Ante el encarecimiento sostenido de las medicinas y la creciente presión pública, Estados Unidos y la Unión Europea revisan sus regulaciones farmacéuticas para estabilizar los precios y evitar incrementos drásticos que amenacen el bolsillo de los pacientes y la sostenibilidad de los sistemas de salud.

Mientras el gobierno estadounidense aspira a una mayor transparencia en un mercado dominado por la libre competencia y la intermediación privada, la Comisión Europea avanza hacia una mayor armonización de precios entre los países miembros, en aras de fortalecer su capacidad de negociación frente a las grandes farmacéuticas, refirió Coface —aseguradora de riesgo crediticio— en su reporte “Derrame de pastillas: las estrategias farmacéuticas para compensar la presión de precios de Estados Unidos”.

Un mercado estadounidense sin límites regulatorios

En Estados Unidos, los precios de los medicamentos se mantienen entre los más altos del mundo, debido a un sistema que prioriza la libertad de mercado sobre la regulación estatal.

A diferencia de Europa —donde los gobiernos fijan precios máximos con base en el valor clínico y la rentabilidad—, los fabricantes estadounidenses pueden establecer precios sin restricciones, lo que ha derivado en valores iniciales varias veces superiores a los europeos.

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Esa dinámica ha generado una red opaca de intermediarios, entre ellos los gestores de beneficios farmacéuticos, las aseguradoras y los distribuidores, cuyas negociaciones de descuentos producen precios netos ocultos para pacientes y empresas. Tres gestores concentran más del 80 % del mercado, lo que limita la competencia y amplifica la volatilidad de precios.

Estados Unidos, epicentro de la rentabilidad global

Pese a las críticas, Estados Unidos es el mercado más rentable del mundo para la industria farmacéutica, destaca el estudio de Coface. 

Los estadounidenses gastan cerca de 450,000 millones de dólares (mdd) anuales en medicamentos con receta, cifra que equivale a la mitad del consumo total de los países de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE).

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Aproximadamente, 90% de ese gasto corresponde a fármacos de marca, cuyos márgenes de ganancia financian la investigación y desarrollo del sector.

Estados Unidos concentra más de la mitad del gasto global en investigación biofarmacéutica, con lo cual impulsa avances en oncología, inmunología y terapias genéticas.

No obstante, el sector enfrenta un riesgo inminente: entre 2025 y 2030, varios medicamentos perderán sus patentes, lo que pone en riesgo hasta 200,000 mdd en ventas anuales.

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En este contexto, mantener el poder de fijación de precios es esencial para compensar las pérdidas y sostener la innovación.

Reformas graduales y nuevas estrategias de venta

La administración estadounidense ha comenzado a introducir cambios. La Ley de Reducción de la Inflación de 2022 otorgó por primera vez a Medicare, que cubre a 20% de la población, la facultad de negociar los precios de ciertos medicamentos de alto costo a partir de 2026. Además, la ley limita los aumentos anuales de precios al nivel de la inflación.

Al mismo tiempo, se discute el modelo de “Nación más favorecida”, que vincularía los precios estadounidenses a los más bajos entre países comparables. 

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Aunque su implementación enfrenta desafíos legales, representa un cambio de postura regulatoria hacia una política de precios más agresiva.

Otro fenómeno es el de las plataformas de venta directa al consumidor, que permiten a los fabricantes ofrecer medicamentos sin intermediarios, ni cobertura de seguros, lo que reduce así los márgenes de los gestores.

La plataforma TrumpRx, prevista para operar en 2026, ejemplifica esta tendencia: Pfizer ha aceptado participar ofreciendo medicamentos de alto costo —como el anticoagulante Eliquis— con descuentos, a cambio de exenciones arancelarias federales.

Europa busca equilibrio

Mientras tanto, en Europa se prepara un reajuste regulatorio que busca equilibrar la sostenibilidad fiscal con el derecho universal a tratamientos innovadores.

La Comisión Europea promueve marcos comunes de precios y mecanismos de compra conjunta, mientras que los gobiernos nacionales mantienen la negociación directa con las farmacéuticas.

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Sin embargo, el contexto está cambiando. En el Reino Unido, los precios de los medicamentos de marca aumentan tras años de estrictos controles, una señal de que los gobiernos están dispuestos a pagar más por la innovación.

Compañías como AstraZeneca y Novo Nordisk ya ajustan sus estrategias de precios, al posicionar a Europa como un mercado clave para compensar la presión en Estados Unidos.

Riesgos fiscales y tensiones políticas

Este viraje puede acarrear consecuencias fiscales y políticas. Los sistemas de salud europeos, presionados por el envejecimiento poblacional y el aumento de los costos médicos, podrían enfrentar tensiones presupuestales si los precios aumentan de manera sostenida.

Políticamente, un encarecimiento perceptible de los medicamentos podría generar rechazo ciudadano y obligar a los gobiernos a adoptar medidas más intervencionistas, como controles de precios, licencias obligatorias o planes de importación paralela.

Un reajuste global en marcha

Tanto en Estados Unidos como en Europa, los cambios apuntan hacia un reajuste estructural del mercado farmacéutico, más que a una reforma radical.

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El gobierno estadounidense pretende eliminar intermediarios y mejorar la transparencia de precios, mientras que Bruselas avanza hacia una mayor coordinación regulatoria.

La tendencia, sin embargo, podría reducir los márgenes de ganancia y afectar los presupuestos de investigación y desarrollo, lo que a su vez pondría a prueba la capacidad del sector para mantener el ritmo de innovación sin comprometer el acceso de los pacientes.

GC