Los sesgos, las emociones y la forma en que el cerebro procesa la información influyen directamente en las decisiones financieras de las personas, por lo que entender estos factores es clave para comprender cómo se toman decisiones económicas cotidianas, señaló Tali Sharot, durante la 89 Convención Bancaria.
“Para entender las finanzas, necesitamos entender la mente, y realmente necesitamos entender las emociones que vienen junto con los pensamientos como la felicidad, la ansiedad, el miedo, y cómo dan forma a la manera en que pensamos y la manera en que nosotros vemos la información que tenemos frente a nosotros”, afirmó.
En el panel “Psicología del comportamiento. Clave para la educación financiera”, en el que participó Alberto Gómez Alcalá, director corporativo de Asuntos Institucionales de Banamex, la neurocientífica cognitiva, autora y profesora en University College London (UCL) y el MIT, detalló que, aunque las personas suelen considerar que actúan de forma racional, existen mecanismos cerebrales que influyen en cómo interpretan la información y en las decisiones que toman sobre su dinero.
“En general los humanos somos buenos para ello, pero también tenemos grandes sesgos que afectan nuestro pensamiento y, por lo tanto, nuestras elecciones, y eso tiene un impacto muy fuerte en las decisiones financieras”, dijo.
Sharot explicó que uno de los elementos clave es la manera en que las personas procesan la información que reciben, lo que influye directamente en sus creencias y acciones.
“De lo que hemos aprendido acerca de cómo la gente utiliza la información que tiene… para crear creencias y para decidir; es que las personas no reaccionan de la misma forma ante toda la información, sino que muestran una tendencia a privilegiar aquello que es favorable.
“Aprendían menos cuando la información que recibían era peor de lo que ellos esperaban, en relación a cuando la información era mejor de lo que esperaban”.
Este comportamiento, explicó, se relaciona con el llamado sesgo optimista, que influye en la percepción del riesgo y en la toma de decisiones financieras.
“El sesgo optimista es nuestra tendencia para subestimar la probabilidad de eventos negativos… y sobreestimar los positivos”, acentuó.
Además, señaló que las personas no sólo procesan de forma distinta la información, sino que también tienden a buscar ciertos datos y evitar otros.
“Cuando el mercado está subiendo, la gente es más probable que se meta a ver cómo van las acciones… pero cuando el mercado empieza a caer, la gente es menos probable que se conecte”.
Sharot indicó que estos patrones de comportamiento también están influidos por la forma en que el cerebro responde a incentivos y recompensas.
“La gente valora las recompensas monetarias que recibe hoy más que las que recibirá en el futuro”.
En este sentido, advirtió que la forma en que se presentan las decisiones financieras puede influir en las acciones de las personas.
“Una recompensa es más probable que induzca una acción que el castigo”.
Otro factor relevante es el entorno social, que también impacta la toma de decisiones económicas.
“Los humanos somos criaturas sociales… nos importa lo que los demás hagan y queremos hacer lo mismo”.
Finalmente, subrayó que el estado emocional de las personas puede modificar de manera significativa sus decisiones financieras, especialmente en contextos de incertidumbre.
“Cuando la gente está bajo estrés, empieza a concentrarse en lo negativo… y eso puede ocasionar vistas pesimistas”.
En este contexto, la especialista enfatizó que comprender estos mecanismos no solo permite entender por qué las personas toman ciertas decisiones, sino también cómo pueden modificarse esos comportamientos mediante incentivos correctos.
Bajo esta premisa, Sharot concluyó que, para vencer los sesgos naturales de la mente, es más efectivo fomentar el ahorro a través de recompensas inmediatas que intentar motivar a las personas mediante el miedo a un futuro incierto”.
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