En 1994 se decretó la independencia del Banco de México. Posteriormente, hacia 1999, se tomaron una serie de medidas que condujeron al instituto central a adoptar un esquema de objetivos de inflación. Este hecho, junto con el mandato constitucional de Banxico, que estipula que su único propósito es ‘mantener la estabilidad de precios’, ha dado lugar a una política monetaria que reacciona únicamente con base en la inflación observada y, sobre todo, con base en la brecha entre la inflación observada y la inflación objetivo. Lo anterior se puede leer en un texto escrito por Gerardo Esquivel en 2010, quien será nominado por la nueva administración para ser Subgobernador del Banco de México.
“Cabe señalar que el comportamiento (de Banxico) es consistente con su mandato constitucional, donde se establece que el objetivo prioritario del banco central ‘será procurar la estabilidad del poder adquisitivo de la moneda nacional'”.
En el capítulo “De la inestabilidad macroeconómica al estancamiento estabilizador: el papel del diseño y la conducción de política económica”, que escribió en el compendio “Los grandes problemas de México”, Esquivel señala que, como resultado de las modificaciones en la conducción de la política monetaria, “las decisiones de política se han vuelto relativamente predecibles”, ya que, dependiendo de las circunstancias y del calendario, el banco central reacciona modificando a la alza su principal instrumento: la tasa de interés, cuando la inflación parece desbordarse de su objetivo inicial, y moviendo ésta a la baja o manteniéndola estable, cuando hay indicios de que la tasa de inflación se encuentra dentro de la denominada zona de confort. Te puede interesar: Gerardo Esquivel será propuesto como subgobernador de Banxico: Urzúa
“La política monetaria de objetivos de inflación establece respuestas muy concretas frente a cualquier posible contingencia inflacionaria en nuestro país”.
Esquivel refiere que, desafortunadamente, la creciente integración de los ciclos económicos entre México y Estados Unidos no está acompañada de una mayor integración en la conducción de la política monetaria, y los bancos centrales de ambos países responden en forma muy diferente ante un mismo choque. Esta respuesta diferenciada tiene, “por desgracia”, notables repercusiones para el desempeño de la economía mexicana. Así, por ejemplo, explica que si la economía norteamericana está entrando en una etapa recesiva y la Reserva Federal la contraparte de Banxico en EU, opta por reducir sus tasas de interés, el Banco de México no necesariamente lo seguirá en esta decisión. Lo que puede dar lugar a fluctuaciones significativas en los diferenciales de las tasas de interés y, en consecuencia, en el tipo de cambio o en las reservas internacionales.
“En cualquier caso, los efectos para la economía mexicana pueden ser negativos, ya que un aumento en los diferenciales de las tasas de interés podría generar una apreciación de la moneda mexicana y un cambio desfavorable en los precios relativos. Peor aún, el aumento en los diferenciales de las tasas de interés aumentaría los incentivos para mayores flujos de capital de cartera que, por su propia naturaleza, son relativamente inestables y que podrían aumentar también la volatilidad del tipo de cambio”.
FP