La mayoría de los productores agroindustriales de Estados Unidos respalda la continuidad del Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC), al considerar que el acuerdo ha sido fundamental para el crecimiento de sus exportaciones y para la integración económica de América del Norte.

Sin embargo, el sector también pretende aprovechar la revisión del T-MEC, que ya empezó, con el propósito de modificar algunas barreras no arancelarias que encarecen y retrasan el comercio con México.

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Según un análisis del Grupo Consultor de Mercados Agrícolas (GCMA), existe un consenso prácticamente unánime entre productores de soya, maíz, carne de cerdo, lácteos y fertilizantes de Estados Unidos a favor de mantener el tratado.

La perspectiva predominante no apunta a una renegociación profunda, sino a fortalecer el acuerdo y preservar la certidumbre que ofrece a las cadenas de suministro regionales.

El respaldo del sector tiene una explicación económica clara. México se mantiene como uno de los mercados más importantes para la agricultura estadounidense y ocupa el segundo lugar entre los destinos de exportación de soya de ese país.

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Además, México y Canadá adquieren cerca de una tercera parte de las exportaciones agroalimentarias de Estados Unidos, con compras que superan un valor de 60,000 millones de dólares (mdd) al año.

A decir de las organizaciones agrícolas estadounidenses, el T-MEC garantiza la apertura de mercados estratégicos, reglas claras para la inversión y estabilidad para miles de productores rurales.

De ahí que diversas asociaciones han adoptado el principio de “do no harm” o “no hacer daño”, con el objeto de evitar modificaciones que introduzcan incertidumbre o que afecten la integración productiva de la región.

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A pesar de ese respaldo, legisladores y representantes de la industria agroalimentaria pretenden que la revisión del Tratado sirva para resolver algunos temas pendientes con México.

Entre las principales demandas destacan la eliminación de reinspecciones a granos estadounidenses, la revisión de la política mexicana de tolerancia cero a residuos de suelo y la atención a controversias relacionadas con biotecnología agrícola.

Según el análisis, los productores estadounidenses consideran que estas medidas generan costos adicionales, retrasos logísticos y obstáculos para el flujo comercial.

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En ese sentido, los productores esperan que estos asuntos formen parte de las discusiones en el proceso de revisión del acuerdo, que ya comenzó de manera bilateral, entre México y Estados Unidos.

GCMA también destaca que las recientes declaraciones del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, quien aseguró que no ve la necesidad de renovar el T-MEC, provocaron preocupación entre organizaciones agrícolas.

Diversos líderes del sector advirtieron que una eventual cancelación tendría consecuencias negativas para la competitividad estadounidense y abriría espacios a competidores como Brasil en mercados internacionales.

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GCMA concluye que, pese al ruido político, la posición dominante entre productores, asociaciones y legisladores de Estados Unidos favorece la permanencia del T-MEC.

El consenso actual apunta hacia conservar el acuerdo y realizar ajustes puntuales, especialmente en materia de inspecciones, granos y biotecnología, sin alterar la estructura que ha sostenido el comercio agroalimentario de América del Norte.

GC