Pese a los altibajos que existen en la economía mundial, el peso mexicano se mantiene ‘fortachón’ y con uno de los mejores comportamientos a nivel global.

De acuerdo con Banco Base, el tipo de cambio alcanzó niveles no vistos desde marzo de 2020, al cotizar por debajo de 20 unidades por dólar.

En lo que va del año acumula una apreciación de 5.61 por ciento y es la segunda divisa más apreciada entre los principales cruces del billete verde.

El tipo de cambio bajó en días recientes a 19.25 pesos por dólar, ubicándose debajo de sus promedios móviles de 50, 100 y 200 días, señaló la economista en jefe del banco, Gabriela Siller.

Ello implica que el peso cotiza en niveles no vistos desde marzo de 2020, antes que la Organización Mundial de la Salud declarara al Covid-19 como pandemia. 

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El nivel mínimo alcanzado en ese mes, marzo de 2020, fue de 19.1863 pesos, por lo que se toma como un nivel técnico importante, que con mayor probabilidad será respetado por el mercado, pues un tipo de cambio debajo de ese nivel implicaría una cotización prepandemia. 

“Es importante recordar que el mercado cambiario es profundo y de acuerdo con la última encuesta trienal del Banco de Pagos Internacionales (BIS), el volumen de operación global del peso mexicano se ubica en 114 mil millones de dólares por día”, señala el documento.

Solo para efectos de comparación, dijo Siller, el flujo de exportaciones de México correspondiente al mes de septiembre anualizado es de 628 mil millones de dólares, equivalente a lo que se opera en el mercado cambiario global en cinco días y medio. 

Lo anterior es solo un promedio, pero sirve para comprender que los ajustes especulativos en el mercado cambiario son muy relevantes y pueden ocasionar movimientos del tipo de cambio en el corto plazo, de forma independiente a lo que esté ocurriendo con las exportaciones, remesas, inversión directa e inversión de cartera. 

¿Cuáles son las vitaminas que mantienen ‘fortachón’ al peso? 

El grupo financiero señaló que existen varios enfoques de determinación: 

Modelo de flujos. Señala que las fluctuaciones del tipo de cambio tienen como objeto equilibrar la oferta y demanda de divisas, que están a su vez determinadas por flujos de comercio internacional. 

En otras palabras, el tipo de cambio se encarga de mantener en equilibrio la balanza de pagos, compensando los desbalances de la cuenta corriente. 

Este enfoque fue muy popular en la década de 1970, cuando inició el sistema monetario internacional de tipo de cambio flexible, tras el sistema de Bretton Woods.

Aplicado a la coyuntura, el enfoque de flujos puede explicar la apreciación del peso, pues los flujos de dólares por conceptos de exportaciones, transferencias (remesas) e inversión extranjera directa, muestran un crecimiento sólido, alcanzando máximos históricos en el caso específico de las exportaciones y remesas.

Enfoque de activos. A partir de la década de 1980, los países comenzaron a abrir sus puertas para recibir inversión de cartera de extranjeros. 

Estos inversionistas tenían que pasar por el tipo de cambio para poder invertir su divisa en el instrumento local. Lo anterior dio paso al enfoque de activos de determinación del tipo de cambio, en donde el mercado está enfocado en el futuro, en las expectativas y en equilibrar las tasas de rendimiento (ajustado por riesgo) de activos denominados en diferentes divisas. 

Si se espera que el rendimiento sobre los activos en pesos sea más alto con relación a los denominados en dólares, existirá mayor demanda por activos en pesos. 

El modelo implica que el tipo de cambio en el corto plazo se moverá de tal forma que la rentabilidad esperada de dos activos financieros (tasa local y tasa extranjera) se igualen. 

Finalmente, las expectativas de una apreciación de la moneda local elevan la rentabilidad esperada de activos locales y, por lo tanto, ocasionan un fortalecimiento de la moneda local.

Microestructura. Otro enfoque que también explica la apreciación del peso es el de microestructura, en donde la determinación del tipo de cambio está dada por las preferencias del mercado en el corto plazo. 

Estas preferencias pueden darse a través de inversión en la divisa directamente. Desafortunadamente, las divisas no son un activo financiero, por lo que los movimientos entre países no alcanzan a entrar en la balanza de pagos, más que en la cuenta de cuadre llamada errores y omisiones. 

Esta cuenta, incluye los movimientos de divisas que están dentro de la economía legal o que no se alcanzaron a capturar dentro de las otras cuentas. 
FP