El peso mexicano registró una depreciación semanal de 0.95% o 16.9 centavos, con lo que el tipo de cambio interbancario cerró en 17.9489 unidades por dólar, de acuerdo con datos del Banco de México (Banxico). Este viernes, la moneda nacional retrocedió 0.58% o 10.4 centavos respecto a la sesión previa.

La depreciación del peso se produjo en paralelo con un fortalecimiento del dólar de 1.11%, según el índice ponderado. De esta forma, la divisa estadounidense avanzó por segunda semana consecutiva y acumuló un incremento de 2.46% en ese periodo.

De acuerdo con Banco BASE, el fortalecimiento de la moneda estadounidense responde a un aumento en la aversión al riesgo asociado al conflicto bélico en Irán. Durante la semana del 9 al 13 de marzo de 2026, la confrontación entre Estados Unidos, Israel e Irán continuó intensificándose, lo que la consolidó como el principal factor de riesgo para los mercados financieros globales.

La institución financiera señaló que el conflicto ha elevado la incertidumbre en los mercados, particularmente por su posible impacto en la oferta energética mundial, debido al papel estratégico del estrecho de Ormuz, por donde transitaba cerca del 20% del comercio mundial de petróleo.

Ante el riesgo de bloqueos prolongados en el suministro energético, diversos gobiernos y organismos internacionales comenzaron a implementar medidas para amortiguar el impacto económico. En este contexto, la Agencia Internacional de Energía anunció la liberación coordinada de aproximadamente 400 millones de barriles de petróleo provenientes de reservas estratégicas.

La decisión representa la mayor liberación de reservas en la historia de la organización y busca compensar la reducción en la oferta global de crudo. Sin embargo, los 400 millones de barriles podrían compensar el déficit de oferta únicamente durante 19 días. Una vez transcurrido ese periodo, el precio del petróleo podría enfrentar presiones adicionales al alza, derivadas de una menor disponibilidad de crudo y de la reducción en las reservas estratégicas.

Este incremento en los precios de la energía tiene implicaciones importantes para la inflación global. Los energéticos son un insumo clave para el transporte, la producción industrial y la agricultura, por lo que un aumento sostenido en su precio tiende a transmitirse a los costos de alimentos y otros bienes”, mencionó BASE.

La entidad financiera también destacó que existe una fuerte correlación entre los precios del petróleo (WTI) y los precios internacionales de alimentos, debido a que el maíz se utiliza para la producción de etanol.

Asimismo, diversos fertilizantes se derivan del petróleo y del gas natural, lo que encarece el proceso de cultivo de productos agrícolas y de granos destinados a la alimentación de ganado.

En el caso de México, BASE indicó que se anticipan presiones inflacionarias, ya que los precios al consumidor de gas LP, gas natural y gasolinas de alto y bajo octanaje son sensibles a las variaciones de los precios internacionales de materias primas.

Aun y cuando los precios internacionales de la gasolina se mantengan estables el resto de la primera quincena de marzo (no siguen subiendo, pero tampoco se corrigen a la baja) se registrarían presiones inflacionarias.

Un impacto de la inflación de energéticos de 1% quincenal en la primera mitad de marzo (cerca de 1/3 del impacto estimado por el alza en precio de gasolina de referencia de Estados Unidos), puede impulsar la inflación no subyacente a 3.7% anual y la inflación general a 4.3% en el mismo periodo”, expuso.

En este contexto, durante la semana el gobierno anunció un acuerdo para que el precio de la gasolina magna no supere los 24 pesos por litro. Este objetivo podría alcanzarse mediante subsidios a mayoristas, la reducción del IEPS a combustibles o ajustes en el margen de los distribuidores.

No obstante, en la semana que concluye no se aplicó estímulo fiscal al IEPS para ningún tipo de gasolina, por lo que los consumidores pagaron la cuota completa del impuesto.

BASE añadió que ante las presiones inflacionarias no se pueden descartar incrementos en las tasas de interés. Bajo este escenario, los consumidores enfrentarían mayores costos financieros, lo que reduciría el ingreso disponible y podría frenar el crecimiento económico.

Para el caso de México, se prevé que la Junta de Gobierno recorte la tasa de interés en dos ocasiones durante el año, movimiento que reduciría el diferencial de tasas entre México y Estados Unidos, situación que podría generar presiones adicionales al alza para el tipo de cambio.

ja