La Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) ubicó a México como el segundo país entre sus miembros con la menor proporción de deuda a tasa fija, sólo por debajo de Islandia, de acuerdo con su más reciente Informe sobre la Deuda Global.
El documento precisa que en 2025 la mayoría de las economías mantuvo predominante su deuda en instrumentos con tasa fija, es decir, con intereses que permanecen sin cambios durante la vida del crédito. Sin embargo, en sólo siete países menos de 70% del saldo total está bajo ese esquema, lo que implica una mayor exposición a movimientos en tasas de interés o a la inflación.
En el caso de Estados Unidos, una porción relevante de su deuda corresponde a instrumentos de corto plazo conocidos como T-bills, que representan 22% del total. En Suecia, este tipo de instrumentos equivale a 15%, lo que supone que una parte importante de sus obligaciones vence en el corto plazo y debe renovarse con mayor frecuencia.
El Informe también identifica países donde una fracción del endeudamiento está sujeta a tasa variable. En Turquía, cerca de una quinta parte opera bajo este esquema, mientras que en México alrededor de 10% se encuentra en esa condición.
A su vez, destaca el peso de la deuda ligada a la inflación en algunas economías. Islandia encabeza este rubro, con 43% de su deuda indexada al comportamiento de los precios. En Chile, Israel y México, el porcentaje ronda 30%.
El organismo subraya que, pese al incremento sostenido en los niveles de endeudamiento, en 2025 se observó una mejora en la percepción de los inversionistas hacia determinadas economías emergentes, particularmente las de mayor tamaño. Esto se reflejó en una reducción de los “spreads” de sus bonos denominados en dólares, es decir, en una disminución del costo adicional que pagan frente a la deuda de referencia estadounidense.
Los ajustes más significativos se registraron en Turquía, donde el diferencial descendió 57 puntos base; en Brasil, con una baja de 53 puntos base; y en México, con una reducción de 44 puntos base.
De acuerdo con el estudio, este comportamiento estuvo vinculado a recortes de tasas de interés en diversas jurisdicciones clave y, en algunos casos, a planes de consolidación fiscal, como ocurrió en Brasil y México.
La OCDE advierte que este desempeño cobra especial relevancia en un entorno en el que los mercados globales de deuda atraviesan una coyuntura compleja. El análisis señala que las tensiones geopolíticas, las disputas comerciales y la posibilidad de nuevos obstáculos macroeconómicos están añadiendo presión a mercados que ya enfrentan desafíos estructurales.
“Hasta ahora, el panorama de la deuda no refleja con claridad estos acontecimientos, mostrando, apenas, unas pocas señales de estrés. La volatilidad se ha moderado, la liquidez está mejorando, los diferenciales de tipos de interés en la emisión de bonos soberanos se han estrechado en varios mercados emergentes y las primas de riesgo de bonos corporativos se sitúan en niveles cercanos a mínimos históricos.
“Los mercados de deuda han demostrado una resiliencia notable ante los shocks de los últimos años, incluida la inusual ocurrencia de déficits elevados y altos tipos de interés”, apuntó.
No obstante, el organismo internacional alertó que esta aparente estabilidad encubre transformaciones estructurales más profundas que, junto con otros riesgos, podrían materializarse con rapidez si persisten las tendencias macroeconómicas actuales.
“Los niveles de endeudamiento —tanto público como privado— siguen siendo elevados y se prevé que sigan aumentando a medida que crezcan las necesidades de financiación soberana y que el sector empresarial recurra, cada vez más, a los mercados de deuda para financiar las enormes inversiones de capital requeridas por la expansión de la inteligencia artificial (IA).
“Esta financiación será provista de forma creciente por inversores más sensibles a los precios, a medida que los bancos centrales continúen con su retirada y los inversores tradicionales de largo plazo operen, cada vez más, junto a inversores de horizonte más corto, en ocasiones con un elevado nivel de apalancamiento”, expuso.
La Organización añadió que dichos inversionistas aportan liquidez y diversidad a los mercados globales de deuda; sin embargo, también pueden exponer a los emisores a choques y a mayores fluctuaciones en precios, con posibles implicaciones para la estabilidad de los mercados de bonos soberanos y corporativos, cuyo tamaño asciende a 109 billones de dólares.
“Todo esto ocurre en un contexto en el que los costes de endeudamiento siguen aumentando, especialmente en los plazos de vencimientos más largos, impulsados por una disminución estructural de la demanda de largo plazo y por la preocupación en torno a las trayectorias fiscales.
“Los gobiernos y empresas están respondiendo mediante el ajuste de sus emisiones hacia vencimientos más cortos, lo cual, si bien mitiga el impacto del aumento del gasto por intereses, también los expone a un mayor riesgo de refinanciación”, acentuó.
Bajo este panorama, el Informe recalca que “la resiliencia mostrada por los mercados de deuda frente a presiones significativas no debe darse por sentada”.
“Esta resiliencia se fundamenta en rigurosos marcos de política monetaria, un compromiso firme con las políticas fiscales sólidas y la confianza en la imparcialidad e integridad de las instituciones que rigen estos mercados.
“A través de un sólido análisis sobre la evolución reciente de los mercados, espero que la edición 2026 de nuestro Informe sobre la deuda mundial pueda entregar a los responsables de formular políticas valiosos conocimientos para salvaguardar esa resiliencia, clave para la inversión y el crecimiento a largo plazo”, concluyó.
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