El consumo de gasolina y diésel en México depende de la economía, el tamaño del país y la forma en que se mueven las personas y las mercancías. Estos combustibles no cumplen la misma función. La gasolina se utiliza principalmente en autos y vehículos ligeros, mientras que el diésel mueve camiones, maquinaria agrícola, equipos de construcción y buena parte de la industria. Conocer quién los consume ayuda a entender por qué no es fácil dejar de utilizarlos. El cambio no depende solo de nuevas tecnologías, sino también de las condiciones sociales, económicas y regionales del país.

México consume 138,318,947 litros de gasolina al día, equivalentes a 870,000 barriles diarios. La mayor parte se utiliza en vehículos privados. Los autos particulares representan 72.14% del consumo, es decir, 99,782,325 litros diarios. En otras palabras, casi tres de cada cuatro litros de gasolina se utilizan en autos particulares. Esto muestra que muchas ciudades dependen del automóvil: son extensas, el transporte público no llega a todas las zonas y millones de personas necesitan un coche para trabajar, estudiar o realizar sus actividades diarias. Cambiar rápidamente a autos eléctricos es difícil porque depende del dinero disponible de cada persona, de la existencia de cargadores y de que haya modelos eléctricos a precios accesibles.

Las motocicletas consumen 8.96% de la gasolina, equivalentes a 12,386,771 litros diarios. Su uso ha crecido con rapidez durante la última década porque cuestan menos, son fáciles de adquirir y sirven para reparto, mensajería y traslados económicos. Aunque consumen menos que los autos, su crecimiento es mayor. Por ello, su demanda de gasolina seguirá aumentando si no se impulsa el uso de motocicletas eléctricas. Este cambio es más sencillo que en los autos, pero también requiere cargadores y opciones de financiamiento accesibles.

El transporte comercial ligero consume 8.95%, también 12,386,771 litros diarios, casi lo mismo que las motocicletas. Aquí se incluyen vehículos de reparto, pequeñas flotillas, servicios locales y unidades que transportan mercancías en recorridos cortos. Son importantes para la economía de las ciudades y regiones. Su cambio a modelos eléctricos podría avanzar con apoyos fiscales, cargadores en centros de distribución y vehículos con suficiente batería para cubrir las rutas diarias. Sin embargo, muchas de estas unidades pertenecen a pequeñas empresas o trabajadores independientes que no siempre pueden pagar una tecnología nueva.

Los servicios urbanos consumen 4.48%, equivalentes a 6,193,386 litros diarios. Aquí se incluyen patrullas, vehículos municipales, unidades de mantenimiento y otros servicios locales. Aunque su consumo es menor, trabajan todos los días. Por ello, podrían ser de los primeros en utilizar vehículos eléctricos mediante compras públicas, siempre que existan presupuesto y reglas claras.

El gobierno y la seguridad pública consumen 2.49%, es decir, 3,440,770 litros diarios. Sus vehículos se utilizan de manera intensa. Sin embargo, estas instituciones pueden cambiar a tecnologías más limpias si fijan metas para renovar sus flotillas y destinan presupuesto durante varios años.

La agricultura ligera y la industria y los comercios consumen cada una 1.49%, equivalentes a 2,064,462 litros diarios por sector. Aunque su participación es pequeña, son actividades esenciales que necesitan vehículos ligeros para trabajar todos los días. Es posible electrificarlos, pero se requieren cargadores en zonas rurales y vehículos preparados para condiciones de trabajo específicas.

En resumen, la gasolina está muy ligada a la vida diaria en las ciudades. Para reducir su consumo se necesita mejorar el transporte público, acercar las viviendas y los servicios, utilizar más vehículos eléctricos y cambiar algunos hábitos de traslado. No es solo un desafío tecnológico; también exige una nueva forma de planear las ciudades y de movernos.

El consumo de diésel es muy diferente. México utiliza 71,544,283 litros al día, equivalentes a 450,000 barriles diarios. Este combustible se concentra en actividades que producen y transportan lo que el país necesita. El principal consumidor es el transporte de carga, formado por camiones y tractocamiones, con 60.21% del consumo, es decir, 43,076,401 litros diarios. Estos vehículos llevan alimentos, materiales, insumos y productos a ciudades, fábricas y comercios. Cambiarlos por unidades eléctricas es posible, pero se necesitan cargadores muy potentes, baterías para largas distancias, más modelos disponibles y precios competitivos. Muchas rutas de carga en México superan los 300 kilómetros, por lo que sustituir el diésel será difícil sin una red nacional de cargadores de alta capacidad.

