Los días siguen corriendo, pero la primera ministra de Reino Unido, Theresa May, no logra que sus colegas en el Parlamento británico acepten un acuerdo de transición para el Brexit. Durante su mensaje a los miembros del Parlamento el lunes, Theresa May expresó su frustración y descontento ante la falta de apoyo para que se vote a favor de un acuerdo de transición para el divorcio político, legal y comercial entre el Reino Unido y la Unión Europea. Los reclamos de May sucedieron horas antes de que sus colegas voten sobre si tomar el control de la agenda parlamentaria el miércoles, lo cual les daría la oportunidad de considerar otras opciones además de una tercera votación para un acuerdo de transición o un Brexit sin acuerdo. Dichas opciones incluyen mantener al Reino Unido dentro de la unión aduanera de Europa, organizar un segundo referéndum e incluso echar para atrás el proceso de separación. La primera ministra se mostró escéptica ante este voto, indicando que puede que no dé resultados y que además establezca un precedente peligroso.
“Debo confesar que soy bastante escéptica ante ese procedimiento [de votación], que ya hemos ensayado sin éxito en otras ocasiones en nuestra historia. Es muy probable que acabe produciendo resultados contradictorios, o lo que es peor, ningún tipo de resultado. Y establecerá un desafortunado precedente que acabará con el equilibrio mantenido hasta ahora ente nuestras instituciones democráticas”, dijo May ante la asamblea.
Además, la funcionaria subrayó que incluso si los legisladores ingleses llegan a un acuerdo respecto a las otras opciones existentes para el Brexit, eso no garantiza que los del Consejo Europeo vayan a darle su visto bueno. El pasado jueves, miembros del Consejo Europeo concedieron a la administración de May una prórroga para el Brexit, cuya fecha límite original era el 29 de marzo de este año. La primera ministra pidió que la fecha se extendiera hasta el 30 de junio, pero los miembros del Consejo dijeron que lo más que podían prolongar el proceso por el momento era hasta el 22 de mayo, si se votaba a favor de un acuerdo de transición en el Parlamento inglés. Si no había acuerdo, el Brexit tenía que suceder a más tardar el 12 de abril. El proceso de negociación ha sido difícil para May, quien ha tenido que lidiar con los miembros del ala euroescéptica de la Casa de los Comunes. Estos ya han rechazado dos de sus propuestas de transición, indicando que no tienen intención de aceptar una tercera si no se hacen “cambios sustanciales” a la oferta de divorcio entre ambas partes. Mientras tanto, la primera ministra se niega a que suceda un Brexit sin acuerdo de transición, y menos aún a que el proceso se eche para atrás.
 “A menos que esta Casa [de los Comunes] así lo acuerde, no habrá un Brexit sin acuerdo; quedarnos sin Brexit no es una opción; y un Brexit lento, el cual extendería el proceso más allá del 22 de mayo, obliga a los británicos a votar en las elecciones europeas, dando control sobre nuestro dinero, leyes, fronteras y comercio, un tipo de Brexit que no uniría a los ciudadanos británicos”.
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