La planeación del retiro sigue mostrando brechas importantes entre hombres y mujeres, tanto en acceso al ahorro pensionario como en el monto de los ingresos durante la vejez. A nivel internacional, dentro de los países de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OECD), las mujeres reciben pensiones mensuales que son, en promedio, una cuarta parte menores que las de los hombres, una diferencia que refleja desigualdades acumuladas a lo largo de la vida laboral.
Las disparidades no son uniformes entre países. En algunas economías la brecha es menor, con pensiones cerca de 10% más bajas para las mujeres en República Checa, Estonia, Islandia, República Eslovaca y Eslovenia. Sin embargo, en otros casos la diferencia se amplía de forma considerable: supera el 35% en Austria, Países Bajos, Reino Unido y México.
En el caso mexicano, las cifras también evidencian rezagos en materia de ahorro pensionario. De acuerdo con el análisis “Diferencias en el ahorro” del Centro de Investigación de la Mujer en la Alta Dirección (CIMAD) de IPADE Business School, elaborado en colaboración con Afore SURA, sólo 35 de cada 100 mujeres tienen una cuenta para el retiro, mientras que 52 de cada 100 hombres cuentan con este instrumento, lo que implica una brecha de 17 puntos porcentuales.
El documento advierte que esta diferencia refleja un desafío estructural con implicaciones económicas y sociales de largo plazo, ya que limita la capacidad de una parte importante de la población femenina para construir un patrimonio destinado a la vejez.
Dentro de este contexto, Afore SURA analiza las situaciones que enfrentan muchas mujeres en México antes de llegar a la etapa de retiro, factores que pueden afectar su historial de cotización, su acceso a la seguridad social y, en consecuencia, el monto de la pensión que recibirán.
Uno de los elementos que inciden en esta situación es la mayor presencia femenina en esquemas laborales informales. Según el análisis “Trabajo Decente en México 2005–2025”, elaborado por el CIMAD y Afore SURA, las mujeres participan en mayor medida en la economía informal, con 29.5% frente a 28.5% de los hombres, o bien aceptan empleos sin acceso a seguridad social, 54.9% en el caso de ellas contra 53.9% en el de los hombres. Esta condición limita la posibilidad de acumular semanas cotizadas y reduce la cobertura de los sistemas de protección social.
Otro factor relevante son las interrupciones en la trayectoria laboral. Aunque las generaciones más jóvenes muestran mayor permanencia en el mercado de trabajo, muchas mujeres aún enfrentan pausas en su carrera profesional al asumir responsabilidades de cuidado, al contraer matrimonio o al tener hijos. Estas interrupciones generan lagunas en el historial de cotizaciones, lo que puede derivar en pensiones más bajas o incluso en la imposibilidad de reunir las semanas requeridas para pensionarse.
La etapa final de la vida laboral también resulta determinante. Los cinco años previos al retiro tienen un peso directo en el cálculo de la pensión bajo el régimen de la Ley 73, debido a que el salario promedio de ese periodo se toma como referencia para determinar el monto final. En ese lapso pueden presentarse situaciones como despidos o problemas de salud, además de prejuicios asociados a la edad, que dificultan encontrar empleo formal en un momento clave para la pensión.
A estos factores se suma la falta de información sobre el funcionamiento del sistema pensionario. Muchas mujeres desconocen si se encuentran bajo el régimen de Ley 73 o Ley 97 del Seguro Social, así como los requisitos mínimos para obtener una pensión o los mecanismos para estimar el ingreso que recibirán al jubilarse. Esta desinformación puede llevar a decisiones financieras que afectan la estabilidad económica en el largo plazo.
Otro elemento señalado en el análisis es la dependencia económica histórica respecto al cónyuge. Situaciones como divorcios o viudez ponen de manifiesto la importancia de contar con una pensión propia, ya que en muchos casos el ingreso disponible resulta insuficiente para cubrir las necesidades del hogar, particularmente en un contexto de aumento en el costo de vida. En este escenario, la autonomía financiera se vuelve un componente fundamental para planear el retiro.
Asimismo, los problemas administrativos pueden convertirse en un obstáculo adicional al momento de solicitar la pensión. Errores en el número de seguridad social, duplicidades en afiliaciones o inconsistencias en documentos oficiales, como actas de nacimiento, son situaciones frecuentes que pueden retrasar o complicar el acceso a este derecho. En algunos casos es necesario realizar trámites adicionales para unificar registros o corregir datos en las bases oficiales.
Frente a estos desafíos, el análisis destaca la importancia de revisar el historial laboral y la constancia de semanas cotizadas, con el objetivo de identificar posibles inconsistencias en fechas de nacimiento, CURP o número de seguridad social. Detectar estas irregularidades con anticipación permite corregir la información y evitar contratiempos cuando llegue el momento de iniciar el trámite de pensión.
También se recomienda mantener activa la cuenta individual y retomar las cotizaciones en caso de haberlas interrumpido. La construcción del retiro es un proceso que inicia con el primer empleo y se extiende a lo largo de la vida laboral, por lo que retomar las aportaciones lo antes posible puede ayudar a cumplir con los requisitos mínimos para acceder a una pensión.
Otra alternativa es cotizar de manera independiente, mediante esquemas de incorporación voluntaria al régimen obligatorio, como la Modalidad 10, que permite realizar aportaciones incluso sin contar con un empleo formal. Este mecanismo facilita la acumulación de semanas cotizadas y brinda acceso a servicios médicos.
De igual forma, la planeación estratégica de los últimos años laborales puede influir en el monto final de la pensión, especialmente para quienes se encuentran bajo el régimen de la Ley 73. En estos casos, existe la posibilidad de recurrir a la Modalidad 40, un esquema que permite cotizar con un salario promedio más alto cuando no se tiene un empleador formal, con el objetivo de mejorar el cálculo del ingreso pensionario.
Finalmente, el análisis subraya la utilidad de herramientas y asesoría especializada disponibles a través de las Afores y de la Comisión Nacional del Sistema de Ahorro para el Retiro (CONSAR), como calculadoras de pensión que permiten proyectar escenarios financieros con base en las semanas cotizadas, el régimen legal y el salario promedio.
“En México, muchas mujeres se enfrentan a la desinformación, lagunas en su historial de cotizaciones y barreras que perpetúan su precariedad económica. No obstante, aunque los desafíos son significativos, existen alternativas prácticas que, aunadas a la buena planificación financiera, pueden ayudarnos a alcanzar mejores pensiones. Con información adecuada y estrategias claras llevadas a cabo a tiempo, es posible superar las barreras que enfrentamos en el camino hacia el mañana”, dijo Ana María Ocampo, directora de TI y Operaciones en Afore SURA.
La institución señaló que su objetivo es apoyar a las personas a mejorar las condiciones de su retiro, por lo que invita a utilizar herramientas como la Ruta de la Pensión SURA, una guía que busca orientar a trabajadores del IMSS y del ISSSTE en la planeación de su jubilación.





