La inflación ha seguido una trayectoria a la baja en los últimos 5 meses, apoyada por desaceleración en el componente subyacente y disminuciones en el componente no subyacente. En el componente subyacentes están los productos con los precios más estables, razón por la cual se considera que este componente es el que determina la trayectoria de la inflación en el mediano y en el largo plazo. Por su parte, en el no subyacente están los productos con los precios más volátiles y las tarifas autorizadas por el gobierno.

Destaca que las presiones inflacionarias siguen estando en el componente subyacente, particularmente en las mercancías alimenticias, que a junio hilan 16 meses consecutivos (de marzo del 2022 a junio del 2023, último dato disponible) con una inflación de más de 10%, algo que no se veía desde enero del 2000. Esta inflación de más de 10% representa más del doble de la inflación “normal” de las mercancías alimenticias. Las mercancías alimenticias se vieron afectadas en 2022 por 1) la guerra entre Rusia y Ucrania, 2) mayor masa salarial y 3) aumento en las remesas reales en pesos. Las remesas tienen un alto porcentaje de propensión marginal a consumir, por lo que su aumento genera una mayor demanda y presiones al alza en los precios. A mayo, las remesas reales en pesos acumulan 7 meses consecutivos con pérdida de poder adquisitivo (de noviembre del 2022 a mayo de este año). No es coincidencia que la inflación de las mercancías alimenticias haya empezado a desacelerarse en enero de este año, dos meses después que iniciara la pérdida de poder adquisitivo de las remesas. Además, la guerra entre Rusia y Ucrania no ha escalado, permitiendo que las expectativas de precios no suban. Finalmente, la masa salarial sigue creciendo por incremento en los salarios promedios de cotización en el IMSS y por incremento en el empleo, explicando la resistencia de la inflación en mercancías alimenticias a disminuir. 

Los servicios es otro subcomponente de la inflación subyacente que muestra presiones importantes, pues se ha ubicado en los últimos 11 meses con una inflación de más de 5%, algo que no se veía desde octubre del 2003. Aunque las remesas son un factor relevante para la inflación general, para los servicios el factor más relevante es la masa salarial, razón por la cual apenas llevan tres meses consecutivos con inflación a la baja, a pesar de la pérdida de poder adquisitivo de las remesas. 

Por el contrario, dentro del componente subyacente las mercancías no alimenticias muestran a junio una inflación ligeramente mayor a la de servicios, con la diferencia que la inflación de mercancías no alimenticias ha disminuido a tasas anuales no vistas desde agosto del 2021, mientras que la inflación del sector servicios es 1.5 veces la inflación observada en ese mismo mes (agosto del 2021). Las mercancías no alimenticias se han visto beneficiadas por la apreciación del peso mexicano que en el año se ha apreciado cerca de 12%.

En la inflación no subyacente destaca que los energéticos llevan a junio, cuatro meses consecutivos con deflación, algo que no se veía desde el periodo de septiembre a diciembre del 2020, cuando la demanda por energéticos disminuyó drásticamente por los confinamientos obligados por la pandemia.

Esto implica que la desaceleración en la inflación se ha debido a: 1) apreciación del peso, disminución del precio de los energéticos ante menores tarifas autorizadas por el gobierno y menores precios en agropecuarios, los cuales son altamente volátiles.

Cabe destacar que la inflación tiene una marca estacionalidad y en el segundo semestre típicamente se observan mayores tasas de inflación mensual. En el primer semestre la inflación promedio mensual fue de 0.23%, la menor desde 2020 para un periodo igual. Si el segundo semestre se comportara igual, con una inflación promedio mensual de 0.23%, la inflación cerraría el año en 2.8% anual, algo prácticamente improbable. Si la inflación mensual del segundo semestre fuera 0.53%, ligeramente menor a la de 2021 de 0.56% para el segundo semestre, entonces la inflación anual cerraría el año en 4.6%. Si la inflación mensual fuera 0.5% mensual promedio, la anual cerraría en 4.4%; si el promedio mensual fuera 0.45%, la de cierre de año sería 4.1% anual. Esto dependerá del comportamiento del tipo de cambio, de la variación anual de las remesas reales en pesos, del comportamiento de la masa salarial real, de las tarifas autorizadas por el gobierno, de los energéticos, de los agropecuarios y finalmente del impacto rezagado que los incrementos en la tasa de interés han tenido sobre el crecimiento de los precios. No por nada los pronósticos han variado mucho a lo largo del año. Son muchos factores que determinan la inflación.

Hasta ahora, todo apunta a que la inflación podría cerrar el año en 4.6% anual si el peso mexicano detiene su apreciación en 16.98 pesos por dólar, si no hay renovadas presiones en precios en energéticos y agropecuarios, y si las remesas no suben en dólares más de 8.1%. Con suerte, la inflación podría cerra el año en 4.3% si las tarifas autorizadas del gobierno siguen a la baja y si el tipo de cambio alcanza nuevos mínimos en el año, manteniendo lo demás constante.

Por Gabriela Siller Pagaza

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