El peso mexicano cerró octubre con una depreciación mensual de 4% frente al dólar, equivalente a 78.2 centavos respecto al mes anterior, con lo que hiló dos meses consecutivos de pérdidas. Además, completó ocho semanas de retrocesos, periodo en el que acumuló una caída de 11.34%, equivalente a un peso y 91 centavos.

En la última semana de octubre, la moneda nacional perdió 0.80%, es decir, 14.9 centavos. Sin embargo, durante la sesión de este viernes logró recuperar terreno, al apreciarse 0.18% o 3.4 centavos.

Con dicho movimiento, el tipo de cambio interbancario terminó en 18.8037 pesos por dólar, de acuerdo con datos del Banco de México (Banxico).

La trayectoria del peso durante el mes estuvo marcada por factores monetarios y financieros tanto de México como del exterior. Banco BASE identificó entre los principales elementos el desmantelamiento de posiciones de carry trade y el cambio en las expectativas sobre las tasas de interés de Estados Unidos.

En octubre tomó fuerza la posibilidad de que la Reserva Federal (Fed) aumente su tasa de referencia en 25 puntos base antes de finalizar el año. Esta expectativa se consolidó en un contexto de aceleración de los precios en Estados Unidos: la inflación al consumidor llegó a 3.74% anual y la subyacente a 2.56%.

A estas presiones se sumó el comportamiento de los precios al productor. En septiembre, este indicador avanzó a una tasa anual de 6.34%, su mayor nivel desde diciembre de 2022. El componente de energéticos destacó con un incremento de 35.36%, el más alto en los registros disponibles desde julio de 2022.

En México, las señales de política monetaria apuntaron en otra dirección. La Junta de Gobierno de Banxico abrió la posibilidad de un recorte de la tasa de interés durante los próximos meses, lo que podría reducir todavía más la diferencia entre los rendimientos de México y Estados Unidos, hasta llevarla a un nuevo mínimo histórico.

La divergencia en las expectativas de tasas de interés entre ambos países también incidió en el comportamiento de la moneda mexicana, en un periodo en el que los mercados internacionales registraron movimientos en los rendimientos de los bonos gubernamentales.

Durante septiembre y las primeras sesiones de octubre, las tasas de los instrumentos del Tesoro estadounidense subieron ante los riesgos de mayores presiones inflacionarias a escala global y alcanzaron niveles no vistos en varios años. No obstante, en la segunda mitad del mes corrigieron a la baja, al igual que los rendimientos de la deuda de Reino Unido y Japón.

Banco BASE relacionó este ajuste con una mayor demanda de esos instrumentos como refugio, luego de las protestas registradas en Europa por el elevado costo de vida y del incremento de la incertidumbre sobre la viabilidad fiscal de Francia, que presionó al alza las tasas de interés de ese país.

El escenario internacional también estuvo marcado por los acontecimientos políticos en América Latina. El 25 de octubre se realizó la segunda vuelta de las elecciones presidenciales en Brasil, en la que resultó ganador el presidente en turno, Lula da Silva, contrario a lo esperado. El resultado generó preocupaciones sobre la sostenibilidad de las finanzas públicas brasileñas.

En las últimas sesiones del mes, el peso mexicano se debilitó al mismo tiempo que el real brasileño. La relación entre ambas divisas tiene relevancia para los mercados, debido a que el peso mexicano es la moneda latinoamericana con mayor liquidez y opera las 24 horas del día, características que la convierten en un instrumento utilizado para especular sobre los riesgos de otras economías de la región.

El comportamiento de estas monedas fue distinto al del peso colombiano, que terminó octubre con una apreciación acumulada de 3.58%. Entre los factores que acompañaron su desempeño estuvo el incremento de la tasa de interés del Banco Central de Colombia, que el 30 de septiembre la llevó a 12.25%, además de una menor incertidumbre política.

Otro elemento que mantuvo presión sobre los mercados durante octubre fue el encarecimiento de los energéticos. Los precios de estas materias primas continuaron al alza debido a la persistencia de los conflictos armados en Medio Oriente y los ataques de Irán contra buques petroleros que intentaban atravesar el estrecho de Ormuz.

A este panorama externo se sumaron los resultados de las finanzas públicas de México, publicados este viernes con cifras a septiembre, que mostraron una reducción de los ingresos presupuestarios y un mayor peso del gasto rígido sobre la recaudación tributaria.

Entre enero y septiembre, los ingresos presupuestarios acumularon una caída real de 2.8% frente al mismo periodo de 2025. Se trata del mayor descenso para los primeros nueve meses de un año desde 2020.

El retroceso estuvo marcado por la recaudación del Impuesto Sobre la Renta (ISR), que disminuyó 5.3%. Esta fue su mayor caída para un periodo enero-septiembre desde 2009 y, antes de ese año, desde 1996, cuando registró una contracción de 10.8%. Banco BASE señaló que este comportamiento es una señal de deterioro de la economía formal.

En contraste, los ingresos por el Impuesto al Valor Agregado (IVA) aumentaron 12.0%, su mayor crecimiento para un periodo enero-septiembre desde 2021. También registraron avances los impuestos a las importaciones, con 10.1%, y otros impuestos, con 9.2%.

La recaudación por el Impuesto Especial sobre Producción y Servicios (IEPS), en cambio, cayó 2.3%. Dentro de este rubro, los ingresos por combustibles disminuyeron 9.2%, en un contexto en el que los estímulos fiscales a las gasolinas y el diésel acumularon 33 semanas consecutivas de aplicación.

Por el lado del gasto, el monto neto ejercido durante los primeros nueve meses de 2026 fue 0.4% menor en términos reales al del mismo lapso de 2025. El gasto programable también presentó una reducción, de 0.3%, y se ubicó en 5.15 billones de pesos.

Sin embargo, las erogaciones consideradas rígidas siguieron creciendo. Este conjunto, integrado por las pensiones y jubilaciones contributivas, los programas del Bienestar y el costo financiero de la deuda, alcanzó 2.96 billones de pesos entre enero y septiembre, un aumento real de 3.0%.

El crecimiento de este gasto contrastó con el avance de 0.7% de los ingresos tributarios. Como resultado, las erogaciones rígidas representaron 68.9% de la recaudación tributaria, por encima del 67.3% de un año antes y del 49.2% observado en el mismo periodo de 2018, antes del inicio de la administración de López Obrador.

Las pensiones y jubilaciones contributivas aumentaron 5.0%, hasta 1.26 billones de pesos, mientras que los programas del Bienestar registraron un incremento de 9.3%, al sumar 735.23 mil millones de pesos. Dentro de estos últimos, las pensiones no contributivas avanzaron 12.9% y equivalieron a 11.8% de la recaudación tributaria, frente a 1.1% en 2018.

El costo financiero de la deuda fue el único de los tres componentes que disminuyó, con una caída de 3.7%, a 959.00 mil millones de pesos. Este descenso moderó el incremento del gasto rígido en su conjunto.

En cuanto a las necesidades de financiamiento del Gobierno, los Requerimientos Financieros del Sector Público (RFSP) aumentaron 3.1% real anual y sumaron 959.11 mil millones de pesos en los primeros nueve meses de 2026.

Al cierre de septiembre, el Saldo Histórico de los Requerimientos Financieros del Sector Público (SHRFSP) ascendió a 19.55 billones de pesos, equivalente a 52.6% del Producto Interno Bruto (PIB).

Por su parte, la deuda bruta del sector público llegó a 21.12 billones de pesos, equivalente a 56.8% del PIB. Según la información disponible desde 1990, este monto representaría su mayor nivel en registro.

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