Los ciberdelincuentes recurren cada vez con mayor frecuencia a la manipulación de las personas para conseguir que entreguen información, contraseñas, códigos de autenticación o dinero, advirtió SILIKN.

La firma de ciberseguridad explicó que el fraude electrónico, la extorsión, el robo de contraseñas, la suplantación de identidad y las aplicaciones fraudulentas forman parte de un entorno criminal que combina tecnología con técnicas de manipulación.

De acuerdo con el Registro Nacional de Incidentes Cibernéticos (RNIC), durante 2025 se registraron 92,061 incidentes, entre ellos 22,507 casos de cyberbullying, 17,281 de extorsión, 12,415 de fraude electrónico, 8,489 de robo de contraseñas y 4,193 relacionados con suplantación o robo de identidad.

El impacto financiero también fue significativo, pues durante ese mismo año, la Comisión Nacional para la Protección y Defensa de los Usuarios de Servicios Financieros (Condusef) registró 72,873 asuntos relacionados con posible fraude, de los cuales 67,651 correspondieron al sector bancario.

Entre enero y marzo de 2026, el organismo recibió 22,199 reclamaciones y 37.4% estuvo relacionado con un posible fraude.

Ante este panorama, SILIKN indicó que los delincuentes no dependen exclusivamente de encontrar vulnerabilidades tecnológicas, pues buscan que las propias personas proporcionen sus datos confidenciales o realicen pagos.

Para conseguirlo, utilizan mensajes SMS, aplicaciones de mensajería, llamadas telefónicas, redes sociales y sitios web falsos para hacerse pasar por bancos, empresas, plataformas digitales o instituciones legítimas.

Estos mensajes suelen recurrir a situaciones de urgencia, como supuestos cargos, cuentas bloqueadas, pagos rechazados, renovaciones pendientes o promociones especiales. La combinación de tecnología e ingeniería social permite que ataques aparentemente sencillos tengan consecuencias financieras y de seguridad importantes.

A estas prácticas se suman las aplicaciones fraudulentas identificadas por las autoridades, las cuales pueden presentarse como juegos, editores de fotografías, plataformas de entretenimiento, servicios de mensajería, herramientas gratuitas o aplicaciones relacionadas con eventos deportivos.

Una vez instaladas, algunas pueden intentar acceder a contraseñas, contactos, fotografías y datos financieros. Por ello, sus efectos pueden ir más allá de una pérdida económica inmediata.

Al mismo tiempo, las tiendas y plataformas digitales falsas aprovechan la confianza que generan las marcas y los servicios legítimos para obtener pagos o información personal.

La actividad criminal también se adapta a las tendencias y acontecimientos que concentran la atención de la población. En el contexto del Mundial de 2026, las autoridades alertaron sobre sitios falsos de hospedaje, ofertas fraudulentas de transporte, paquetes turísticos apócrifos y aplicaciones falsas para visualizar partidos.

También advirtieron sobre promociones engañosas y enlaces maliciosos que buscan aprovechar momentos de alta demanda, interés o urgencia para aumentar la posibilidad de que una persona haga clic, descargue una aplicación, entregue información o realice un pago.

SILIKN apuntó que el problema no se limita a las pérdidas económicas, debido a que nombres, números telefónicos, correos electrónicos, datos bancarios, contraseñas, códigos de verificación, fotografías e información sobre compras pueden utilizarse para construir ataques más convincentes y personalizados.

De esta manera, el riesgo puede comenzar antes de que se realice una transacción, desde el momento en que los delincuentes recopilan y utilizan datos personales para preparar un ataque.

Sin embargo, la dimensión real del crimen digital en México no puede medirse mediante una sola cifra nacional, debido a que cada fuente emplea diferentes universos y metodologías.

Mientras el RNIC registra incidentes cibernéticos, la Condusef concentra reclamaciones y posibles fraudes financieros. Por su parte, la Encuesta Nacional de Victimización y Percepción sobre Seguridad Pública (ENVIPE) mide el fenómeno delictivo general mediante una encuesta.

La ENVIPE 2026 estimó que durante 2025 ocurrieron 33.8 millones de delitos y calculó una cifra oculta general de 93.4%. Este porcentaje no corresponde específicamente a los ciberdelitos, pero muestra el problema estructural de subdenuncia y las dificultades para llevar los casos ante las instancias de investigación.

En el entorno digital existe un reto adicional por la necesidad de conservar mensajes, registros, comprobantes de pago, datos técnicos y otras evidencias electrónicas que pueden encontrarse distribuidas entre dispositivos, plataformas, instituciones financieras y diferentes jurisdicciones.

Para 2026, el panorama identificado apunta hacia la continuidad de las campañas de suplantación, el uso de mensajería instantánea, las aplicaciones fraudulentas, el comercio electrónico falso, los fraudes de inversión y el robo de credenciales. También contempla ataques más personalizados mediante información obtenida previamente.

Frente a este escenario, SILIKN consideró necesario fortalecer simultáneamente las capacidades tecnológicas y el factor humano mediante educación y cultura de ciberseguridad, protección de datos personales, mecanismos de denuncia accesibles, investigación especializada y preservación de evidencia digital.

La respuesta también requiere intercambio de información y coordinación institucional, debido a que el crimen digital ya no puede entenderse únicamente como una amenaza contra computadoras o sistemas, sino como un fenómeno que combina tecnología, fraude y manipulación humana.

Por ello, ciudadanos, empresas e instituciones necesitan desarrollar capacidades para detectar y responder a las amenazas antes de que un mensaje aparentemente legítimo termine en una pérdida financiera, una cuenta comprometida o la exposición de información personal.