Los autobuses urbanos y foráneos consumen 11.52%, equivalentes a 8,240,703 litros diarios. Son esenciales para los viajes dentro de las ciudades y entre distintas regiones. Los autobuses urbanos ya pueden funcionar con electricidad y algunas ciudades han comenzado a utilizarlos. El cambio es más difícil en los autobuses foráneos porque recorren distancias mayores. Aun así, este sector es importante: un autobús eléctrico puede transportar a muchas personas y ayudar a reducir el uso de decenas de autos particulares.

Los ferrocarriles consumen 2.62%, equivalentes a 1,872,887 litros diarios. La marina mercante y la pesca consumen la misma cantidad: 1,872,887 litros diarios. Los trenes pueden utilizar electricidad, pero electrificar las vías exige inversiones muy grandes. En barcos y embarcaciones pesqueras, el cambio es todavía más difícil porque necesitan mucha potencia, gran capacidad para recorrer largas distancias y modelos adecuados que aún son escasos.

La agricultura consume 7.33%, es decir, 5,244,083 litros diarios. Tractores, cosechadoras y otras máquinas del campo utilizan diésel porque necesitan fuerza, resistencia y capacidad para trabajar en lugares sin electricidad. Para sustituirlo se requieren baterías resistentes, cargadores en zonas rurales y maquinaria eléctrica especializada que todavía no se vende de forma amplia. Además, muchos productores del campo tienen poco acceso a financiamiento para comprar nuevas tecnologías.

La construcción consume 5.76%, equivalentes a 4,120,351 litros diarios. Excavadoras, retroexcavadoras, cargadores y otras máquinas pesadas utilizan diésel por la fuerza y resistencia que ofrece. Existen opciones eléctricas, pero todavía son costosas y hay pocos modelos disponibles. Además, en las obras los equipos trabajan durante muchas horas, lo que dificulta detenerlos para recargar sus baterías.

La industria y la manufactura consumen 4.71%, equivalentes a 3,371,197 litros diarios. La minería consume 3.66%, es decir, 2,622,942 litros diarios. Ambos sectores utilizan diésel en maquinaria, transporte interno y equipos de trabajo. Algunos procesos industriales pueden utilizar electricidad, pero las máquinas pesadas y los vehículos que trabajan dentro de las instalaciones necesitan tecnologías que todavía están en desarrollo.

Por último, la generación eléctrica de respaldo consume 1.57%, equivalentes a 1,123,732 litros diarios. Aquí se incluyen plantas de emergencia de hospitales, edificios y servicios que no pueden quedarse sin electricidad. Para reducir este consumo se necesitan baterías de respaldo, sistemas que combinen distintas fuentes de energía y redes eléctricas más estables.

En resumen, el diésel mueve gran parte de la producción y el transporte de mercancías del país. Para reducir su uso será necesario cambiar maquinaria pesada, mejorar la infraestructura, desarrollar equipos eléctricos más potentes y construir cargadores especiales. No es solo un desafío tecnológico; también requiere industria, inversión y planeación.

La transición energética también debe medirse por su impacto en el bolsillo y en la competitividad del país. Si el cambio se limita a sustituir vehículos sin mejorar el transporte público, la planeación urbana y la logística, México conservará los mismos problemas con una tecnología distinta. Además, una transición desordenada puede elevar costos para familias, productores y pequeñas empresas. Por eso, las decisiones deben priorizar eficiencia, acceso, infraestructura y resultados medibles, evitando promesas que no consideren la realidad económica nacional.

Dejar de utilizar gasolina y diésel implica varios retos. Primero, México necesita miles de cargadores en ciudades, carreteras, empresas y zonas rurales. Segundo, los vehículos eléctricos todavía cuestan más que los de gasolina o diésel, lo que afecta sobre todo a familias con menores ingresos y pequeñas empresas. Tercero, muchos vehículos recorren largas distancias y necesitan baterías con mayor duración. Cuarto, todavía hay pocas opciones eléctricas para el campo, la construcción, la minería y el transporte pesado. Quinto, mientras el transporte público no sea suficiente, muchas personas seguirán dependiendo del automóvil. Sexto, la red eléctrica deberá producir y llevar más energía para cargar millones de vehículos. Séptimo, cambiar la costumbre de utilizar el automóvil tomará tiempo. Octavo, se necesitan apoyos, reglas, financiamiento y metas claras por parte del gobierno.

México consume gasolina y diésel porque sus ciudades, carreteras, actividades económicas y formas de transporte se desarrollaron alrededor de estos combustibles. Reducir su uso es posible, pero exige cambios profundos en la tecnología, la infraestructura y las decisiones públicas. No será rápido ni sencillo, pero es necesario para mejorar la calidad del aire, reducir las emisiones y modernizar el transporte de personas y mercancías.

Autor: Ramses Pech – Grupo Caraiva – Grupo Pech Arquitectos