México todavía no ha superado el estancamiento económico y, aunque se prevé que la economía crezca en 2026, el avance de la actividad productiva sigue concentrado en sectores específicos y depende, en buena medida, del auge de la inteligencia artificial (IA) en Estados Unidos, advirtió Gabriela Siller, directora de Análisis Económico de Grupo Financiero BASE.
Durante el webinar Perspectivas Económicas del tercer trimestre de 2026, la economista explicó que el crecimiento de las exportaciones de equipo de cómputo ha favorecido a México, pero no ha generado una expansión generalizada de la economía, como muestran el comportamiento del empleo y el consumo privado.
“No podemos decir como que México ya libró, o sea, ya ganó la batalla contra el estancamiento económico, todavía es un crecimiento que creemos es coyuntural y está siendo, sí, impulsado por el auge de la inteligencia artificial en Estados Unidos”, señaló Siller.
Esta dependencia del sector tecnológico también está presente en las perspectivas de crecimiento de Banco BASE, que elevó su pronóstico para México en 2026 a 1.9%, desde 1.7%, e incluso consideró posible que la economía alcance una expansión de 2%, aunque para 2027 anticipó una desaceleración a 1.4%, por debajo del promedio de crecimiento de 2.2% que registró el país hasta 2018.
Según Siller, la concentración del dinamismo se observa en las cifras del comercio exterior, pues hasta agosto las exportaciones mexicanas crecieron 29.34%, pero al excluir el equipo de cómputo el avance habría sido de apenas 7.02%, mientras que al retirar también el resto de los productos relacionados con cómputo y centros de datos el crecimiento se reduce a 6.48%.
El peso de estos productos en las ventas al exterior ha aumentado con el paso de los años, ya que los capítulos 84 y 85, que agrupan maquinaria, equipo eléctrico y electrónico, representaron 50.73% de las exportaciones mexicanas, frente a 36.82% en 2015, mientras que las unidades de procesamiento y computadoras concentraron 22.83% del total exportado por México.
Para la economista, esta composición vuelve más vulnerable el desempeño del sector externo, debido a que una proporción creciente de las ventas depende de la demanda de un grupo reducido de productos y, particularmente, de las inversiones estadounidenses en inteligencia artificial, por lo que advirtió que “las exportaciones son ahora más sensibles a lo que ocurra con un solo producto”.
El impulso exportador, además, no necesariamente responde a una mayor competitividad de México, sino también a su cercanía con Estados Unidos y a las condiciones arancelarias que favorecen el comercio entre ambos países, mientras que una parte importante de los equipos vendidos al exterior incorpora componentes fabricados en otras economías.
En ese proceso, Taiwán tiene un papel relevante, pues además de competir directamente con México en el mercado de equipo de cómputo, es uno de los principales proveedores de los insumos que utiliza la industria mexicana para ensamblar esos productos, una relación que se refleja en el aumento de 200% de las importaciones mexicanas provenientes de ese país.
La dependencia de esos componentes también se observa en el intercambio comercial, ya que por cada dólar adicional que México exportó en equipo de cómputo, importó 0.86 dólares adicionales en componentes, lo que limita la proporción del valor de las ventas al exterior que permanece en la economía nacional.
Aunque el valor unitario de los equipos exportados pasó de 3,495 dólares en 2024 a 13,505 dólares en 2026, el número de unidades comercializadas apenas aumentó de 7.14 millones a 7.36 millones, una diferencia que, de acuerdo con Siller, no significa necesariamente que México esté generando más valor agregado, pues los equipos de mayor precio también incorporan componentes producidos en otros países.
Esta limitada participación nacional ayuda a explicar por qué el crecimiento de las exportaciones no se ha reflejado en una mayor generación de empleos, pues entre enero y septiembre se perdieron 400,000 puestos netos, un comportamiento que no se observaba en ese periodo desde 2020, mientras que en la industria de equipo de cómputo el empleo aumentó apenas 3.04%, pese a que sus exportaciones avanzaron 209%.
Para que el dinamismo del sector se traduzca en inversión productiva y puestos de trabajo, Siller planteó que México necesita participar en más etapas de la producción, mediante la fabricación de componentes y el desarrollo de proveedores nacionales, en lugar de concentrarse en el ensamblaje de los equipos que posteriormente se venden al exterior.
No nada más que estemos ensamblando las computadoras, sino que se hagan también aquí piezas importantes”, expuso la economista, quien consideró necesario que el gobierno establezca un plan de corto, mediano y largo plazo para identificar qué componentes pueden producirse en el país y desarrollar las capacidades necesarias para incorporarlos a las cadenas de suministro.
Esta necesidad de fortalecer la participación nacional también responde a que el impulso exportador depende de que continúen las inversiones en inteligencia artificial en Estados Unidos, un sector que ya enfrenta limitaciones para mantener su expansión.
En ese sentido, Siller señaló que la disponibilidad de energía eléctrica para abastecer los centros de datos comienza a representar un problema, pese a las inversiones para ampliar la generación, mientras que los costos de construcción y energía continúan aumentando.
Si estas condiciones limitan la expansión de los proyectos de inteligencia artificial, México también podría resentir sus efectos a través de las exportaciones, por lo que Banco BASE prevé una desaceleración de la economía estadounidense en 2027, asociada con una moderación de las inversiones en ese sector, aunque Siller no anticipó necesariamente una recesión.
A ese riesgo se suma la posibilidad de una corrección en los mercados financieros, ante la concentración de las inversiones y del crecimiento bursátil en empresas tecnológicas vinculadas con la IA, un ajuste que, durante la sesión de preguntas y respuestas, Siller consideró que podría presentarse en enero o febrero de 2027.
Dentro de México, la debilidad de la inversión también representa un obstáculo para que el crecimiento tenga bases más amplias, pues Siller señaló que el impulso de la inversión fija por parte del sector público no es sostenible y que históricamente corresponde al sector privado encabezar ese componente, mientras que los datos presentados durante el webinar muestran que la maquinaria y equipo del sector privado acumuló una caída de 1.79%.
Cabe mencionar que el panorama se presenta pese al crecimiento que habría registrado la economía mexicana durante el tercer trimestre, de acuerdo con la Estimación Oportuna del Producto Interno Bruto Trimestral (EOPIBT) publicada este viernes por el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi), que proyectó un avance de 0.90% frente al trimestre inmediato anterior, impulsado por la construcción y el comercio, aunque menor al 1.42% del segundo trimestre.
A tasa anual, el PIB habría aumentado 3.19% en el tercer trimestre, su mayor avance desde el mismo periodo de 2023, mientras que en el acumulado de enero a septiembre la economía habría crecido 1.86% respecto al mismo lapso de 2025.
En la comparación anual, el PIB habría crecido 3.19% durante el tercer trimestre, su mayor tasa desde el mismo periodo de 2023. Con este resultado, la economía acumuló un crecimiento de 1.86% entre enero y septiembre de 2026, frente a los primeros nueve meses del año pasado.





