas de interés más altas por más tiempo. En episodios así, la correlación entre salidas de flujos, depreciación y venta de renta variable suele intensificarse.
A nivel sectorial, la sensibilidad no es uniforme. Exportadoras pueden amortiguar parte del golpe por efecto cambiario, pero enfrentan el riesgo de demanda externa y ruido arancelario. Consumo y servicios se vuelven más dependientes de que la inflación no erosione el poder adquisitivo, mientras que el sector financiero mira el margen por tasas, pero también la calidad de las carteras si la actividad pierde tracción.
Para CFOs, tesorerías y gerentes, la pregunta no es si habrá volatilidad, sino cómo gestionarla. Lo que viene, en conclusión: posible desaceleración global, mayor inflación, incremento en tasas, caída en mercados accionarios y debilidad en monedas de mercados emergentes.
Por Carlos Alberto González Tabares
Director de Análisis Económico Cambiario y Bursátil de Grupo Financiero Monex
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