Standard and Poor’s (S&P) Global Ratings ratificó sus calificaciones crediticias soberanas de largo plazo en moneda extranjera de ‘BBB’ y en moneda local de ‘BBB+’ de México. Mantuvo la perspectiva negativa, lo que indica la posibilidad de una baja dentro de los siguientes 12 a 18 meses. En un comunicado, la agencia explicó que las calificaciones de México reflejan tanto las fortalezas como las debilidades de la democracia en el país, que ha generado estabilidad política y cambios regulares de gobierno en las últimas dos décadas, pero que no ha detonado dinamismo económico en comparación con otros mercados emergentes ni ha mejorado la seguridad pública. “En nuestra opinión, los pronunciados shocks por el Covid-19 y por el precio del petróleo, exacerban el crecimiento ya modesto de México. “Esperamos una recuperación débil tras el impacto sobre el PIB en 2020 y estimamos que el crecimiento real del PIB per cápita se mantendrá por debajo del de sus pares que tienen un nivel similar de desarrollo económico”, expuso. En sus fundamentos, la calificadora subrayó que su evaluación también considera que el historial de políticas fiscales y monetarias conservadoras, así como un régimen de tipo de cambio flotante han mantenido la confianza de los inversionistas y el acceso a los mercados internacionales de capitales, incluso en periodos de tendencias globales adversas, incluyendo este año. De la misma forma, toma en cuenta una política monetaria con metas inflacionarias creíbles del Banco de México (Banxico). Por otro lado, Standard and Poor’s manifestó que considera que el compromiso de la administración con déficits moderados en términos generales mantendrá estable la carga de la deuda neta del gobierno general en alrededor de 50% del PIB durante los siguientes dos años.
“Las calificaciones actualmente incorporan pasivos contingentes limitados a pesar de nuestra expectativa de un respaldo extraordinario casi cierto, en caso de ser necesario, para (Petróleos Mexicanos) Pemex (‘CCC’)”, anotó.
En un punto más, señaló que debido a que el peso mexicano es una moneda de libre flotación y “es una moneda que se negocia activamente”, atenúa las dificultades financieras externas y, junto con una deuda externa neta en sentido estricto en promedio de 36% de los ingresos de la cuenta corriente, “respalda una posición externa sólida”. Además, acentuó, México tiene un financiamiento contingente con el Fondo Monetario Internacional (FMI) a través de la Línea de Crédito Flexible (LCF) por hasta 61 mil millones de dólares que refuerza su liquidez externa y se refleja en la prudente administración macroeconómica que ha tenido por mucho tiempo. A ello, sumó que Banxico estableció una línea de swaps con la Reserva Federal de Estados Unidos por US$60,000 millones, que a su vez estableció líneas con otros bancos centrales en el mundo. Pese a lo anterior, la calificadora mantuvo la perspectiva negativa, pues el país “muestra un perfil fiscal potencialmente más débil dada una base tributaria no petrolera comparativamente baja, además de los riesgos fuera del presupuesto, principalmente provenientes de Pemex, que podrían empeorar nuestra evaluación sobre los pasivos contingentes”. A eso agregó que “manejar la presión sobre las cuentas fiscales de México frente a los shocks económico y del precio del petróleo ha sido un desafío para los estrategas de políticas durante varias administraciones”.
“Esto refleja una estrecha base tributaria no petrolera, incluso a pesar de cierto incremento registrado en los últimos cinco años, así como los limitados ahorros acumulados en sus fondos de estabilización petrolera durante la época de precios altos para las materias primas internacionales (commodities), que se usaron en parte durante 2019 y se espera que se agoten casi completamente en 2020”, enfatizó.
Adicional a esto, S&P supone que aunque el gobierno continuará conteniendo los déficits fiscales a través de medidas sobre el gasto y los ingresos, como lo ha hecho durante la pandemia, y que mantenga estable el nivel de deuda del soberano al inicio del próximo año, “el prolongado desempeño económico débil podría complicar la ejecución de las políticas, llevando a niveles más altos los déficits y la deuda del gobierno general”. Respecto a la situación de Pemex, la agencia hizo hincapié en que su perfil financiero se debilitó significativamente durante los últimos cinco años, y todavía más en 2020. Además, sigue considerando la probabilidad de que el soberano mantenga su respaldo extraordinario a la petrolera.
“Debido a ello, calificamos a Pemex en el mismo nivel que el soberano. Las acentuadas vulnerabilidades de Pemex, en medio de un desempeño financiero y operativo débil y limitaciones de capacidad técnica, podrían generar un pasivo contingente más importante para la calidad crediticia del soberano”.
Tras su evaluación, S&P apuntó que México podría mitigar la debilidad estructural del panorama de crecimiento del PIB, con una conducción económica efectiva que aliente la confianza de los inversionistas y la inversión privada, lo que ayudaría a reforzar las finanzas públicas sólidas.
“Después de las elecciones intermedias en junio de 2021, puede haber una mayor iniciativa política para reformar el régimen fiscal de México, lo que podría reforzar la flexibilidad presupuestaria y ampliar la base tributaria no petrolera. Lo anterior, aunado a las medidas para contener los potenciales pasivos contingentes que representan las empresas propiedad del gobierno en el sector de energía, podría evitar una erosión del perfil financiero del soberano. “Podríamos revisar la perspectiva a estable en tal escenario en los siguientes 12 a 18 meses”, concluyó.
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