Una nueva huelga, esta vez de los empleados del sector petrolero, amenaza con provocar paralizaciones en Brasil, donde algunos camioneros rechazan desmovilizar los masivos paros iniciados el pasado día 21, a pesar de la reducción del precio del diésel por medio de la eliminación de impuestos. Los principales sindicatos y federaciones de empleados del sector petrolero anunciaron que comienzan este miércoles un paro de 72 horas que podría afectar severamente la producción de crudo y productos refinados. Al menos 20 plataformas tuvieron su producción impactada por causa del paro, según fuentes sindicales. Ello a pesar de que anoche el Tribunal Superior del Trabajo de Brasil prohibió la huelga, al estipular que era “política” y no reivindicativa de derechos, e impuso multas de 500,000 reales al día (unos 134,000 dólares) a los que la incumplan. Los petroleros protestan por lo que consideran la pérdida de derechos en la estatal Petrobras, y piden que el presidente de la empresa, Pedro Parente, sea destituido por estar “destruyendo” la compañía. Esta nueva huelga no se produce en un momento cualquier para Brasil: decenas de miles de camioneros han paralizado sectores de la economía con la huelga que desde el 21 de mayo llevan a cabo para exigir la bajada de los precios del diésel, que acumulaba una crecida cercana al 10% desde inicios del año. El gobierno del presidente Michel Temer, muy criticado por la gestión y considerado por analistas como “débil”, logró desde la víspera comenzar a desmovilizar a los camioneros, responsables de mover cerca del 60 por ciento de los bienes en un país de tamaño continental y carácter exportador. Sin embargo, miles de camioneros mantienen paros en más de 600 puntos del país, y exigen ahora la caída de Temer para volver al trabajo, mientras el combustible, los alimentos frescos y la normalización de los precios retorna paulatinamente a las grandes ciudades. Los trastornos de la huelga de camioneros, que podría verse secundado y agravado por la de petroleros iniciada este día, han sido numerosos, con filas kilométricas en gasolineras, cientos de escuelas cerradas y transporte público en servicios mínimos. Sin embargo, una encuesta publicada este miércoles indica que 87% de los brasileños apoya la movilización.