El Banco de México dejó abierta la posibilidad de ampliar el ciclo de recortes a su tasa de interés durante 2026, siempre que los ajustes derivados de las modificaciones al Impuesto Especial sobre Producción y Servicios (IEPS) para este año y de los aranceles impuestos a países con los que no se tiene un acuerdo comercial no tengan efectos persistentes sobre la inflación ni contaminen el proceso de formación de precios en la economía.

El planteamiento, expuesto en su “Programa Monetario 2026”, se da en un contexto en el que la inflación general se ha mantenido dentro del intervalo de variabilidad de la meta del instituto central, al ubicarse en 3.69% en diciembre y en 3.77% en la primera quincena de enero. De hecho, el promedio anual en 2025 fue de 3.81%, nivel inferior al observado entre 2003 y 2019, de 4.17%, y que desde julio el comportamiento inflacionario ha sido congruente con una trayectoria de convergencia hacia la meta puntual de 3.00%.

No obstante, el banco central tiene claro que 2026 presenta retos relevantes para la conducción de la política monetaria, principalmente por los ajustes en precios relativos asociados a los cambios fiscales y arancelarios que entraron en vigor a inicios del año. Esto, aunque estima que su impacto sería moderado, transitorio y acotado, con efectos de una sola vez sobre la inflación general que se disiparían en el transcurso de un año.

El Instituto prevé que estos ajustes tengan únicamente efectos de primer orden, contenidos por la holgura económica, la apreciación del tipo de cambio y la existencia de sustitutos cercanos en la producción nacional o en economías con acuerdos comerciales. Sin embargo, también reconoce que existe incertidumbre sobre la velocidad y magnitud del traspaso a precios finales en algunos insumos transversales, por lo que se mantendrá vigilante.

En estas circunstancias, y en la medida que dichos ajustes en precios relativos se desarrollen de manera favorable y que el proceso de formación de precios en la economía no presente efectos de segundo orden, diversos elementos del entorno económico doméstico y global son congruentes con propiciar una convergencia eficiente de la inflación a la meta puntual de 3.0%”, expuso.

Es importante señalar que este diagnóstico de Banxico considera que el balance de riesgos para la actividad económica se mantiene sesgado a la baja. Entre los riesgos a la baja, contempla la posible intensificación del actual ambiente de incertidumbre asociado con posibles cambios en las políticas de Estados Unidos, con efectos adversos sobre la demanda externa, el consumo y la inversión. Asimismo, existe la posibilidad de que dicha economía se expanda menos de lo esperado, en detrimento de la demanda externa que enfrenta México, o de que el escalamiento de conflictos geopolíticos repercuta negativamente en la economía global y en los flujos de comercio internacional.

A lo anterior se suman posibles episodios de volatilidad en los mercados financieros o la ocurrencia de fenómenos meteorológicos que impacten adversamente la actividad económica nacional.

En contraste, señaló el Banco de México, entre los riesgos al alza más relevantes destacan una reducción en la incertidumbre sobre la política comercial de Estados Unidos, una resolución favorable en el proceso de revisión del T-MEC que beneficie la actividad económica regional, o un crecimiento mayor al esperado de la economía estadounidense que favorezca la demanda externa que enfrenta México.

Otros riesgos al alza incluyen un mayor aprovechamiento del tratado comercial que permita incrementar el volumen comerciado, un trato arancelario diferenciado que impulse la competitividad de algunos bienes mexicanos, o que la reconfiguración global de los procesos productivos genere un impulso a la inversión mayor al previsto. Además, existe el riesgo de que el gasto público otorgue un impulso a la actividad económica de corto plazo superior al anticipado.

En su “Programa Monetario 2026”, Banxico también resaltó el comportamiento ordenado y resiliente del peso mexicano, respaldado por fundamentos macroeconómicos sólidos.

Hacia adelante, prevé que se mantengan las buenas condiciones de operación del mercado cambiario, apoyadas por la expectativa de que la Reserva Federal de Estados Unidos recorte su tasa de referencia, en un entorno de relajación de las condiciones financieras internacionales, aunque sin descartar episodios de volatilidad.

En este contexto, el instituto central señaló que la Junta de Gobierno valorará el momento de realizar ajustes adicionales a la tasa de referencia, considerando tanto los determinantes prospectivos como los observados de la inflación.

Finalmente, el Banco de México subrayó que el país cuenta con un marco macroeconómico sólido, caracterizado por cuentas externas sostenibles, un elevado nivel de reservas internacionales, acceso a la Línea de Crédito Flexible del FMI, un sistema bancario bien capitalizado y un régimen de flexibilidad cambiaria que ha permitido absorber choques externos.

“El régimen de flexibilidad cambiaria, junto con el mandato prioritario de estabilidad de precios y la autonomía del Banco Central, constituyen pilares fundamentales del marco de política monetaria del país.

Ha permitido que la Junta de Gobierno se enfoque plenamente y con una perspectiva de largo plazo en alcanzar y preservar un entorno de inflación baja y estable Para lograr un mayor crecimiento de largo plazo de manera sostenible, es esencial preservar los fundamentos macroeconómicos sólidos”, manifestó.

Apuntó que, en adición, “se requiere un entorno que incentive la creación de valor, la asignación eficiente de los recursos productivos y la innovación”.

Es particularmente relevante lograr un mejor aprovechamiento del proceso de reconfiguración de las cadenas globales de valor que está en curso y fomentar la adopción de tecnología. Debe también continuar reforzándose el estado de derecho y combatiéndose la inseguridad y la corrupción.

“Lo anterior alienta mayores niveles de inversión privada, tanto nacional como extranjera, así como una productividad más elevada y mayor dinamismo económico en general. Todo ello redundará en un impulso al desarrollo nacional, la creación de más y mejores empleos y, en última instancia, en un mayor bienestar para la población mexicana”, concluyó.

Cabe mencionar que el Banco de México pronostica que la actividad económica nacional crecerá a un mayor ritmo que en 2025, con una expansión del PIB de 1.1% en 2026 y de 2.0% en 2027. También prevé que el consumo mantendrá una trayectoria al alza y las exportaciones continuarán mostrando un desempeño positivo, en línea con la producción industrial de Estados Unidos, mientras que la inversión permanecería débil al menos hasta el segundo semestre del año.

En materia inflacionaria, el instituto central considera que durante 2026 se configurará un entorno de menores presiones, apoyado por la debilidad económica, las persistentes condiciones de holgura, la apreciación cambiaria observada en 2025 y los efectos rezagados de la postura monetaria restrictiva aplicada durante poco más de tres años.

A lo anterior se suma que las expectativas de inflación de largo plazo se han mantenido relativamente estables, lo que “es evidencia de la credibilidad que respalda las acciones que a lo largo del tiempo ha tomado el Banco de México”.

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