La inteligencia artificial ya se convirtió en una herramienta de apoyo para la elaboración de estudios de impacto ambiental, sobre todo en proyectos de la industria de hidrocarburos, debido a que acelera tareas técnicas, organiza grandes volúmenes de información y facilita la revisión de datos complejos.
Sin embargo, sus resultados no pueden aceptarse de manera automática, ya que el análisis de especialistas continúa como el elemento decisivo para garantizar la calidad y confiabilidad de estos documentos.
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Según un reporte de la empresa de consultoría Assist Consulting, el uso de la inteligencia artificial permite elaborar borradores técnicos, revisar marcos regulatorios, procesar información geoespacial, analizar imágenes satelitales, integrar matrices y detectar inconsistencias en los estudios, además de comparar metodologías internacionales.
Estas capacidades ayudan a reducir tiempos de elaboración y permiten que los expertos concentren más esfuerzos en la evaluación técnica de cada proyecto.
El juicio profesional sigue como el factor decisivo
Assist Consulting advierte que todavía existe un conjunto de actividades que ninguna herramienta tecnológica puede asumir con el mismo nivel de certeza que un especialista.
La identificación de especies en campo, la interpretación de las condiciones ecológicas de un ecosistema, la valoración de la magnitud de un impacto ambiental, la definición de medidas de mitigación y el diseño de estrategias de restauración requieren experiencia, observación directa y conocimiento técnico del territorio.
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En ese sentido, la inteligencia artificial puede fortalecer el trabajo de los consultores, pero no reemplazar su criterio profesional. Además de los aspectos técnicos, la interacción con las comunidades, la comprensión del contexto social de cada proyecto y la responsabilidad legal sobre las conclusiones permanecen bajo la responsabilidad del personal especializado.
El análisis también expone que consultores, clientes y autoridades observan esta tecnología desde perspectivas distintas.
Para las empresas de consultoría representa una oportunidad para elevar la eficiencia y mejorar la calidad de los documentos; para los promoventes puede traducirse en menores tiempos y costos durante los procesos de autorización, mientras que las autoridades mantienen como prioridad la solidez técnica y la verificación de la información antes de emitir cualquier resolución.
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Otro aspecto que preocupa es el uso de la inteligencia artificial sin supervisión profesional.
En esos casos pueden surgir caracterizaciones ambientales incorrectas, omisiones de normas locales, extrapolaciones de datos que no corresponden al sitio de estudio, evaluaciones incompletas de impactos o propuestas de mitigación inviables.
Ese tipo de errores podría derivar en decisiones regulatorias deficientes o en autorizaciones sustentadas en información insuficiente.
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El reporte concluye que la discusión no consiste en decidir si la inteligencia artificial debe utilizarse en las Manifestaciones de Impacto Ambiental o en los Informes Preventivos, sino en establecer mecanismos que garanticen un uso responsable.
La tecnología puede acelerar procesos y mejorar la calidad de los estudios, pero la validación final, la interpretación de la información y las decisiones que buscan prevenir, mitigar y compensar los impactos ambientales continúan como una responsabilidad exclusiva de los especialistas.
GC





