Una divisa digital no es lo mismo que una criptomoneda.
Aunque parecen salidas de un relato de ciencia ficción, las criptomonedas son una realidad que se está abriendo paso en las mareas de los mercados, generando olas que sacuden las posibilidades del mismo.
Las divisas digitales, aunque menos comunes, son una abstracción que se concreta cada vez más en los planes de bancos centrales y otros reguladores del sistema financiero.
Pero, ¿cuál es la diferencia?
El detalle está en la regulación, de acuerdo con Gabriela Siller Pagaza, directora de Análisis Económico y Financiero de Banco BASE. Mientras que las criptomonedas dependen de un proceso de “minería digital” a través de un sistema peer-to-peer en el que no intervienen entidades financieras ni reguladores, las divisas digitales están vinculadas a instituciones financieras de gobierno.
“[Una divisa digital] es solamente un cambio de tener en físico a tenerlo de manera digital, pero sería igualmente emitida y administrada esta oferta monetaria, en el caso del dólar, por la Fed. Mientras que en el caso del bitcoin siguen estando atados a este proceso de minería”, explicó el miércoles en entrevista con Fortuna y Poder.
Las criptomonedas son activos digitales creados específicamente para existir al margen del sistema financiero tradicional, fuera del alcance de los reguladores. Así lo señala el documento con el que se fundó la idea del bitcoin, el criptoactivo más popular del mundo.
“Una versión electrónica del efectivo con un sistema puramente peer-to-peer permitiría que los pagos en línea fueran enviados directamente de una entidad a otra sin pasar por una institución financiera”, se lee en el texto.
Esta misma falta de regulación ha hecho del bitcoin y otros criptoactivos tanto famosos como infames. Por un lado, da una mayor libertad y privacidad para transacciones, pero también significa que el sistema y las divisas pueden ser utilizada para efectuar actos ilegales, como compra y venta de narcóticos, armas, e incluso personas.
La falta de regulación también hace de estos activos extremadamente volátiles. Su valor fluctúa con facilidad, generando utilidades increíbles pero también pérdidas abismales, hecho que los vuelve muy atractivos o un espanto, dependiendo del carácter de cada inversionista.
Una divisa digital, en cambio, sería regulada por bancos centrales, como cualquier otra moneda. El dólar digital, por ejemplo, sería emitido y controlado por la Reserva Federal de Estados Unidos (Fed); el peso digital provendría y estaría en manos del Banco de México (Banxico).
A la fecha, no hay bancos centrales que emitan divisas digitales. Sin embargo, varios están paladeando la posibilidad. El Banco Central de Inglaterra fue uno de los pioneros en el tema; la Fed está considerando la emisión de un dólar digital, y los bancos centrales de China, Venezuela, Tailandia, Uruguay, Suecia y otros países también lo están pensando. Grupo Financiero Citibanamex recomendó a Banxico hacer lo mismo.
De acuerdo con un estudio del banco central inglés, los beneficios serían varios, entre los que se cuentan el freno a la emisión de más monedas digitales por parte de empresas privadas, la construcción de un sistema de pagos internacional más efectivo, mejoras en el sistema de pagos digitales y atajar los problemas que podrían venir con las bajas en las reservas de efectivo.
El Consejo Atlántico -un grupo de analistas estadounidenses- considera que las divisas digitales también podrían reducir los costos de producción y manejo del dinero físico, impulsar la inclusión financiera y facilitar el flujo de la política monetaria de cada banco central.
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