La revisión del Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC) enfrenta el riesgo de que el acuerdo trilateral evolucione, formalmente o de hecho, hacia dos acuerdos bilaterales, debido a que Estados Unidos ha optado por mantener conversaciones separadas con México y Canadá, advirtió la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL).

En su informe Perspectivas del Comercio Internacional de América Latina y el Caribe 2026: La importancia de las exportaciones de servicios modernos y cómo promoverlas, el organismo señaló que esta dinámica genera incertidumbre sobre el futuro del tratado, cuya revisión formal comenzó el 1 de julio de 2026, conforme a lo establecido en el propio acuerdo comercial.

A esta incertidumbre se suma la posición de Estados Unidos, que ha manifestado que no está dispuesto a renovar el T-MEC en su forma actual. Entre los principales objetivos de las autoridades estadounidenses se encuentra reducir el déficit comercial con sus socios del acuerdo, que ha aumentado continuamente desde su entrada en vigor en 2020, principalmente por la ampliación del déficit con México.

Además de reducir ese desequilibrio comercial, Estados Unidos busca cerrar espacios para que empresas chinas utilicen a los países socios del T-MEC, especialmente a México, como plataformas de exportación hacia el mercado estadounidense.

En este contexto, las primeras rondas de consultas y negociaciones entre México y Estados Unidos, iniciadas en mayo de 2026, sugieren que la revisión podría centrarse en temas sectoriales específicos, como las reglas de origen de las industrias automotriz, del acero y del aluminio, así como los requisitos de contenido regional y estadounidense en manufacturas estratégicas.

Las negociaciones también podrían abarcar cuestiones relacionadas con la seguridad económica, la resiliencia de las cadenas de suministro y la política industrial. De acuerdo con diversos analistas citados en el informe, una alternativa a la revisión integral del tratado sería alcanzar acuerdos o entendimientos sectoriales en áreas prioritarias para la administración estadounidense, como automóviles, acero, aluminio, cobre, semiconductores, productos farmacéuticos y agricultura.

Este posible enfoque ampliaría el alcance de las negociaciones más allá del comercio, al incorporar asuntos relacionados con la política industrial, la seguridad económica y la reorganización de las cadenas de suministro. Las dificultades de este proceso quedaron en evidencia con el fracaso de las conversaciones entre Estados Unidos y Canadá a finales de agosto, durante las cuales Washington habría planteado diversas exigencias a su contraparte en ámbitos que exceden la regulación de los flujos comerciales bilaterales.

Para México, el resultado de la revisión será relevante no solo por sus posibles efectos en el comercio entre los tres países de América del Norte, sino también por sus implicaciones para la localización de inversiones, las estrategias de relocalización cercana (nearshoring) y la configuración futura de las cadenas regionales de valor.

A este escenario se suma el factor político en Estados Unidos, pues la dinámica de la revisión podría verse afectada de manera importante por el resultado de las elecciones parlamentarias de medio término, previstas para noviembre de 2026.

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