El peso mexicano registró una depreciación semanal de 0.01%, menos de un centavo, con lo que el tipo de cambio interbancario cerró en 17.3187 unidades por dólar. Este viernes, la moneda nacional perdió 0.39% o 6.6 centaos respecto a la sesión previa, de acuerdo con datos del Banco de México (Banxico).

La ligera depreciación semanal se presenta después de que el peso acumuló dos semanas consecutivas de avances, periodo en el que registró una ganancia de 4.52%.

A pesar de este movimiento, la caída del peso ocurrió en un entorno de debilidad para el dólar estadounidense, cuyo índice ponderado retrocedió 0.49% en la semana, con lo que la divisa estadounidense ligó tres semanas consecutivas a la baja, acumulando una pérdida de 2.16% en ese lapso.

Este comportamiento se da en un contexto donde los mercados han reducido la demanda por activos refugio, ante la disminución de tensiones geopolíticas en Medio Oriente.

De acuerdo con Banco BASE, el optimismo en torno a las negociaciones entre Estados Unidos e Irán ha cobrado fuerza en días recientes, luego de que Donald Trump señalara que un acuerdo para poner fin al conflicto se encuentra “prácticamente cerrado” y podría concretarse en el corto plazo, incluso con avances hacia la suspensión indefinida del programa nuclear iraní.

En este entorno, la presión bajista sobre el dólar se intensificó hacia el cierre de la semana, tras el anuncio de Irán sobre la reapertura del estrecho de Ormuz al tránsito de embarcaciones comerciales durante la vigencia del alto al fuego, medida que posteriormente fue confirmada por Trump.

Adicionalmente, el mandatario afirmó que Irán habría accedido a no volver a cerrar esta vía estratégica, lo que reduce el riesgo de que sea utilizada nuevamente como herramienta de presión geopolítica.

No obstante, Banco BASE subrayó que persisten factores de cautela. Si bien la reapertura del estrecho representa un avance relevante —considerando que por esta vía transita cerca del 20% del petróleo y gas natural licuado a nivel mundial—, su operación plena depende de la evolución de las բանակցaciones y de la continuidad del alto al fuego. Además, Irán ha advertido que podría cerrar nuevamente el paso si continúa el bloqueo estadounidense, mientras que participantes del mercado cuestionan la rapidez con la que podrían normalizarse los flujos de energéticos.

En conjunto, la combinación de menores riesgos geopolíticos, la corrección a la baja en precios de energía y la expectativa de un posible acuerdo entre Estados Unidos e Irán ha favorecido un entorno de mayor apetito por riesgo, presionando al dólar a la baja”, mencionó la institución financiera.

Asimismo, la baja en los precios de los energéticos ha generado expectativas de que el incremento en la inflación general no sea tan elevado como se anticipaba, lo que podría llevar a los bancos centrales a replantear su postura de política monetaria.

Para el caso de la Reserva Federal, el mercado comienza a incorporar la posibilidad de recortes en la tasa de interés durante el año, un escenario que antes del anuncio de la reapertura del estrecho de Ormuz no se contemplaba, incluso ante la posibilidad previa de un incremento. La expectativa de recortes contribuye a la debilidad del dólar estadounidense.

Durante la semana también destacó la publicación de la inflación al productor en Estados Unidos, que se ubicó en 0.51% en marzo, por debajo de la expectativa del mercado de 1.13%, aunque se mantiene en niveles elevados.

El repunte se explicó por el componente de energía, que registró una inflación mensual de 8.46%, la mayor desde junio de 2022, lo que llevó a la inflación anual del productor de energía a 11.21%, su nivel más alto desde noviembre de 2022. Con ello, la inflación al productor a tasa anual se ubicó en 4.02% en marzo, acelerándose por segundo mes consecutivo y alcanzando su mayor nivel desde febrero de 2023.

Por otro lado, el Fondo Monetario Internacional (FMI) actualizó sus perspectivas para la economía global, manteniendo un tono moderadamente cauteloso. Para 2026, estima un crecimiento de 3.1%, lo que implica una revisión a la baja de 0.2 puntos porcentuales, mientras que para 2027 mantuvo sin cambios su previsión en 3.2%.

En el caso de México, el organismo proyecta un crecimiento de 1.6% en 2026, con una revisión al alza de 0.1 puntos porcentuales, y para 2027 también ajustó al alza su estimación en 0.1 puntos, ubicándola en 2.2%.

Para Estados Unidos, el crecimiento esperado en 2026 se ajustó ligeramente a la baja en 0.1 puntos, a 2.3%, mientras que para 2027 se revisó al alza en 0.1 puntos, a 2.1%, reflejando una expectativa de desaceleración gradual.

En materia inflacionaria, las revisiones apuntan a presiones más persistentes en el corto plazo. Para México, la inflación esperada en 2026 se ubica en 3.9% anual promedio, revisada al alza desde el 3.3% previo, mientras que para 2027 se prevé una desaceleración a 3.4%.

En contraste, el Banco de México mantiene una perspectiva más optimista, con estimaciones de inflación promedio de 3.6% para 2026 y 3.0% para 2027, cifras publicadas antes del anuncio sobre la apertura del estrecho de Ormuz.

En el ámbito local, el secretario de Economía, Marcelo Ebrard, sostuvo una reunión con el Consejo Coordinador Empresarial para preparar la segunda ronda de conversaciones con la Oficina del Representante Comercial de Estados Unidos.

Ebrard indicó que México ha dejado clara su postura ante Estados Unidos: evitar la imposición de aranceles y dar continuidad al acuerdo comercial. Asimismo, señaló que en las próximas reuniones será necesario avanzar en temas de cadenas de suministro, con el objetivo de sustituir importaciones provenientes de Asia.

Se prevé que el representante comercial de Estados Unidos, Jamieson Greer, viaje a México en el marco de la revisión del T-MEC, con una reunión programada el lunes con la presidenta Sheinbaum y el propio secretario Ebrard.

ja