Mientras México intenta recuperarse de la herida económica dejada por el COVID-19, las solicitudes de refugio se acumulan en las puertas del país.
En la última década, México ha pasado de ser un país de tránsito para solicitantes de asilo que buscan refugiarse en Estados Unidos a un destino cada vez más atractivo para asentarse y construir una nueva vida.
La Comisión Mexicana de Ayuda a Refugiados (Comar) registró mil 296 solicitantes de asilo en 2013. El número casi se duplicó en 2014, y fue escalando con rapidez año con año.
En 2019, 70 mil 426 personas solicitaron asilo en suelo mexicano; es decir, hubo un aumento de más de 5300% en seis años. En 2020, con todo y la pandemia del COVID-19, más de 41 mil personas acudieron al país en busca de refugio.

Todo indica que las cifras seguirán su escalada. La Comar registró 22 mil 606 solicitantes de asilo en el primer trimestre de 2021, la gran mayoría de ellos centroamericanos y caribeños. Tan sólo en marzo, se recibieron más de 9 mil solicitudes. La Comisión estima que el año cerrará con un nuevo récord de entre 80 mil y 90 mil solicitantes.
Las oleadas cada vez más masivas de migrantes en busca de refugio en México pesarán sobre los bolsillos de la Comar, que lleva años instando a las autoridades federales para recibir un presupuesto más robusto que le ayude a manejar los voluminosos flujos de solicitantes.
“La Comar ha tenido un presupuesto que no es robusto, y que, obviamente, mientras más personas están llegando, más precario es […] En el año 2021, ha habido una ligera caída del presupuesto, en condiciones en las que ahora va a llegar muchísima más gente”, declaró Andrés Ramírez Silva, coordinador general de la Comar, en entrevista para Fortuna y Poder.
La historia presupuestal de la Comar ha sido difícil en los últimos años. Con el arranque del sexenio de Andrés Manuel López Obrador (AMLO), sus recursos pasaron de 25 millones de pesos (mdp) en 2018 a 20 mdp en 2019. El presupuesto subió a más del doble en 2020 (47 mdp), pero bajó una vez más en 2021 (44 mdp), año en el que se anticipa un resurgimiento en la llagada de migrantes en busca de refugio.
“Sí es una situación difícil, porque los números son enormes, los que están llegando y están creciendo […] No hay institución que aguante si te llega muchísima más gente de la que normalmente llega”, apuntó Ramírez Silva.
A la Comar no le queda otra opción más que seguir pidiendo más presupuesto. Su coordinador general expuso las necesidades presupuestarias del órgano -que pertenece a la Secretaría de Gobernación- ante la Comisión de Asuntos Migratorios de la Cámara de Diputados, previo a que se aprobara el proyecto para el Presupuesto de Egresos de la Federación de 2021.
Sin embargo, el mismo Ramírez Silva reconoce que la situación es complicada. El gobierno lopezobradorista llegó a Palacio Nacional con una política de austeridad que aplicó a la mayoría de las dependencias y órganos del gobierno federal.
Para colmo, la tormenta económica desatada por el COVID-19 obligó a la federación a ser todavía más severa con su política de austeridad. En abril del año pasado, Presidencia decretó que las oficinas de gobierno se “apretaran el cinturón” para no vaciar las arcas federales en plena crisis económica y sanitaria.
Las esperanzas presupuestarias de la Comar están puestas en su fusión con la Coordinación para la Atención Integral de la Migración en la Frontera Sur (CAIMFS), otro órgano de Gobernación que atiende a migrantes. La combinación de órganos iba a concretarse el año pasado, pero fue frenada por la pandemia. Según Ramírez Silva, podría quedar lista para mayo.
El presupuesto otorgado a la CAIMFS para ejercer en 2021 es de más de 56 mdp. Sumado al de la Comar, los recursos superarían los 100 mdp. Aunque no es seguro que baste para atender los flujos de solicitantes que se esperan este año, es mucho mejor que los 44 mdp con los que cuenta la Comisión al momento.
No obstante, si por alguna razón no se concretara esta fusión, México podría tener en sus manos un problema mayúsculo.
