Estados Unidos colocó a México entre los principales países de riesgo para el transbordo de mercancías vinculadas a China, como parte de una red internacional que, de acuerdo con un informe del gobierno estadounidense, permite el ingreso de productos chinos al mercado estadounidense mediante terceros países para reducir o evadir los aranceles aplicables.

El documento, denominado La gran estafa del transbordo, ubicó a México dentro del Nivel 1 de la llamada “Red de Transbordo en las Sombras”, junto con Canadá, la Unión Europea, India, Israel, Japón, Corea del Sur y Taiwán. Este grupo incluye a países con grandes volúmenes de comercio relacionado con China y bases industriales diversificadas, por lo que el riesgo de transbordo se encuentra mezclado con flujos comerciales legítimos.

Según el informe, la práctica consiste en redirigir mercancías desde China a través de terceros países, donde pueden realizarse actividades como procesamiento limitado, reetiquetado, reempaque, refacturación o modificaciones en la documentación para generar la apariencia de un nuevo país de origen.

Para el gobierno estadounidense, el fenómeno se intensificó después de que el presidente Donald Trump impuso en 2018 aranceles bajo la Sección 301 a productos chinos.

A partir de entonces, sostiene el documento, los exportadores de China comenzaron a adaptar sus operaciones para evitar el impacto de esas medidas, trasladando parte de sus mercancías hacia jurisdicciones con menores cargas arancelarias.

En el caso de México, el informe advierte que el incentivo aumenta cuando las mercancías chinas pueden ingresar a Estados Unidos con un arancel menor mediante una declaración indebida de origen mexicano y, particularmente, cuando buscan obtener tratamiento preferencial bajo el T-MEC.

Si los bienes vinculados a China se pueden enrocar a través de México o Canadá y hacer que parezcan elegibles para el T-MEC, el arancel puede caer a cero o cerca de cero”, señala.

Cabe mencionar que, para dimensionar el fenómeno, la Oficina de Análisis Económico y de Comercio (OTEA) del Departamento de Comercio de Estados Unidos utilizó datos aduaneros a nivel de transacción y una metodología que únicamente considera como transbordo aquellos casos en los que un producto con coincidencia exacta de código HS8 fue importado desde China y posteriormente exportado a Estados Unidos desde la misma región local durante el mismo trimestre.

Con este criterio, OTEA estima que aproximadamente 67,000 millones de dólares en bienes con destino a Estados Unidos fueron transbordados desde China a través de México, India y Vietnam durante 2025, lo que habría generado una pérdida estimada de 28,000 millones de dólares en ingresos arancelarios.

El informe considera que esta estimación representa una verificación de otras mediciones más amplias incluidas en el documento, aunque reconoce que las distintas metodologías producen resultados diferentes. En el extremo superior, una estimación de Altana calcula en 303,000 millones de dólares la exposición anual potencial a transbordos ilegales con destino a Estados Unidos.

El propio documento señala que la cifra de Altana utiliza un análisis más amplio de las cadenas de suministro, basado en relaciones entre instalaciones, por lo que puede incluir mercancías sujetas a una transformación sustancial o a rutas logísticas legítimas. Por ello, la considera un límite superior y no una medición equivalente a la estimación de OTEA.

Es importante señalar que el informe vincula a México con corredores específicos de producción y comercio. Entre ellos menciona el corredor Guanajuato-Querétaro, al que relaciona con motores eléctricos, generadores, transformadores y convertidores estáticos correspondientes a los códigos HS 8501-8504.

De acuerdo con el documento, estos flujos se encuentran entre los corredores de productos considerados de riesgo de transbordo y se relacionan con industrias estadounidenses dedicadas a la fabricación de motores y componentes.

La preocupación de Estados Unidos no se limita a la pérdida de ingresos arancelarios y el informe sostiene que el ingreso de mercancías vinculadas a China mediante terceros países también puede afectar la producción manufacturera estadounidense, el empleo, el Producto Interno Bruto (PIB) y los ingresos fiscales federales.

Para estimar el posible impacto sobre el empleo, el documento adopta como supuesto 6,000 empleos estadounidenses desplazados por cada 1,000 millones de dólares de aumento en el déficit comercial asociado con el transbordo ilegal.

Ante este escenario, el gobierno estadounidense plantea reforzar la vigilancia mediante una “Frontera Detective” habilitada con inteligencia artificial, diseñada para analizar datos del comercio mundial, detectar patrones de rutas considerados anómalos, verificar la capacidad productiva de los países exportadores y dirigir las acciones de fiscalización hacia los casos con mayor probabilidad de incumplimiento.

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