La economía mexicana mostró un deterioro mayor al previsto durante el primer trimestre de 2026, en un entorno internacional marcado por mayores riesgos inflacionarios y de crecimiento derivados del conflicto en Medio Oriente, señalaron integrantes de la Junta de Gobierno del Banco de México en la minuta de la más reciente decisión de política monetaria.

El documento correspondiente a la reunión de política monetaria del 6 de mayo proyecta que la mayoría de los miembros coincidió en que la incertidumbre global se elevó como consecuencia de las tensiones geopolíticas en Medio Oriente, particularmente por sus efectos sobre los precios internacionales de los energéticos, las cadenas de suministro y las perspectivas de crecimiento económico mundial.

Añade que algunos integrantes señalaron que el impacto económico del conflicto dependerá de su duración, intensidad y alcance, además del grado de exposición de cada país al suministro energético de la región. En ese contexto, uno de los miembros indicó que organismos internacionales revisaron a la baja sus pronósticos de crecimiento para 2026, mientras que otro sostuvo que, sin el choque geopolítico, las perspectivas habrían mostrado una mejora.

La discusión dentro de la Junta también estuvo marcada por la evolución de los precios del petróleo. La mayoría de los integrantes destacó que las referencias internacionales del crudo aumentaron tras las afectaciones a infraestructura energética y las disrupciones en rutas marítimas clave para el comercio petrolero. Uno de los miembros señaló que los precios permanecieron cercanos a 100 dólares por barril y advirtió que los riesgos continúan sesgados al alza.

A partir de este entorno, varios integrantes alertaron sobre posibles presiones adicionales sobre la inflación global. Uno de los miembros explicó que mayores precios de energéticos y fertilizantes podrían traducirse en incrementos de costos de transporte, alimentos y producción agrícola. Otro añadió que persiste el riesgo de nuevas afectaciones sobre las cadenas globales de suministro y sobre el comercio internacional.

En medio de ese escenario externo, las minutas reflejaron una preocupación creciente por el desempeño de la economía mexicana. La mayoría de los integrantes reconoció que la actividad económica registró una debilidad mayor a la prevista durante el primer trimestre del año.

Según la estimación oportuna del PIB citada por el banco central, la economía se contrajo 0.77% trimestral con cifras ajustadas por estacionalidad, resultado que uno de los miembros calificó como “claramente mayor que lo anticipado”. Asimismo, algunos integrantes señalaron que la caída respondió a un deterioro simultáneo en los tres grandes sectores productivos.

En el sector industrial, uno de los miembros indicó que las manufacturas acumularon nueve meses consecutivos de retrocesos anuales, principalmente por la debilidad de la industria automotriz. Otro integrante añadió que también se observó una pérdida de dinamismo en minería y en actividades relacionadas con electricidad, agua y gas.

A la par, la mayoría de los miembros sostuvo que el sector servicios perdió fuerza durante los primeros meses del año. Uno de los integrantes señaló que la debilidad se concentró en actividades relacionadas con alojamiento temporal, preparación de alimentos y bebidas, así como comercio al por mayor.

El deterioro también alcanzó a la demanda interna. La mayoría de los integrantes apuntó que el consumo privado continuó mostrando señales de debilidad, mientras que uno de los miembros indicó que este acumuló una contracción de 2.1% desde diciembre pasado.

Además, otro integrante explicó que el retroceso fue más evidente en el consumo de bienes duraderos, comportamiento que suele asociarse con un deterioro observado o esperado en los ingresos de los hogares.

En cuanto a la inversión, las minutas señalaron que la inversión fija bruta volvió a contraerse en un entorno de elevada incertidumbre. Uno de los miembros sostuvo que la debilidad se extendió a la mayoría de sus componentes, particularmente maquinaria y equipo.

No obstante, algunos integrantes destacaron que la demanda externa mantuvo resiliencia. Uno de los miembros indicó que las exportaciones crecieron a doble dígito y alcanzaron niveles máximos históricos durante el trimestre, impulsadas principalmente por las exportaciones manufactureras no automotrices y por la inversión tecnológica en Estados Unidos.

Pese a ello, otros integrantes señalaron que las exportaciones automotrices continuaron mostrando debilidad.

Las minutas también reflejaron preocupación por la evolución del mercado laboral. La mayoría de los miembros afirmó que el empleo continuó desacelerándose y que la tasa de desocupación mostró un ligero aumento trimestral. Incluso, algunos integrantes señalaron que la tasa de participación laboral mantiene una trayectoria descendente desde 2023.

En materia inflacionaria, la mayoría coincidió en que la inflación general disminuyó entre marzo y abril, apoyada principalmente por la moderación de la inflación subyacente. Sin embargo, algunos miembros advirtieron que persisten presiones importantes en el componente de servicios.

Uno de los integrantes sostuvo que el principal obstáculo para la convergencia de la inflación sigue siendo la persistencia de los precios de servicios, influenciados por presiones salariales y costos de operación. Otro miembro añadió que las expectativas inflacionarias permanecen por encima de la trayectoria prevista por el banco central.

Asimismo, algunos integrantes destacaron que buena parte del incremento reciente de la inflación provino del aumento en el precio del jitomate. Uno de los miembros señaló que de los 66 puntos base acumulados por la inflación entre enero y abril, 64 puntos base estuvieron relacionados con ese producto.

Frente a este panorama, la mayoría de los integrantes sostuvo que el balance de riesgos para la inflación continúa sesgado al alza, principalmente por los efectos del conflicto geopolítico sobre energéticos, transporte y costos de producción.

No obstante, algunos miembros señalaron que la debilidad económica, la apreciación del peso y el grado de restricción monetaria implementado en los últimos años continúan ayudando a contener presiones inflacionarias.

En ese contexto, la Junta de Gobierno decidió por mayoría reducir en 25 puntos base la tasa de interés interbancaria a un día para ubicarla en 6.50%.

Victoria Rodríguez Ceja, José Gabriel Cuadra García y Omar Mejía Castelazo votaron a favor del recorte. En contraste, Galia Borja Gómez y Jonathan Heath votaron por mantener la tasa en 6.75%.

En sus argumentos disidentes, Galia Borja sostuvo que la acumulación de choques de oferta y la incertidumbre derivada del conflicto en Medio Oriente configuraron un entorno más complejo para la formación de precios y podrían dificultar la convergencia de la inflación hacia la meta de 3%.

Por su parte, Jonathan Heath afirmó que persiste una inflación subyacente resistente y advirtió que el margen para nuevos recortes en la tasa de referencia es “prácticamente nulo”, particularmente ante el entorno de elevada incertidumbre global.

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