“Sí se podría convertir en una crisis si esta fusión no terminara de hacerse”, comentó Ramírez Silva.
La Comar seguirá intentando que las autoridades federales le suelten más recursos. Dado el contexto de austeridad y el historial presupuestario de años recientes para la Comisión, Ramírez Silva enfrenta una batalla cuesta arriba.
México ya es opción
México ya no es sólo un puente entre Centroamérica y Estados Unidos.
Aunque Estados Unidos sigue siendo “la tierra prometida”, en la última década, México ha adquirido brillo en los ojos de migrantes que huyen de la violencia o de desastres políticos en sus países de origen en busca de una nueva vida.
La lista de nacionalidades que la Comar registra con cada solicitante crece con el paso de los años. A los hondureños se sumaron los nicaragüenses; de los nicaragüenses siguieron los hondureños; luego vinieron los venezolanos; ahora llegan con más frecuencia los cubanos y los haitianos.
En el primer trimestre de 2021, las cinco nacionalidades más comunes entre los solicitantes de asilo fueron: hondureño (11 mil 574 personas), cubano (2 mil 490), haitiano (2 mil 459), salvadoreño (mil 793 y venezolano (mil 317).

Las razones son variadas y complejas, apunta Ramírez Silva; no se puede atribuir el ensanchamiento del flujo de solicitantes que acuden a las oficinas del gobierno mexicano a un único factor.
Para empezar, es menos complicado recibir asilo en México que en Estados Unidos. Son cada vez más las solicitudes que se tramitan en la frontera sur mexicana. Es decir, no se trata sólo de refugiados que rechaza el sistema estadounidense y que prueban suerte en México.
Además, las redes de apoyo y contacto en suelo mexicano crecen con la llegada de más migrantes y refugiados. Reflejando lo que sucede al norte de la frontera, los solicitantes son recibidos por grupos de familiares, amigos o conocidos que facilitan la integración a un país nuevo y la construcción de una nueva vida.
Otros factores son más recientes. Está la crisis del COVID-19, que devastó las de por sí vapuleadas economías de América Latina y El Caribe, agravando las desigualdades en la región y hundiendo a sus habitantes todavía más en la pobreza. Con la pandemia disipándose, el temor al contagio amaina y las fronteras se destraban poco a poco, abriendo oportunidades para huir de la miseria.
A finales del año pasado, la tormenta tropical Eta pasó por Centroamérica, devastando una de las regiones más pobres y peligrosas del continente. En Haití, las tensiones políticas crecen, y con ellas los niveles de violencia en el país.
Hace falta más que presupuesto
La falta de recursos no se siente únicamente en las oficinas de la Comar. A los defensores de derechos humanos que atienden a migrantes y refugiados en albergues cerca de la frontera sur también los arrastra el agujero presupuestal.
Yuriria Salvador, coordinadora de Cambio Estructural den el Centro de Derechos Humanos Fray Matías de Córdova, describe las presiones a ras de suelo, en la ciudad chiapaneca de Tapachula: albergues operando a máxima capacidad, sin indicios de proyectos locales o federales para nueva infraestructura para atender a migrantes y solicitantes de asilo.
Los solicitantes de refugio están obligados por ley a permanecer en el estado donde hicieron la solicitud mientras sus casos transitan los pasillos de la burocracia migratoria. Según datos de la Comar, la gran mayoría de los solicitantes están entrando por la frontera sur, específicamente por Chiapas, una de las entidades más pobres del país.
“Esto [el aumento en las solicitutes] no ha venido acompañado de un proceso de generar infraestructura en términos de acceso a salud, educación, vivienda, trabajo, derechos económicos y sociales con necesidades de protección internacional”, declaró Yuriria Salvador en entrevista.
Pero el problema va más allá de la falta del presupuesto. Salvador identifica una “falta de voluntad política” por parte de las autoridades federales.
El discurso migratorio del presidente López Obrador clama ayuda humanitaria e impulso al desarrollo en las zonas del continente que más expulsan migrantes hacia México y Estados Unidos. Sin embargo, su política se ha caracterizado por ser de mano dura y resguardo de las fronteras, sobre todo en el sur.
