El riesgo central en torno al Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC), en caso de no concretarse su prórroga por 16 años adicionales, no sería la desaparición del marco comercial norteamericano, sino el costo de oportunidad derivado de una incertidumbre sostenida en las decisiones de inversión de largo plazo, de acuerdo con un análisis de Kapital.
Bajo este escenario, el acuerdo no enfrentaría una ruptura ni su terminación. Por el contrario, continuaría vigente, pero bajo un esquema de revisiones anuales recurrentes hasta su expiración formal el 1 de julio de 2036, lo que modificaría su grado de certidumbre sin eliminar su operación.
El cambio implicaría el paso de un tratado con horizonte estable de largo plazo a uno sujeto a evaluación periódica, donde las condiciones del comercio regional quedarían sujetas a negociación constante entre los tres países.
Kapital plantea que el elemento clave no es la continuidad del T-MEC, sino el efecto que tendría este entorno de incertidumbre prolongada sobre las decisiones de inversión, especialmente en proyectos con horizontes de cinco a diez años.
En este contexto, sectores como automotriz, manufactura avanzada y semiconductores concentrarían una mayor exposición, debido a su dependencia de planeación de largo plazo y cadenas de suministro altamente integradas en América del Norte.
México mantiene cerca del 85% de sus exportaciones hacia Estados Unidos bajo condiciones de arancel cero dentro del T-MEC, lo que refleja el peso del acuerdo en la estructura del comercio regional.
El análisis también señala que un esquema de revisiones anuales mantendría abiertos procesos de negociación sobre reglas de origen y sectores estratégicos como automotriz, acero y aluminio, lo que reforzaría la naturaleza dinámica del acuerdo.
En el frente financiero, se advierte que este entorno podría traducirse en episodios de volatilidad para el tipo de cambio y los mercados financieros, aunque sin implicar un deterioro estructural del marco comercial.
Bajo este enfoque, el escenario base no es la ruptura del T-MEC, sino una fase prolongada de incertidumbre estructural, en la que el principal impacto económico sería el incremento del costo de planeación y la posible postergación de inversiones en América del Norte.




