En las economías modernas, las ciudades pueden ser motores formidables de productividad y crecimiento económico. Al reunir a personas y empresas en estrecha proximidad geográfica, las ciudades facilitan la producción, la innovación y el comercio. De acuerdo con un estudio del Banco Mundial, históricamente, la urbanización ha acompañado la transformación productiva de las economías que ha traído consigo la disminución del empleo agrícola de baja productividad y la expansión de las manufacturas y los servicios de alta productividad. La caída de los costos del transporte, al facilitar el comercio (tanto entre ciudades como entre ciudades y zonas rurales), ha acelerado este proceso y ha estimulado aún más tanto la urbanización como el desarrollo. Hoy, casi tres cuartas partes de la población de América Latina y el Caribe -esto es, 433 millones de personas- viven en las 7,197 ciudades de la región. Algunas son megaciudades, como Sao Paolo y Ciudad de México, con aproximadamente 20 millones de habitantes cada una. Otras son pequeños asentamientos en la zona gris que existe entre lo urbano y lo rural. Algunas ciudades se remontan a tiempos precoloniales (Bogotá, Cuzco, Ciudad de México). Otras fueron establecidas por los conquistadores españoles y portugueses durante la época colonial (Asunción, Buenos Aires, São Paulo) o por los países recién independizados en tiempos poscoloniales (La Plata). Y otras ciudades, como Brasilia y Puerto Ordaz, se establecieron hace algunas décadas. La productividad de las ciudades de LAC alcanza el nivel promedio mundial, pero está rezagada con respecto a la frontera de la productividad mundial, que es donde los hacedores de política de LAC desean que sus ciudades se sitúen. ¿A qué se debe el fracaso de las ciudades de LAC en alcanzar la frontera global? En primer lugar, aunque las ciudades de LAC se benefician de fuertes efectos positivos de la aglomeración asociados con la habilidad, puede que carezcan del “entorno propicio” necesario para aprovechar plenamente todos los beneficios de la aglomeración y mitigar los costos de congestión. Por lo tanto, puede que la gestión de la infraestructura urbana y el planeamiento urbano no sean los adecuados para frenar la congestión de las carreteras, de los servicios urbanos básicos y de los mercados del suelo y de viviendas que está asociada con la alta densidad urbana en la mayoría de los países de LAC. Parte de este problema es la coordinación inadecuada entre los gobiernos locales dentro de las áreas metropolitanas fragmentadas, añade el Banco Mundial. En segundo lugar, la falta de integración entre las ciudades dentro de los países está relacionada con la falta de inversión en las redes nacionales de transporte, que abre amplias brechas de productividad entre las ciudades y socava su contribución agregada a la productividad nacional. La evidencia también muestra que el capital humano es una fuente fundamental de productividad en todas las ciudades de LAC, pero los individuos más calificados (que dan cuenta de un porcentaje menor de la fuerza laboral que, por ejemplo, en Estados Unidos) también se concentran fuertemente en las ciudades más grandes. Esto hace que resulte prioritario cerrar el déficit de habilidades de la región en relación con los países más desarrollados y garantizar que tanto las ciudades pequeñas como las grandes puedan ser lugares atractivos para que los individuos más calificados vivan y trabajen. Invertir en infraestructura, transporte y capital humano en ciudades de todos los tamaños, así como desarrollar instituciones eficientes de gobernanza local, será por tanto crucial para elevar el nivel de productividad en las ciudades de la región y, en última instancia, también en los países de la región. La proximidad de personas y empresas en las ciudades puede generar muchos beneficios. La concentración de individuos, en especial de los más calificados, puede facilitar el intercambio de ideas y conocimiento, impulsando así la innovación y la productividad. Las empresas ubicadas en una ciudad disfrutan del privilegio de tener acceso a un gran mercado local, que también puede estar bien conectado con los mercados de las ciudades cercanas. El acceso a un mercado más amplio puede fomentar una mayor variedad de productos y servicios, muchos de los cuales son insumos para la producción de otras empresas. Sin embargo, las ciudades también dan lugar a efectos de congestión negativos. A medida que crece la cantidad de personas y empresas dentro de una ciudad, también crece la demanda de suelo, viviendas y mano de obra, lo que aumenta los costos de vida y de la actividad empresarial. Al no haber inversiones adicionales en infraestructura o mejoras en las políticas y la gestión urbanas, la ciudad se congestiona, las carreteras y otras infraestructuras públicas se llenan más y la delincuencia y contaminación se vuelven más frecuentes. Todas las ciudades están sujetas a las fuerzas opuestas de aglomeración y congestión, pero sus resultados netos dependen, al menos en parte, de la medida en que el entorno urbano estimula los efectos beneficiosos de la aglomeración y mitiga los efectos negativos de la congestión. OC