México probablemente necesitará un mayor impulso a la inversión desde la política fiscal o un nuevo ciclo de nearshoring para sostener un crecimiento más elevado, consideró Citi Research.
En un análisis sobre América Latina, la institución señaló que los sólidos resultados de la producción industrial y las ventas minoristas de abril se tradujeron en un crecimiento firme durante el segundo trimestre de 2026, mientras los indicadores PMI regresaron a terreno de expansión y se mantuvieron ahí hasta julio.
Aunque estos resultados respaldaron el desempeño del peso mexicano, Citi mantiene la opinión de que es poco probable que la mejora reciente de la actividad económica persista. Además, la moderación continua de la inflación subyacente apunta a presiones limitadas por el lado de la demanda, lo que refuerza la posibilidad de que el repunte sea transitorio y no estructural.
Al mismo tiempo, México sobresale como una de las pocas economías de la región que muestran señales de desinflación tanto en el componente subyacente como en el no subyacente. Si bien el dato más reciente resultó ligeramente superior a las expectativas, la inflación general se ubicó en julio en 3.12%, cerca del objetivo del Banco de México (Banxico), mientras la subyacente se acercó al intervalo objetivo al situarse en 3.95%.
La volatilidad reciente se concentró principalmente en los precios de los alimentos dentro del componente no subyacente. A ello se sumó que los subsidios fiscales a la gasolina limitaron la transmisión de los choques energéticos, con lo que México registró uno de los menores impulsos inflacionarios provenientes de la energía entre las principales economías emergentes.
El comportamiento reciente de la inflación general y no subyacente también coincide con la dinámica que suele presentarse durante las alteraciones climáticas en América Latina. De acuerdo con Citi, México probablemente ya absorbió la parte más fuerte de las distorsiones en los precios de los alimentos asociadas con el fenómeno de La Niña del año pasado, lo que ha dado a estos precios un mayor margen para estabilizarse.
Bajo este panorama, Citi Research consideró que el país probablemente requerirá un mayor impulso a la inversión desde la política fiscal o un nuevo ciclo de nearshoring para sostener un crecimiento más elevado. Aunque el gobierno presentó un plan de inversión, el reporte señala que el énfasis permanece en una mayor colaboración público-privada y no en un financiamiento público fuerte.
En su diagnóstico fiscal regional, la institución añadió que los pagos de intereses ya absorben cerca de una quinta parte de los ingresos tanto en México como en Brasil. Para Citi, una deuda más elevada importa menos por una posible amenaza al acceso a los mercados y más porque limita la capacidad de los gobiernos para destinar recursos a infraestructura, inversión pública y otros gastos que aumenten la productividad.
En cuanto al nearshoring, una recuperación más duradera de este proceso y de la inversión dependería probablemente de una renegociación del Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC) que mantenga la cooperación comercial entre México y Estados Unidos, según el análisis.
Citi agregó que un acuerdo de ese tipo no parece ser actualmente una prioridad para la administración estadounidense. No obstante, espera que los tres países logren un entendimiento por la importancia estratégica de las cadenas productivas integradas de Norteamérica para competir con el resto del mundo, particularmente con Asia.
El momento en que se alcanzaría ese acuerdo sigue siendo incierto y probablemente se extendería más allá de 2026. Los tres países cuentan con diez años para lograr un entendimiento que extendería el T-MEC durante 16 años adicionales; de lo contrario, el tratado se acercaría gradualmente a su vencimiento.
Pese a la incertidumbre, México se ha convertido en uno de los principales beneficiarios de la reorganización de las cadenas de suministro de Norteamérica, al aumentar considerablemente su participación en las importaciones estadounidenses y consolidarse como el mayor socio comercial de Estados Unidos.
La institución explicó que México se distingue de otros países porque combina esos avances con un acceso privilegiado al mercado estadounidense mediante el T-MEC, un marco que proporciona un grado de certidumbre e integración que la mayoría de sus pares no tiene.
En este proceso, el auge de la inteligencia artificial podría reforzar aún más la posición de México dentro de la reorganización de las cadenas globales de suministro. Mientras las exportaciones automotrices mexicanas hacia Estados Unidos se han mantenido prácticamente estancadas, las exportaciones de unidades centrales de procesamiento vinculadas con el auge de la IA en ese país han impulsado buena parte del aumento de la participación mexicana en sus importaciones.
México ingresó a la cadena de suministro de la inteligencia artificial como ensamblador en las etapas finales de producción, al importar insumos clave de Taiwán y otras economías asiáticas antes de exportar los productos terminados a Estados Unidos.
A la par, México busca fortalecer las cadenas regionales de suministro automotriz y conservar un acceso competitivo al mercado estadounidense para sus exportaciones relacionadas con este sector como parte de la revisión del T-MEC. Una vez concluido el proceso, Citi estima que el país probablemente fortalecerá su posición dentro de las redes productivas de Norteamérica.
Sin embargo, la incertidumbre alrededor de la revisión mantiene parcialmente limitados varios de los factores que respaldan la inversión. Aunque esta se ha desacelerado, Citi observa una cartera importante de proyectos que esperan mayor claridad sobre los marcos comercial, regulatorio y judicial.
A pesar de esas restricciones, la generación y transmisión de electricidad, la infraestructura y la energía mantienen oportunidades relevantes de largo plazo. El caso de México continúa apoyándose en su competitividad manufacturera y en la integración comercial con Estados Unidos.
Esta relación se refleja en las cifras trimestrales del Producto Interno Bruto (PIB) de ambos países, que presentan una correlación aproximada de 0.79 desde 1993. Asimismo, un dólar más débil podría beneficiar a la manufactura mexicana mediante una mayor demanda estadounidense y una mayor competitividad de las cadenas productivas de Norteamérica.
Desde la perspectiva financiera, las tasas reales en México permanecen alrededor de 2.5%, nivel que atrae flujos de capital y todavía deja espacio para una flexibilización monetaria. Citi agregó que una consolidación fiscal exitosa y menores primas de riesgo soberano podrían favorecer con el tiempo una ampliación de los múltiplos de valuación del mercado accionario.
Las utilidades nominales por acción, por su parte, registraron un crecimiento anual compuesto promedio de aproximadamente 10% entre 2001 y 2025. Aun con estas fortalezas, Citi considera que la relación entre riesgo y rendimiento del mercado accionario mexicano es menos atractiva que la de otros mercados latinoamericanos, donde la exposición a materias primas, las valuaciones y los factores macroeconómicos de apoyo parecen más sólidos.
Por ello, México mantiene una importancia estratégica dentro de la región, aunque varios de sus posibles catalizadores siguen sujetos a la ejecución de las políticas públicas y a la evolución del T-MEC, concluyó Citi Research.
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