México enfrentará presiones inflacionarias en los próximos meses por el alza en los costos de importación de gasolinas, problemas climáticos como el fenómeno del “Niño”, afectaciones de seguridad en el sector agrícola y una mayor demanda de servicios vinculada a la próxima celebración de la Copa Mundial de la FIFA 2026.

Por estos factores, S&P Global Market Intelligence proyectó en un análisis que la inflación general anual cerrará 2026 en 5.5%, por encima de lo esperado por el mercado y lejos todavía del objetivo oficial del Banco de México (Banxico).

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Para 2027, la previsión apunta a una inflación de 4.4%, mientras que el análisis estima que el indicador se mantendrá arriba del umbral de 4.0% al menos hasta principios de 2029, año en el que comenzaría una estabilización más clara de los precios.

Este escenario resulta menos optimista que el cálculo del Banxico, que prevé que la inflación alcance su meta de 3%, con una variación de más o menos un punto porcentual, en el segundo trimestre de 2027.

Aunque el peso mexicano mantiene una fortaleza frente al dólar y, de esa manera, ayuda a contener parte de las pensiones inflacionarias, todavía existen factores internos y externos que impedirán una baja más rápida en los precios.

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Entre ellos destacan el encarecimiento del petróleo, el impacto climático sobre la producción agrícola, los problemas de seguridad que afectan la distribución de alimentos y el mayor dinamismo en el sector servicios —viajes, alimentación y hospedaje—, impulsado en parte por la celebración de la Copa Mundial de la FIFA 2026.

En este contexto, Banxico redujo la semana pasada su tasa de referencia a 6.50%, su nivel más bajo desde abril de 2022, en una decisión dividida que marca el cierre del actual ciclo de recortes.

S&P Global Market Intelligence considera que este nivel representa una tasa neutral, por lo que no se anticipan nuevos ajustes importantes en el corto plazo y la política monetaria entrará en una etapa de mayor estabilidad.

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La firma señaló que las empresas deberán prepararse para un entorno en el que las tasas de interés permanecerán estables y el peso seguirá fuerte, pero con una inflación que bajará de forma gradual.

Para el sector productivo, esto significa planear bajo un escenario de costos todavía elevados, aunque con una ruta de normalización más clara hacia los próximos años.

GC