A pesar de las recientes operaciones financieras que emprendió el gobierno mexicano para ayudarlo a pagar sus abultadas deudas financieras, Petróleos Mexicanos (Pemex) constituye el principal factor de riesgo para las finanzas públicas nacionales.

Lo anterior, porque si bien el gobierno mexicano tiene previsto aumentar su recaudación de impuestos, al subir las tasas de impuestos para refrescos, cigarros, videojuegos, y otros bienes, así como por la vía de una mayor fiscalización en las aduanas, la cantidad de ingresos tributarios que captará el gobierno federal no crecerá significativamente, opinó el banco UBS, en el reporte “Presupuesto de México de 2026: la consolidación fiscal se desvanece”.

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Los ingresos tributarios representan aproximadamente 15% del Producto Interno Bruto (PIB), por debajo de los países de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), que captan más de 20% del PIB.

“Mientras que estas medidas generarán algunos ingresos adicionales, aún así constituyen una estrategia incompleta desde nuestro punto de vista”, refirió UBS, al considerar que un incremento más robusto de la recaudación tributaria implica una reforma fiscal, la cual no se vislumbra por ahora.

Además, el gobierno mexicano se enfrenará en 2026 a un bajo crecimiento económico, lo cual ha comenzado a sentirse en lo que va de 2025, lo que impedirá que la recaudación de impuestos pueda ser mayor con una actividad productiva y un mercado laboral más dinámicos.

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UBS advierte que otro factor relevante está en las “rigideces fiscales” que enfrenta y enfrentará el gobierno mexicano el próximo año, debido a una serie de gastos fijos que absorben partes significativas del presupuesto federal.

Así, mientras los ingresos presupuestarios representarán 22.5% del PIB en 2026, los gastos serán una proporción de 26.1% del PIB, lo cual deja ver un desbalance.

El gasto programable absorberá un presupuesto equivalente a 18.1% del PIB en 2026, mientras que las pensiones tendrán 4.4%; los servicios personales, 4.8%, y el gasto no programable, 8%. En cambio, la inversión física, tendrá un presupuesto de 2.5% del PIB.

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Los datos anteriores indican que el gobierno mexicano tendrá un escaso margen fiscal para gastar en 2026, por ejemplo, para programas de innovación tecnológica o apoyo a emprendedores.

“Más allá de los subsidios, el servicio de la deuda y las obligaciones de pensiones pesan más. Estos gastos fijos dejan poco espacio para el gasto discrecional. Con casi todos los ingresos absorbidos por aspectos comprometidos, lo más probable es que la inversión se mantenga reducida, lo que limitará el crecimiento económico y la habilidad del gobierno para impulsar políticas contracíclicas”, observó UBS.

De ahí que el gobierno mexicano tuvo que ajustar sus metas de consolidación fiscal; es decir, la reducción del déficit fiscal.

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Para 2025 se esperaba que el déficit fiscal cerrara en una proporción de 3.9% del PIB, pero las autoridades reconocen que no lo cumplirán y que este indicador terminará el año en 4.3%. De manera que la previsión para 2026, se tuvo que revisar de 3.2% a 4.1%.

Asimismo, las autoridades modificaron en el “paquete económico” 2026 la previsión para la deuda pública de 51.4% del PIB a 52.3%, evidencia de una mayor necesidad de financiamiento.

“El presupuesto de México para 2026 refleja una calibración de la política fiscal. Al tratar de conseguir una consolidación fiscal en 2025, el gobierno asume un cumplimiento más gradual, en aras de balancear la disciplina fiscal, el lento crecimiento económico y una ayuda más relevante para Pemex”, considera UBS.  

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En este contexto, el “paquete económico” de 2026 prevé que la compañía petrolera revertirá su declinante producción de hidrocarburos, al considerar una expectativa de 1 millón 794,000 barriles de petróleo diarios, una meta que “parece optimista”.

“Pensamos que este objetivo parece optimista dados los desafíos estructurales del sector. Una falla para alcanzarla meta puede dejar una brecha de 0.3% a 0.4% del PIB en los ingresos fiscales. Si esto se combina con deslizamientos en otras fuentes de ingresos, las presiones fiscales se pueden intensificar”, advirtió UBS.

De manera que mientras el gobierno federal trata de mantener finanzas públicas sanas y de contribuir al crecimiento económico del país, “Pemex se mantiene como el elefante en la habitación. Las pesadas obligaciones de la compañía continúan como un factor de riesgo para las finanzas públicas”, agregó el reporte.

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La principal preocupación radica en el potencial de crecimiento económico de México a mediano plazo. Con una inversión pública de solo 2.5% del PIB, los cuellos de botella en infraestructura —sobre todo en energía— pueden limitar la capacidad del país para aprovechar totalmente las oportunidades del “nearshoring”.

GC