El Presupuesto de Egresos de la federación (PEF) de 2026 dispone de un apartado de 468,641.5 millones de pesos (mdp) para los servicios de cuidados —estancias infantiles y apoyos económicos dirigidos a las familias—, una cifra que parece alta, pero que equivale a 1.26% del Producto Interno Bruto (PIB) y a solo 4.6% del gasto público total.

En cambio, el valor económico que tiene el trabajo no remunerado en los hogares —que abarca limpieza del hogar y cuidados de menores, ancianos y enfermos, entre otras actividades, y que recae principalmente en las mujeres— es mucho más alto que lo que se destina de presupuesto público a los servicios de cuidados, lo que evidencia que todavía falta camino por recorrer para apoyar a las mujeres a delegar el cuidado de sus hijos pequeños en servicios profesionales, para así dedicar más tiempo al trabajo remunerado fuera del hogar, consideró el Centro de Investigación Económica y Presupuestaria (CIEP), en su reporte “Pobreza de tiempo y gasto público. El valor del tiempo de las mujeres en México”.

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En el año 2024, se estimaba que el valor de trabajo no remunerado en labores del hogar y de cuidados era de 8.01 billones de pesos, esto es un equivalente 23.9% del PIB.

De ese total, la gran mayoría —5.7 billones de pesos— lo aportaron las mujeres, esto es un 70.9%, lo que indica que estas personas no tienen tiempo para trabajar fuera del hogar o bien lo hacen a tiempo parcial y con un bajo salario.

Si el valor del trabajo no remunerado se distribuye entre las mujeres, se advierte que las féminas aportan aproximadamente 99,539.7 pesos anuales, mientras que los hombres generan 47,515.1 pesos anuales, lo que confirma que las primeras llevan la carga de responsabilidad sobre el hogar y los cuidados de niños, enfermos y ancianos.

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El presupuesto público destinado a los cuidados está clasificado en el Anexo Transversal 31 “Consolidación de una sociedad de cuidados”, del PEF 2026. 

“Si bien el Anexo 31 permite, por primera vez, visibilizar y dar trazabilidad al gasto etiquetado como cuidados, su incorporación no implica un incremento real en los recursos asignados”, refirió el CIEP.

La estructura del Anexo 31 muestra que el presupuesto está concentrado en transferencias monetarias —con 64.1% del total—, mientras que la provisión de bienes o servicios directos constituye el 35.9% restante.

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“Esto refleja una respuesta pública que prioriza el alivio de restricciones de ingreso por encima de la expansión de infraestructura social social de cuidados (…) Esto implica que no se produce un proceso de desfamiliarización del cuidado cuando la oferta de servicios es insuficiente o inaccesible: la responsabilidad continúa recayendo principalmente en los hogares y, dentro de ellos, en las mujeres”, destacó el CIEP.

En este sentido, el grupo de estudios consideró necesario aplicar el presupuesto en la expansión de la infraestructura pública para los cuidados —estancias infantiles, centros de salud, centros de orientación a la mujer— más que en la repartición de transferencias monetarias, ya que estas aumentan en parte el ingreso familiar pero no cambia la situación de las mujeres, que en condiciones de trabajar, no pueden hacerlo por quedarse en sus hogares para atender a niños y otros familiares.

GC