Con Donald Trump prácticamente fuera de la Casa Blanca, el gobierno de China ve renovadas sus esperanzas de volver a una relación bilateral menos hostil con Estados Unidos. El ministro de Relaciones Exteriores chino, Wang Yi, comentó el sábado que, con la victoria de Joe Biden en la carrera presidencial, ambos países han llegado a una nueva encrucijada que abre brecha para restaurar una relación que se caracterizó en los últimos cuatro años por dimes y diretes, choques y amenazas.
“En años recientes, la relación China-EU ha topado con dificultades sin precedentes […] La relación entre China y EU ha alcanzado una nueva encrucijada, abriendo paso a nuevas esperanzas. Esperamos que la siguiente administración estadounidense retome un enfoque sensible, restaure el diálogo con el gobierno chino, reestablezca la normalidad en el diálogo bilateral y reinicie la cooperación”, dijo Wang Yi en entrevista para CGTN, la cadena televisiva del gobierno en Pekín.
Wang Yi caracterizó la relación sino-estadounidense de los últimos cuatro años como una dominada por malinterpretaciones” por parte de funcionarios de Washington sobre el carácter de sus homólogos en Pekín, lo cual echó a andar lo que describió como una “dañina y nueva Guerra Fría”. Desde que se encontraba en campaña, Donald Trump puso la mira sobre China, a la que señaló como el principal rival a la hegemonía estadounidense, sobre todo en términos de influencia económica, cultural y comercial. Ya en la Casa Blanca, Trump y su administración pusieron en marcha una campaña en contra del gobierno chino, golpeándolo con señalamientos en contra de sus prácticas comerciales, el manejo de su propia moneda, el trato de sus propios ciudadanos y, este año, su manejo de la pandemia del COVID-19. También lanzaron en varias ocasiones misiles arancelarios, iniciando una guerra comercial que sacudió a los mercados internacionales y distorsionó a toda la cadena global de suministros. A principios de 2020, ambas partes firmaron la primera fase de lo que se perfilaba sería un macro-acuerdo comercial que pondría fin a su conflicto. Sin embargo, el estallido de la pandemia del COVID-19 (que brincó desde la región central de China hacia el resto del mundo) encendió de nuevo las tensiones entre los dos titanes de la economía global y echó por la borda los planes para continuar negociando el resto del acuerdo comercial. Joe Biden venció a Trump en las elecciones presidenciales del 3 de noviembre. Aunque el todavía presidente aún alega que puede probar que hubo irregularidades en el conteo de votos y revertir los resultados, el Colegio Electoral ya declaró la victoria del candidato demócrata. Sólo falta que el Congreso confirme el conteo de votos el 6 de enero y que Biden y su vicepresidenta -Kamala Harris- tomen posesión oficialmente el 20 de enero. Todavía no es seguro cuál será la actitud que Biden y su gabinete tomarán hacia Pekín. En campaña, varios medios publicaron artículos sobre presuntos vínculos entre la familia del presidente electo y empresarios chinos con hilos que conducen hasta la administración de Xi Jinping. Sin embargo, él mismo dijo que no hará cambios inmediatos en el agresivo régimen arancelario que se aplica a productos chinos, ni en la primera fase del acuerdo firmado entre ambos países. Además, la relación de la Casa Blanca de Obama -en la que Biden fungió como vicepresidente- y Pekín no podría describirse como amigable. Incluso si Biden se porta duro con los chinos, es poco probable que sea tan agresivo como Trump. Para Pekín, eso ya es ganancia.   Te puede interesar: México estrechará relación con China en 2021: Ebrard cach