El indicador oportuno de la actividad económica (IOAE) anticipa que en el tercer trimestre el PIB de México creció 0.99% trimestral y 3.08% anual. Aunque esto es positivo, conviene analizar a qué se debió el aceleramiento de la actividad económica.

La inversión fija bruta y el sector externo han sido los principales motores de crecimiento para la economía mexicana en este año. Sin embargo, no todos sus componentes muestran un desempeño positivo. La inversión fija bruta hila hasta julio 4 meses de recuperación a tasa anual, impulsada por la construcción y la compra de maquinaria y equipo importado. No obstante, la inversión en maquinaria y equipo de origen nacional acumula 20 meses consecutivos de caídas anuales y se ubica 4.77% por debajo de su máximo histórico alcanzado en febrero del 2024. De lo positivo puede destacar que empiezan a destrabarse proyectos de energía, que aumentarán la capacidad de generación dentro de algunos años y pueden quitar parte del freno estructural que tiene la economía mexicana por la falta de infraestructura en energía eléctrica.

Por su parte, el crecimiento de las exportaciones ha estado concentrado en el equipo de cómputo y otros electrónicos, ante la fuerte demanda desde Estados Unidos por el auge de la inteligencia artificial. Sin embargo, su impacto real sobre el crecimiento económico sigue siendo acotado, pues este sector tiene poco valor generado en México y una elevada dependencia de insumos importados desde Asia. Por lo anterior, el dinamismo de las exportaciones no se ha traducido en fuerte creación de empleo ni ha generado una oleada de nueva inversión extranjera directa.

De hecho, el mercado laboral se ha deteriorado. En el acumulado del año hasta septiembre, se registra la pérdida neta de más de 400 mil empleos de acuerdo a los datos de INEGI que abarcan todo el universo del mercado laboral. Cabe recordar que no se registraba pérdida de empleo desde el 2020, cuando la economía estaba afectada por la pandemia. Con el deterioro del mercado laboral, se ha frenado al consumo que, de acuerdo con el indicador oportuno, registró una caída trimestral de 0.1% en el tercer trimestre. La confianza del consumidor sigue cayendo a tasa mensual, señalando que hay cautela sobre el rumbo de la economía y la morosidad de los créditos al consumo está en niveles altos, particularmente en las tarjetas de crédito en donde 13% ha dejado de pagar.

En este contexto, el avance observado en la actividad económica pudiera ser de carácter coyuntural. Las variables estructurales como inversión en capital fijo, empleo formal e integración productiva del comercio exterior, continúan mostrando debilidad al analizarlo al detalle, lo que representa un riesgo para la actividad económica.

Todo esto sucede a la par que la consolidación fiscal avanza a paso lento, incrementando la necesidad de llevar a cabo una reforma fiscal, que a la fecha parece ineludible de llevarse a cabo el siguiente año, pasadas las elecciones de medio término. Por supuesto en la narrativa se empieza a hablar de qué hay que recaudar más, pero no se habla de disminuir el gasto mediante eficiencias o eliminando programas que involucran transferencias que no han resultado positivos y que en algunos casos podrían estar funcionado como incentivos perversos.

¿Qué se debe hacer? No queda más que lo tradicional y lo probado, incentivar la creación de empleo para mejorar el consumo y con esto, la economía. La creación de empleo en la economía es fundamental, aunque esto signifique subir en menor proporción el salario mínimo, pues de qué sirve subir mucho el salario si no hay empleo o si el empleo se encuentra en la informalidad, donde no hay prestaciones de ley.

Por otro lado, no se puede ignorar que las exportaciones que más crecen (las de equipo de cómputo) tienen poco valor que se le agrega en México, por eso es que el empleo en ese sector no crece al mismo ritmo que las exportaciones. Justo ahí se debe empezar a desarrollar a proveedores y un plan para que se agregue valor en México para que el crecimiento esté impulsado por la competitividad y no sea solo algo coyuntural. Eso implicaría un incentivo, tanto para la creación de empleo como para la llegada de nueva inversión extranjera.

No basta con tener un buen crecimiento en un mes o trimestre. Esto debe reflejarse en el empleo y consumo, volverse un mejoramiento generalizado en la economía. Así, no es posible cantar victoria. La batalla contra el estancamiento no se ha terminado de librar.

Por Gabriela Siller Pagaza / Análisis Económico Banco Base

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