A mediados de abril, la Casa Blanca informó sobre un acuerdo logrado con el gobierno mexicano para el despliegue de otros mil elementos del Ejército y la Guardia Nacional con el objetivo de resguardar sus dos fronteras. Ambas entradas al país ya estaban vigiladas por casi 9 mil elementos de seguridad nacional; este nuevo despliegue aumentaría la cifra a 10 mil.
Un mes antes, el Instituto Nacional de Migración (INM) anunció un operativo en la frontera sur para frenar la migración irregular. El comunicado oficial del INM alega que el objetivo del operativo es “salvaguardar los derechos e integridad de menores de edad migrantes […] usados por redes criminales como salvoconducto de tránsito para llegar al norte del país”.
“La respuesta no ha sido desde un enfoque humanitario, sino desde seguir protegiendo a las fronteras y no a las personas”, comentó la trabajadora del CDH Fray Matías.
También hay fallas en las capacidades institucionales básicas. Yuriria Salvador describe un proceso confuso e incluso hosco para los migrantes y solicitantes de asilo que llegan a la frontera sur.
Son recibidos por guardias que generalmente les niegan la entrada a las instalaciones del INM, incluso si lo hacen a través de uno de los puntos de acceso formal. Por lo mismo, es común que los migrantes intenten ingresar nuevamente, esta vez por puntos de acceso irregular, mediante balsas y otros métodos de alto riesgo.
Si logran acceder a las oficinas del INM, corren el riesgo de ser rechazados nuevamente sin poder presentar una petición de refugio. Los funcionarios de la Comar, que tendrían que recibir y atender a los solicitantes, no se encuentran en los puntos de acceso al país en la frontera sur.
“Creo que más que si el Estado tiene la capacidad de responder o no, creo que aquí la gran pregunta es si quiere responder o no, y esa pregunta, por una parte, se responde con las prácticas que vemos”, apunta Salvador con pesar.
Para los trabajadores de albergues, casas de migrantes y defensores de derechos humanos, la situación no es novedad. Es una realidad que enfrentan desde hace años. En lo que llega más presupuesto, se levanta más infraestructura y se afinan los protocolos de atención a migrantes y refugiados, no les queda otra opción más que seguir trabajando.
¿Cómo se alivia una crisis de refugiados?
Las presiones de una posible crisis de refugiados se sienten en México, pero el problema es de talla internacional.
Con albergues y centros de procesamiento atiborrados en la frontera entre México y Estados Unidos, las autoridades de ambos países no pueden negar la realidad ni la magnitud del problema que continúa hinchándose en la puerta de sus respectivos territorios.
El presidente Andrés Manuel López Obrador (AMLO) lleva años intentando impulsar una estrategia de lo que describe como un combate a las raíces del problema migratorio y de refugiados en el sur de México y el llamado Triángulo Norte de Centroamérica: la pobreza extrema, la desigualdad, la falta de oportunidades, desastres naturales y los altísimos niveles de violencia tanto criminal como política en la región.
La Casa Blanca también reconoce que la solución del problema requerirá algo más que muros y centinelas fronterizos. La administración del ex presidente Donald Trump se comprometió a invertir 2 mil millones de dólares (mdd) en la región para aliviar las causas de la crisis migratoria. Sin embargo, los recursos no llegaron.
El nuevo gobierno estadounidense, encabezado por Joe Biden, propuso a su Congreso dedicar 861 mdd de su presupuesto para el próximo año a inversiones en el sur de México y el Triángulo Norte de Centroamérica. Esto formaría parte de una inversión a largo plazo que alcanzaría los 4 mil mdd. Además, encomendó a su vicepresidenta, Kamala Harris, llevar la labor diplomática con el gobierno mexicano y de países centroamericanos para solucionar la crisis migratoria.
Las piezas parecen estar moviéndose. Para Ramírez Silva, sin embargo, el panorama es sombrío, al menos por ahora.
“A nivel muy personal, no veo que esto vaya a cambiar”, dijo.
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