El fenómeno climático del “Niño” puede alcanzar una intensidad histórica entre 2026 y 2027, con efectos que pondrán en riesgo la actividad económica, las cadenas de suministro y los costos operativos de México y América Latina.

Ante este escenario, EY advierte que las empresas de la región deben incorporar los riesgos climáticos a sus decisiones financieras y operativas, en lugar de tratarlos solo como un asunto de sostenibilidad a largo plazo.

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Existe una probabilidad superior a 90% de que el fenómeno —caracterizado por lluvias y sequías extremas— alcance una intensidad muy fuerte.

Para el periodo octubre-diciembre de 2026, la posibilidad de que llegue a una magnitud histórica es de 75%, con temperaturas oceánicas que alcanzarán niveles no vistos antes, refirió EY en su análisis, con base en datos de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal).

En un escenario extremo “el Niño” provocará pérdidas económicas equivalentes a 2% del producto interno Bruto (PIB) de América Latina y el Caribe.

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La afectación se extendería desde el inicio del fenómeno hasta los tres años posteriores, con la mitad del impacto económico concentrado en el primer año.

El costo también tendrá consecuencias sociales: la Cepal calcula que la pobreza puede aumentar hasta en 4.8 millones de personas hacia 2030. Además, para el último trimestre de 2026, la probabilidad regional de déficit de lluvias alcanza 60%, mientras 31.1% del territorio analizado se encuentra bajo alerta elevada.

Los riesgos para los negocios abarcan desde interrupciones en la producción agropecuaria y pesquera hasta problemas de suministro eléctrico, estrés hídrico y daños a la infraestructura.

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La Ciudad de México figura entre las zonas metropolitanas analizadas con mayor riesgo de aumento de la demanda de electricidad, detrás de Lima, Perú, y São Paulo, Brasil.

Los antecedentes muestran la magnitud de estas amenazas. En “el Niño” de 2015-2016, alrededor de 3.5 millones de personas sufrieron inseguridad alimentaria en el llamado “corredor seco centroamericano”. En algunas regiones de Haití, las cosechas cayeron hasta 70%.

En tanto, las capturas pesqueras regionales disminuyeron 52.7% en el episodio de 1972-1973 y 26.9% en el de 1997-1998, frente al promedio de los dos años anteriores a cada evento.

¿Cómo se puede preparar las empresas?

Ante este panorama, EY plantea que las compañías no deben esperar a tener certeza absoluta sobre la evolución del fenómeno para actuar. La preparación exige identificar las instalaciones, los proveedores y las rutas logísticas más expuestos a inundaciones, sequías, temperaturas extremas y fallas en el suministro de energía.

Entre las medidas recomendadas figuran mantener inventarios de insumos críticos, diversificar proveedores, revisar las coberturas de seguros y actualizar los planes de contingencia. EY también propone invertir en infraestructura y procesos que reduzcan la vulnerabilidad de las operaciones ante futuros eventos extremos.

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Las empresas mejor preparadas utilizan la información climática como herramienta estratégica, evalúan sus posibles efectos financieros y definen respuestas antes de que ocurran las interrupciones.

En este proceso, las normas de información financiera relacionadas con la sostenibilidad NIIF S1 y S2 ofrecen un marco para identificar riesgos y evaluar la resiliencia de los negocios.

La diferencia, concluye EY, está en la capacidad de anticiparse: mientras las compañías resilientes pueden proteger la continuidad operativa y limitar costos, aquellas que reaccionan cuando el daño ya está en marcha quedan expuestas a mayores pérdidas y gastos extraordinarios.

GC