El peso mexicano cerró la semana con una depreciación de 0.51%, equivalente a 9.34 centavos, con lo que hiló seis semanas consecutivas de pérdidas y acumuló una caída de 9.5%, equivalente a 61 centavos, durante ese periodo.

Sin embargo, este viernes la moneda nacional recuperó 0.49%, es decir, 9 centavos, por lo que el tipo de cambio interbancario cerró en 18.5045 pesos por dólar, de acuerdo con datos oficiales del Banco de México (Banxico).

Banco BASE explicó en un análisis que la depreciación del peso responde a la expectativa de que el diferencial de tasas de interés entre México y Estados Unidos se reduzca a un nuevo mínimo histórico, ante las previsiones de que la Reserva Federal (Fed) incremente su tasa de interés en 25 puntos base en diciembre.

De concretarse este ajuste, el diferencial de tasas se reduciría a 225 puntos base, un nuevo mínimo histórico. A este factor se suma el incremento en la percepción de riesgo sobre México, ante la posibilidad de que el país pierda el grado de inversión.

Durante la semana también destacaron las declaraciones de John Williams, presidente de la Reserva Federal de Nueva York, quien señaló que todavía considera apropiado realizar un incremento adicional de 25 puntos base antes de que termine el año, aunque actualmente no anticipa la necesidad de nuevos aumentos durante 2027.

Williams explicó que espera una desaceleración de la inflación durante el próximo año, debido a que considera que las presiones provenientes de los aranceles, los precios de la energía y las inversiones relacionadas con inteligencia artificial no han revertido la tendencia de desinflación. Asimismo, señaló que la economía estadounidense no muestra señales generalizadas de sobrecalentamiento, por lo que la Fed cuenta con margen para evaluar la información económica antes de realizar nuevos ajustes.

Por su parte, el presidente de la Reserva Federal, Kevin Warsh, evitó enviar señales sobre posibles incrementos de la tasa de interés durante las reuniones restantes del año.

Durante su participación en las reuniones anuales del Fondo Monetario Internacional, reiteró el compromiso del banco central con la estabilidad de precios, pero señaló que no anticipará las decisiones de política monetaria.

Sus comentarios redujeron de 34.9 a 17.2% la expectativa del mercado de que la Fed aumentaría la tasa de interés en su reunión del 28 de octubre. Asimismo, los participantes del mercado estiman un segundo incremento de 25 puntos base para marzo de 2027 y ahora prevén un tercero hasta septiembre de ese año.

En el ámbito fiscal, el Departamento del Tesoro de Estados Unidos publicó el viernes el reporte de finanzas públicas correspondiente al año fiscal 2026, que comprende de octubre de 2025 a septiembre de 2026. El gasto del gobierno alcanzó un máximo histórico de 7.40 billones de dólares, un incremento de 5.50% respecto al año anterior y el tercer crecimiento anual consecutivo.

Los ingresos, por su parte, se ubicaron en 5.40 billones de dólares, con un aumento anual de 3.22%. Como resultado, el déficit fiscal alcanzó 1.99 billones de dólares, su mayor nivel desde 2021 y el tercero más elevado en los registros. Como proporción del Producto Interno Bruto (PIB), el déficit se situó en 6.2%, frente al 5.8% registrado en el año fiscal 2025.

Entre los principales componentes del gasto público destacaron cuatro categorías. La Seguridad Social concentró 1.67 billones de dólares (22.54% del gasto total); Medicare recibió 1.07 billones de dólares (14.50%); el pago de intereses ascendió a 1.05 billones de dólares (14.22%), y el gasto en salud sumó 1.03 billones de dólares (13.87% del total).

El pago de intereses representó su mayor proporción del gasto público desde 1998, lo que refleja el creciente costo del endeudamiento del gobierno estadounidense. Esta situación añade presión sobre las finanzas públicas, debido a que una mayor proporción de los recursos debe destinarse al servicio de la deuda, lo que limita el presupuesto disponible para otros programas gubernamentales.

En cuanto a los ingresos, destacó la disminución de la recaudación por aranceles, pese a las nuevas medidas comerciales implementadas por la administración de Donald Trump. Esto se debió a que la Suprema Corte de Estados Unidos invalidó los aranceles impuestos bajo la Ley de Poderes Económicos de Emergencia Internacional (IEEPA), lo que obligó al Departamento del Tesoro a devolver parte de los recursos recaudados.

En mayo, los ingresos netos por aranceles fueron negativos en 42 millones de dólares, mientras que en junio se registró un ingreso negativo de 25,556 millones de dólares, la mayor devolución mensual de la que se tiene registro. En julio, los ingresos también fueron negativos, por 8,546 millones de dólares.

En consecuencia, la recaudación por aranceles durante el año fiscal 2026 se ubicó en 173,219 millones de dólares, por debajo de los 194,866 millones registrados en 2025.

El elevado déficit fiscal representa un riesgo para Estados Unidos, debido a que obliga al gobierno a recurrir a una mayor emisión de deuda para financiar sus operaciones. Esto incrementa la oferta de instrumentos del Tesoro y puede generar presiones al alza sobre sus tasas de rendimiento, particularmente en los plazos más largos, si los inversionistas exigen una mayor compensación por los riesgos fiscales.

A su vez, las mayores tasas de interés elevan el costo de financiamiento del gobierno e incrementan el gasto destinado al pago de intereses, lo que dificulta reducir el déficit en los siguientes años.

Banco BASE indicó que para estabilizar y eventualmente disminuir la deuda pública como proporción del PIB, será necesario implementar medidas de consolidación fiscal que probablemente requieran cambios legislativos para contener el crecimiento del gasto, incrementar los ingresos tributarios o combinar ambas medidas.

La institución financiera añadió que de no aprobarse acciones suficientes para corregir el desequilibrio fiscal, la persistencia de déficits elevados continuará presionando al alza el endeudamiento del gobierno estadounidense y aumentará el riesgo de un deterioro adicional de su calificación crediticia.

Cabe mencionar que el deterioro de las finanzas públicas de Estados Unidos ya ha provocado recortes en su calificación crediticia por parte de las tres principales agencias calificadoras. Standard & Poor’s fue la primera en reducir la nota del país de AAA a AA+ el 5 de agosto de 2011, ante las preocupaciones sobre la sostenibilidad fiscal y los desacuerdos políticos en torno al límite de endeudamiento.

Posteriormente, Fitch Ratings rebajó la calificación de AAA a AA+ el 1 de agosto de 2023, al citar el deterioro fiscal esperado y el incremento de la deuda gubernamental. Finalmente, Moody’s recortó la nota de Aaa a Aa1 el 16 de mayo de 2025, debido al crecimiento de la deuda pública, los elevados déficits fiscales y el aumento del gasto por intereses.

Con estos ajustes, Estados Unidos perdió la máxima calificación crediticia de las tres principales agencias calificadoras, lo que refleja una mayor preocupación por la trayectoria de sus finanzas públicas.

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