La inversión directa es el capital que los inversionistas destinan a una empresa ya establecida o nuevas actividades productivas, con la finalidad de participar activamente en su administración y en la toma de decisiones. A diferencia de la inversión de cartera, que se limita a la compra de instrumentos financieros sin incidencia en la entidad emisora, la inversión directa implica un compromiso de largo plazo con el negocio y con la economía receptora. Cuando estos flujos provienen del exterior se denominan inversión extranjera directa.
La inversión extranjera directa cumple un papel esencial en la economía mexicana, ya que impulsa la creación de empleo, fortalece la competencia y contribuye a la modernización de la infraestructura productiva y tecnológica del país. Durante las últimas décadas ha sido un factor clave en el desarrollo de sectores estratégicos, particularmente en la industria manufacturera, donde destacan la automotriz, la de componentes electrónicos, las telecomunicaciones y las energías renovables.
En 2025, la inversión extranjera directa en México fue de 40,871 millones de dólares, récord al contemplar cifras preliminares, pero por debajo de los cerca de 48,000 millones de dólares alcanzados en 2013 con cifras revisadas.
Al interior de la inversión extranjera directa del 2025 destaca que las nuevas inversiones representaron el 18.0% del total, por encima del 10.8% de 2024 y del 14.5% de 2023, pero significativamente por debajo de lo observado en 2022 de 49.9% y 2021 de 45.7%. De hecho, la proporción de nuevas inversiones en 2025 se ubicó muy por debajo del promedio histórico de 42.2%.
Resulta más preocupante que en el cuarto trimestre de 2025 se registró una desinversión de 5,026 millones de dólares. Esto implica una inversión extranjera directa negativa en México, un hecho sin precedentes desde el inicio de la serie en 1980. Esto se explicó principalmente por la reinversión de utilidades, que mostró una salida de 4,103 millones de dólares, ligando dos trimestres consecutivos en terreno negativo. Asimismo, las cuentas entre compañías registraron una desinversión de 1,060 millones de dólares en el mismo periodo. Aunque un solo dato no marca una tendencia, el hecho de ser el primer periodo en la historia con inversión extranjera directa negativa amerita un análisis más detallado.
Los flujos anuales de inversión extranjera directa se han señalado como un indicador favorable que refleja la confianza de los inversionistas internacionales e impulsa el crecimiento económico a largo plazo. México es el principal socio comercial de Estados Unidos y posee una ubicación geográfica favorable, lo que debería facilitar la llegada de inversión extranjera. Sin embargo, las cifras de inversión no son tan positivas al contrastarse con el tamaño de la población y la relevancia del comercio exterior en la economía. En términos per cápita, México recibe solamente 310 dólares de inversión extranjera directa por habitante, menos de la mitad de lo que captan Estados Unidos (664 dólares) o Canadá (1,232 dólares). Incluso Chile, con una posición geográfica menos estratégica y un vínculo comercial menos estrecho con Estados Unidos, recibe más del doble de inversión per cápita que México. Asimismo, como proporción del comercio internacional total, los flujos son reducidos: la inversión extranjera directa en México representa solo el 4.2% de su comercio total, frente al 6.1% de Canadá o el 12.9% de Brasil.
Esto implica que México no está captando los flujos que le corresponderían por su tamaño y apertura comercial. Esto se debe a: 1) falta de certidumbre jurídica, 2) elevados costos administrativos para iniciar operaciones o realizar actividades económicas en México, 3) inseguridad pública y debilidad del Estado de derecho, 4) incertidumbre sobre el futuro de la relación comercial con Estados Unidos, 4) falta de infraestructura, especialmente carreteras seguras y energía eléctrica y 5) falta de promoción efectiva de México en el exterior.
De hecho, si la proporción de nueva inversión extranjera directa que llega a México subiera de nuevo para alcanzar 45% del total, manteniendo los flujos de reinversión y cuentas entre compañías constantes, la inversión extranjera directa total alcanzaría cerca de 62,000 millones de dólares. Esto implica que la nueva inversión sería alrededor de 28,000 millones de dólares, representando 1.5% del PIB de México.
Cabe recordar que la inversión extranjera directa es un flujo, al igual que el PIB, por lo que la nueva inversión subiría el crecimiento económico en 1.5 puntos porcentuales.
Así, el PIB de México crecería más de 2% por año.
Por Gabriela Siller Pagaza / Análisis Económico Banco Base
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