Antes de convertirse en la voz y rostro del gobierno federal en su cruzada contra el coronavirus, Hugo López-Gatell libraba otra batalla; una de menor perfil pero que, a la luz de la epidemia, se antoja más urgente que nunca. El subsecretario de Prevención y Promoción de la Salud se unió a Twitter en julio de 2019. Con su primer tuit, fechado el día 24 de ese mes, se quitó el sombrero ante la Comisión de Salud de la Cámara de Diputados, donde acababa de aprobarse un dictamen para modificar la NOM-051, que regula el etiquetado frontal de alimentos y bebidas no alcohólicas. Días más tarde, el diario El Economista publicó una entrevista con López-Gatell. En ella, el subsecretario identificó los productos altos en azúcares, sodio, grasas y otros componentes, esos que la nueva NOM-051 buscaría regular con severidad, como “la causa más importante de la epidemia de la obesidad, diabetes y demás enfermedades crónicas asociadas, que incluyen cáncer, hipertensión, la enfermedad cardio y cerebrovascular, en el mundo”. Ocho meses después, el doctor estaría hablando de otra epidemia, surgida aparentemente de la nada y con el poder para devastar economías completas. Lo haría a diario, en vivo y frente a una audiencia de millones que, con el paso de los días, le irían tomando confianza a sus palabras y a sus maneras.
 

Epidemia sobre epidemia

El COVID-19 es un mal que ataca el sistema respiratorio de sus víctimas, pero su poder letal puede ser potenciado por lo que el paciente deja caer en su estómago. López-Gatell y otros funcionarios de la Secretaría de Salud han subrayado en más de una ocasión durante sus conferencias diarias que existe un vínculo fuerte y que no debe ignorarse entre la mala alimentación de los mexicanos y una mayor probabilidad de morir a causa del coronavirus.
En teoría, las personas más vulnerable a los efectos letales del COVID-19 son los adultos mayores de 60 años. Sin embargo, las defunciones registradas por la Secretaría de Salud a apuntan a que el virus está matando a tantas o incluso a más personas de entre 30 y 60 años.
“Un elemento que preocupa en México, a diferencia de Europa, es que en México, como hemos descrito una y otra vez, tenemos una importante proporción de personas adultas jóvenes que tienen complicaciones, y la explicación está en la gran cantidad de personas que viven en México que tienen una o más de estas alteraciones. La más frecuente es la obesidad […] también diabetes e hipertensión”, comentó el subsecretario en su conferencia del 28 de abril.
Las cifras han sido repasadas por López-Gatell en más de una ocasión frente a reporteros en la ahora sala de conferencias de Palacio Nacional: alrededor de la mitad de las muertes que suceden en México por problemas de salud son causadas de algún modo u otro por la mala alimentación, específicamente por el consumo en exceso de sodio, azúcares, grasas y calorías. La llegada de la epidemia de coronavirus a México prendió focos rojos al igual que en todo el mundo, forzando al gobierno a poner en pausa la mayoría de las actividades económicas, escolares, recreativas y sociales de todo el país. Para el subsecretario, el virus es además un llamado de emergencia para atender la otra epidemia, esa que la población mexicana -sobre todo la más pobre- lleva sufriendo por más de una década.
“Esto es el motor principal de la epidemia que hoy no solamente ya causaba la mitad de las muertes, sino que está teniendo un impacto importantísimo en cómo se vive en México la epidemia de COVID“, dijo López-Gatell.
 

¿Quién es el culpable?

A Hugo López-Gatell no le tiembla la voz a la hora de identificar la raiz de la epidemia de diabetes, obesididad y demás enfermedades que ya pesaban sobre México y que empeoró la de por sí grave crisis de salud causada por el coronavirus.
“Hemos dicho explícitamente desde una perspectiva técnica: la alimentación basada en alimentos industrializados, incluyendo las bebidas azucaradas, que tienen un muy bajo o nulo valor nutricional, pero en cambio altísimo poder calórico y a lo largo de varias décadas, ya desde los años ’80. Esto ha sido el motor principal de estas epidemias”, expuso en una de sus conferencias nocturnas.
Desde que la Comisión de Salud dio su visto bueno al dictamen de la nueva NOM-051 en San Lázaro, el subsecretario se unió a la cruzada pública contra la “oferta execiva” de alimentos chatarra y a la promoción de políticas públicas “que modifiquen el tipo de alimentos que están disponibles para las personas que residimos en México”.
https://twitter.com/HLGatell/status/1178743268647079942
En menos de seis meses, el proyecto para modificar el etiquetado frontal de alimentos y bebidas recibió la aprobación de ambas cámaras legislativas y de los comités correspondientes de la Secretaría de Economía y de la Comisión Federal para la Protección contra Riesgos Sanitarios (Cofepris). El primer día de marzo, el empresariado, que teme ver sus ingresos radicalmente reducidos por la nueva política, interpuso un recurso que fue aprobado por tribunales, echando a andar un toma y daca legal que López-Gatell siguió con interés.
 

La batalla pendiente de López-Gatell

Nadie está seguro de cuándo pasará la epidemia del coronavirus ni en qué momento el país entero podrá despertar de su prolongada pausa y encierro. Lo que es casi una certeza es que, una vez que pueda dejar de lado sus conferencias nocturnas sobre cuántos contagios suma el COVID-19, cuántas muertes ha causado en el país y qué estados son los más afectados, Hugo López-Gatell tendrá las manos ocupadas con otra epidemia. El paro de labores gubernamentales también puso en pausa el proceso de implementación del nuevo etiquetado frontal, que se encontraba en curso antes de chocar de lleno -como el resto del mundo- con la pandemia. Una vez reactivado el gobierno, no extrañaría que la nueva NOM-051 avance a paso redoblado, impulsada por el argumento de que menos personas habrían muerto a manos del coronavirus si México no tuviera un severo problema alimenticio. Tampoco extrañará que la IP, posicionada al otro lado de la trinchera, retome sus intentos de diálogo o incluso las cartas legales para evitar que se implemente una política que han descrito -al igual que a varios de sus promotores- como “radical”. A finales de julio de 2019, López-Gatell, comentando para un diario nacional, ya perfilaba cómo será esta batalla entre los intereses del sector público y los del sector privado. El subsecretario advirtió entonces que “un problema de esta magnitud no se puede poner a negociación de actores como la industria de alimentos y las relacionadas con la agroindustria que son una parte interesada, concreta y explícitamente”.   Te puede interesar: Al etiquetado frontal para alimentos, ¿cómo le está yendo en Chile? cach