El peso mexicano registró en junio una depreciación mensual de 0.91%, equivalente a 15.8 centavos, con lo que el tipo de cambio interbancario cerró en 17.4986 pesos por dólar, de acuerdo con información del Banco de México.

En el balance trimestral, la moneda mexicana logró un avance de 2.38%, es decir, 42.6 centavos durante el segundo trimestre del año. En el acumulado de los primeros seis meses de 2026, el peso mantiene una ganancia de 2.83%, equivalente a 50.9 centavos frente al dólar.

En la sesión de este martes, el peso mostró nuevamente presión en el mercado cambiario al depreciarse 0.15%, lo que representó 2.6 centavos respecto al cierre previo.

De acuerdo con Banco BASE, la divisa mexicana enfrenta diversos factores de riesgo que podrían presionar su desempeño en los próximos meses. Entre ellos destaca la expectativa de que la Reserva Federal adopte una postura más restrictiva, e incluso la posibilidad de un aumento de 25 puntos base en su tasa de interés antes de que concluya el año, tras la decisión de política monetaria del 17 de junio.

La institución financiera señaló que, en caso de concretarse dicho incremento, el diferencial de tasas entre México y Estados Unidos se reduciría a 250 puntos base, su nivel más bajo desde el 16 de diciembre de 2015.

En el frente internacional, el Banco de Japón elevó su tasa de referencia en 25 puntos base, llevándola a 1.0% el 16 de junio, su nivel más alto desde 1995, y anticipó que podrían presentarse nuevos incrementos en los próximos meses ante el riesgo de mayores presiones inflacionarias. La decisión estuvo en línea con lo previsto por el mercado y respondió principalmente al repunte en los precios de la energía, el cual ya comienza a generar efectos de segundo orden sobre otros componentes de la inflación.

Otro factor de riesgo relevante es el proceso de revisión del T-MEC, que dará inicio este miércoles 1 de julio. Los tres países deberán definir si firman la prórroga del tratado por 16 años o si activan la cláusula sunset para iniciar revisiones anuales. En el mercado se anticipa que el gobierno de Estados Unidos podría inclinarse por revisiones periódicas, con especial atención en el endurecimiento de las reglas de origen, particularmente en los sectores automotriz y de equipo de cómputo.

Banco BASE consideró que es poco probable que Estados Unidos opte por terminar el tratado de manera anticipada, debido a la fuerte dependencia de varios estados clave de sus exportaciones hacia México, así como a la profunda integración de las cadenas de suministro entre ambos países.

“Es probable que durante el proceso de revisión del T-MEC, los mercados financieros de nuevo centren su atención en noticias relacionadas con la política comercial de Estados Unidos y a las amenazas de Donald Trump en contra de México”, expuso.

En el ámbito fiscal, otro elemento de presión proviene del deterioro de las finanzas públicas, donde menores ingresos y un gasto corriente rígido han mantenido la atención de las calificadoras. El 12 de mayo, S&P revisó a negativa la perspectiva de la calificación soberana, que se mantuvo en BBB, mientras que Moody’s la recortó a Baa3 el 20 de mayo.

“Debido a que la deuda bruta como proporción del PIB se acerca al 60% y no se observan esfuerzos para corregir esta tendencia, es probable que México pierda grado de inversión durante el sexenio en turno”.

Finalmente, Banco BASE apuntó que julio suele caracterizarse por una menor volatilidad en el mercado cambiario; sin embargo, el arranque de la revisión del T-MEC podría alterar este comportamiento estacional y convertirlo en un mes atípico para el tipo de cambio.

Con este contexto y en línea con sus estimaciones trimestrales, la institución prevé que el tipo de cambio cierre 2026 en niveles cercanos a 17.82 pesos por dólar.

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