En un entorno en el que se advierte una desaceleración económica en 2024 y con presiones inflacionarias persistentes, el incremento de 20% para el salario mínimo el próximo año constituye un factor de presión adicional para las micro, pequeñas y medianas empresas (pyme) del país, que tendrán más dificultades para absorber el impacto en sus costos de operación y se vean forzadas a subir sus precios finales.

“Más de la mitad de las pyme generan ingresos menores a 1 millón de pesos al año y, solo una cuarta parte, de 1 a 4 millones de pesos”, comenta Juana Ramírez, presidenta de la Asociación Mexicana de Emprendedores de México (ASEM).

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La mayoría de ellas tienen entre uno y 10 empleados, lo que parece poco, pero la carga laboral que representan estos empleados para las pyme es diferente que en empresas grandes, ya que pueden pagar hasta la mitad de sus ingresos en cubrir sueldos y seguridad social, según el tipo de actividad que se trate, refirió la experta.

En una primera impresión sobre el reciente anuncio de la Comisión Nacional de los Salarios Mínimos (Conasami), Juana Ramírez considera que sí tendrá un impacto, porque la tasa de 20% se convertirá en punto de partida para las revisiones salariales de 2024 y la fijación de salarios para personal de nuevo ingreso, sin olvidar los consecuentes ajustes en el pago de prestaciones como cuotas obrero-patronales de la seguridad social, aguinaldo, prima vacacional y reparto de utilidades.

“Muchas empresas ya no podrán contratar personal de nuevo ingreso o tendrán que cambiar de planes de negocios” en 2024, comentó Juana Ramírez.

Asimismo, James Salazar, subdirector de Análisis Económicos de CI Banco, coincidió en que el panorama de las pyme en 2024 con un salario mínimo, que pasará de 207.44 a 248.93 pesos diarios, anticipa desafíos por el lado de costos de operación.

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“Cuando tienes una perspectiva de menor crecimiento y ya tienes acumulados otros incrementos de costos en insumos, un aumento al mínimo de 20% sí se vuelve en una carga para las pyme”, comentó el analista, al considerar que las empresas puedan verse forzadas a aumentar sus precios al consumidor.

Refirió que en este segmento de empresas, que constituye más de 95% de la planta productiva nacional, es muy común la rotación de personal, lo que “se puede intensificar” con un costo laboral más alto en 2024.

El ajuste otorgado hoy al salario mínimo general de la frontera norte implicará un sueldo mensual de 11,403 pesos aproximadamente, y una cantidad de 7,508 pesos mensuales para el salario mínimo general en el resto del país.

Conasami y las autoridades del trabajo han insistido en que la política del salario mínimo de la presente administración, que otorga incrementos por encima de la inflación, no constituye un factor inflacionario como ha sostenido “el neoliberalismo”.

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Sin embargo, James Salazar es de los que piensa que no ha quedado claro si efectivamente el crecimiento del salario mínimo no es un componente inflacionario.

La economía mexicana ha logrado recuperarse de la crisis por el Covid-19, tanto que este 2023 ha sorprendido con un mejor desempeño al esperado, lo cual supone que la productividad laboral se ha fortalecido y “eso permite justificar los aumentos salariales”, explica James Salazar.

Sin embargo, advierte que el nivel general de precios del país enfrenta una resistencia a disminuir, lo que no descarta que en 2024 pudiera observarse un repunte.

Es probable que sí hay habido un efecto del salario mínimo en la inflación, a lo mejor menor, pero no significa que ya no se pueda disparar” la inflación, comentó el experto, al advertir que existen entidades federativas del país que ya están en “pleno empleo”.

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Este es el caso principalmente de los estados del norte que han recibido inversión productiva y que han contratado personal de manera continua, por lo que en esas regiones el salario mínimo sí pudiera provocar presiones inflacionarias.

Juana Ramírez considera acertadas las políticas impulsoras de la recuperación del salario mínimo, que enfrenta un rezago desde 1976, pero estimó que deben ir de la mano de incentivos para las pyme, de modo que no reciban el aumento de 20% como “un golpe”.

Hizo ver que las pyme ameritan un trato fiscal diferente, que les permita operar desahogadamente.

GC