El Banco de México (Banxico) se unió a las tantas organizaciones internacionales y financieras que han recortado su pronóstico de crecimiento para 2019, que será el primer año de Andrés Manuel López Obrador como presidente de México.
El Banco Central estima que la economía crecerá en un rango de 1.7 a 2.7 por ciento, menor al estimado en agosto pasado de 1.8 a 2.8 por ciento. Para 2018, el recorte también de dos décimas entre 2 y 2.4 por ciento desde el 2 a 2,6 previsto.
“Dicho estimado está sujeto a los riesgos y decisiones de política que vengan hacia adelante”, puntualizó Alejandro Díaz de León, gobernador del Banxico, en conferencia de prensa para presentar los resultados del informe trimestral.
De acuerdo con lo previsto por la Junta de Gobierno, entre los riesgos a la baja para la economía de México se cuentan la incertidumbre incentivada por las decisiones que pueda tomar el próximo gobierno, que se aplace la ratificación del Tratado México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC); así como un escalamiento en el proteccionismo del comercio global, la volatilidad en los mercados y que la ejecución de gasto público se vea retrasado por las políticas que implementará una nueva administración.
Te puede interesar: El FMI renueva Línea Crédito Flexible a México por un monto menorTambién la erosión de México como un mercado atractivo para invertir y que se acentúen los problemas de seguridad pública y falta de Estado de Derecho.
Entre los factores que podrían resultar favorables se cuentan la inversión que atraiga el T-MEC y mayor dinamismo en la ejecución de gasto mayor a lo que se prevé.
Sobre la inflación, Banxico prevé que en los próximos trimestres el indicador se ubique por encima del rango objetivo de 2 a 4 por ciento, y llegue a ese él hacia el primer trimestre de 2020, informó Díaz de León.
Añadió que en cuanto a la inflación subyacente “ha sido una preocupación de la Junta Gobierno” el que mantiene una “resistencia” a bajar.
El gobernador de Banxico detalló que independientemente de los riesgos comunes a este objetivo, se cuentan riesgos de “corte estructural”, como políticas que podrían cambiar el rumbo de la economía.
Además de tasas de interés externas e internas, que persistan presiones sobre los precios de los energéticos, deterioro en las finanzas públicas, efectos de segundo orden en la formación de precios y que las negociaciones salariales no seas acordes; se suma la debilidad la políticas públicas, afectar las medidas para acceso al financiamiento público y que el tipo de cambio se siga deteriorando.
“Es necesario preservar y robustecer un marco macoreconómico sólido en donde se pondera la trasferencia y rendición de las políticas públicas”, sostuvo Díaz de León.
Además se deben corregir los problemas estructurales e institucionales que desincentiven la inversión y obstaculicen el crecimiento de la productividad, adoptarse las políticas adecuadas en el ámbitos distintos al económico para combatir la inseguridad y la corrupción, el respeto a la propiedad privada, la certidumbre para la inversión y que prevalezca la certeza jurídica, añadió.
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